La comunidad judía de Taiwán durante la celebración de Purim, sin máscaras ni distancia social.
Celebración de Purim en Taiwán.
Archi Chang/JTA
La comunidad judía de Taiwán durante la celebración de Purim, sin máscaras ni distancia social.

La comunidad judía de Taiwán creció durante la pandemia

El año pasado, la colectividad del país asiático aumentó a 200 familias. Los miembros de la comunidad consideran que el incremento se debió a la eficaz lucha contra el coronavirus en la isla, que atrajo a judíos de todo el mundo, y a la conversión al judaísmo de muchos taiwaneses.

Gabriel Friedman (JTA) - Adaptado por Leandro Fleischer |
Published: 21.04.21 , 12:56
Ben Schwall, presidente de la pequeña comunidad judía de Taiwán, señaló que su celebración de Janucá atrajo a no menos de 200 judíos, muchos más de los que suelen asistir a las oraciones regulares de shabat que se realizan en un salón alquilado, al que acuden, en el mejor de los casos, unos 60 hombres y mujeres. A la festividad de Purim también asistió una significativa cantidad de personas.
Se trató de una celebración “normal”, tal como solía llevarse a cabo antes de la pandemia. Hubo lujosos disfraces y una variedad de manjares llevados por los miembros de la comunidad. Sin embargo, lo mejor de todo, fue que no hubo necesidad de usar máscaras de protección ni mantener distancia social.
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La comunidad judía de Taiwán durante la celebración de Purim, sin máscaras ni distancia social.
La comunidad judía de Taiwán durante la celebración de Purim, sin máscaras ni distancia social.
La comunidad judía de Taiwán durante la celebración de Purim, sin máscaras ni distancia social.
(Archi Chang/JTA)
Taiwán se encuentra entre los países que se han destacado en la lucha contra el coronavirus. La vida diaria, incluida la religiosa, ha continuado casi ininterrumpidamente desde que comenzó la pandemia mundial. Alrededor de 23.500.000 personas viven en el país, donde se reportaron mil contagios y solo murieron diez personas a causa de la enfermedad. "Nos dijimos a nosotros mismos que esa fue probablemente la fiesta legal de Purim más grande del mundo", señaló Schwall.
En Taiwán, la vida diaria, incluida la religiosa, ha continuado casi ininterrumpidamente desde que comenzó la pandemia mundial
La crisis sanitaria ha fortalecido a la pequeña y pluralista comunidad judía, que incluye a menos de 200 familias (también hay una pequeña comunidad ortodoxa de Jabad en el país), y el éxito del Estado en la lucha contra el virus ha atraído a muchas familias nuevas a la colectividad.
"Hablé con amigos en Estados Unidos y me dijeron: '¿Qué diablos estás haciendo en Taiwán?' Les respondí que aquí tienen un enfoque innovador en el ámbito de la educación, algo que se llama escuela, y que todos los niños de la misma edad entran juntos a ella, y que además hay adultos conocidos como 'maestros'", afirmó con una sonrisa Neil Peretz, un abogado y emprendedor de California que se mudó con su familia a Taiwán en 2020.
Hace más de 25 años, Peretz trabajó en el servicio exterior de Estados Unidos en China, donde aprendió cantonés. Comenzó a buscar lugares para trasladarse después de ver a sus dos hijas en edad escolar luchar con la educación en línea, con la esperanza de que pudieran aprovechar la oportunidad para aprender otro idioma.
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El presidente de la comunidad judía de Taiwán, Ben Schwall, y su esposa Amy.
El presidente de la comunidad judía de Taiwán, Ben Schwall, y su esposa Amy.
El presidente de la comunidad judía de Taiwán, Ben Schwall, y su esposa Amy.
(Archi Chang/JTA)
Después de estudiar la logística del proceso de inmigración, presentó una solicitud bajo un programa de "Gold Card" (“Tarjeta de oro”) que Taiwán lanzó en 2018 para atraer profesionales extranjeros. Se trató de una hazaña ardua que tomó meses y varias rondas de solicitudes. Más de 1.600 personas se han mudado a Taiwán bajo el programa desde que comenzó la pandemia, en comparación con menos de 400 el año anterior, según un informe reciente de The New York Times.
Cuando llegó, él y su familia experimentaron un pequeño choque cultural, exacerbado por el hecho de que Peretz seguía trabajando en horario estadounidense, con medio día de diferencia horaria.
La súbita prosperidad derivada del coronavirus llevó a la comunidad a buscar un edificio para la sinagoga, que hasta ahora funciona en sitios alquilados
Taiwán permite el ingreso de extranjeros por motivos laborales o familiares, siempre que presenten una prueba de coronavirus negativa y se sometan a un aislamiento a su llegada. Un shabat, Peretz lo celebró con judíos franceses, y antes había conocido a australianos y estadounidenses.
“Me convertí en una especie de antropólogo judío”, sostuvo Peretz, quien anteriormente solía asistir a una sinagoga reformista en Silicon Valley.
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Unas 200 familias conforman la comunidad judía de Taiwán.
Unas 200 familias conforman la comunidad judía de Taiwán.
Unas 200 familias conforman la comunidad judía de Taiwán.
(Archi Chang/JTA)
“Algunos de ellos tendrán diferentes enfoques para varias melodías, oraciones, etc.”, indicó Peretz. “Pero en realidad brinda una gran oportunidad de aprendizaje", agregó.
La súbita prosperidad derivada del coronavirus llevó a la comunidad a buscar un edificio para la sinagoga, que hasta ahora funciona en sitios alquilados. De repente, los salones se han tornado demasiado pequeños para acomodar a todos los participantes. Los miembros de la comunidad no pagan cuotas de membresía, por lo que una compra de este tipo puede representar un desafío. Al igual que otras comunidades en todo el mundo, la organización actualmente está financiada únicamente por donantes privados.
Las oraciones también adquirieron un carácter diferente después de que Leon Fenster, un arquitecto que creció en Londres, se mudó a Beijing en 2015 y luego a Taiwán, se uniera a la comunidad. Schwall manifestó que Fenster ha dado vida a las oraciones comunitarias, especialmente entre familias y niños, gracias a sus habilidades como jazán (persona que guía los cantos en la sinagoga), lo que lo convierte en un digno sucesor de la tradición establecida por el rabino comunitario durante años, Ephraim Ferdinand Einhorn, ahora de 102 años.
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El rabino Ephraim Ferdniand Einhorn.
El rabino Ephraim Ferdniand Einhorn.
El rabino Ephraim Ferdniand Einhorn.
(Archi Chang/JTA)
El rabino Einhorn, que nació en Viena, se educó en Europa y se licenció en Londres, tiene una conexión directa con el pasado judío de Taiwán. Después de la alianza de defensa firmada en la década de 1950 entre Estados Unidos y el país asiático, llegaron a Taiwán militares estadounidenses y empleados del gobierno norteamericano. En las siguientes décadas, las compañías internacionales llegaron al país y trajeron consigo un pequeño número de empresarios judíos.
La comunidad judía se desarrolló en los suburbios de Taipei hasta la década de 1970, cuando la política de reconciliación de Nixon con China prevaleció sobre las relaciones entre Estados Unidos y Taiwán. El país norteamericano no tiene una embajada oficial en Taiwán debido a los reclamos chinos sobre la isla, que cuenta con una administración compleja de "un Estado, dos sistemas". Sin embargo, varias familias judías decidieron quedarse y la comunidad judía de Taiwán se registró como grupo oficial en 1977.
Un miembro destacable de la comunidad es Don Shapiro, tío del ex embajador de Estados Unidos en Israel, Dan Shapiro, que ha vivido en Taiwán durante más de 50 años
Einhorn se mudó a Taiwán por trabajo en 1975 y comenzó a dirigir un minyan, o grupo de oración, de hombres de negocios que se reunían en un hotel de Taipei. Su grupo se fusionó con la comunidad judía en la década de 1990, cuando la economía de la isla se alejó de algunas de sus industrias tradicionales, como la confección de ropa y calzado. Dirigió los servicios durante décadas hasta que los problemas de salud lo obligaron a abandonar su tarea, aunque continúa asistiendo a los servicios y eventos.
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Libro de canciones en diferentes idiomas.
Libro de canciones en diferentes idiomas.
Un libro de canciones de la comunidad judía de Taiwán en diferentes idiomas.
(Archi Chang/JTA)
Un miembro destacable de la comunidad es Don Shapiro, tío del ex embajador de Estados Unidos en Israel, Dan Shapiro, que ha vivido en Taiwán durante más de 50 años. A los 77 años, Shapiro se ha convertido en el historiador no oficial de la comunidad, escribiendo una breve crónica de la colectividad, que presidió en las décadas de 1980 y 1990.
Shapiro dijo que se sintió atraído a Taiwán por la comida, que probó por primera vez en la ciudad de Nueva York cuando estudiaba en la Universidad de Columbia.
“Me fascinaron los caracteres [del alfabeto chino] y quería aprender más sobre ellos. Cuando llegué a Taiwán, descubrí que la comida aquí era incluso mejor de lo que había imaginado en Nueva York, y hay bastante variedad ”, explicó. “Eso significa que he ganado un poco de peso a lo largo de las décadas. Pero he disfrutado de excelentes alimentos", agregó entre risas.
La comunidad también es el hogar de conversos taiwaneses que se convirtieron al judaísmo
Shapiro contó que se quedó después de jubilarse como periodista de Time y The New York Times debido a las experiencias positivas que tuvo, incluso como judío en el país.
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Muchos judíos conversos de Taiwán se unieron a la comunidad local.
Muchos judíos conversos de Taiwán se unieron a la comunidad local.
Muchos judíos conversos de Taiwán se unieron a la comunidad local.
(Archi Chang/JTA)
"Las personas de Taiwán son de las más agradables del mundo", señaló. "Y realmente respetan a los extranjeros", añadió.
La comunidad también es el hogar de conversos taiwaneses que se convirtieron al judaísmo. Zoe Cheng se unió en 2005 y se convirtió en 2012. Dijo que el pueblo taiwanés, como muchos asiáticos orientales, tiene un gran respeto por el pueblo judío, a quienes consideran "muy inteligentes y muy ricos".
Cheng, que nació en una familia cristiana, se sintió atraída principalmente por la religión judía. "Una de las razones por las que dejé el cristianismo fue por la forma en que se abordan los asuntos. Si estás haciendo algo mal, debes orar más por ello", explicó. "Pero si tengo una pregunta que hacerle al rabino, él me dirá cómo encontraré la respuesta o me dirá dónde puedo encontrarla. Tal vez al final no la obtenga, pero este proceso es el mejor", concluyó.
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