Mujeres coronavirus
Frances Raday
Ynet
"El coronavirus tiene un potencial devastador de todo lo que hemos construido en el campo de la igualdad de género"

Cómo perjudica a las mujeres la crisis del coronavirus

Mueren más hombres, pero en todos los demás parámetros son más perjudicadas. Despidos, recortes salariales, profesiones de riesgo y más de lo de siempre: violencia doméstica. Opinan las especialistas Shai Oksenberg y Frances Raday.

Naomi Tsoref - Adaptado por Beatriz Oberlander |
Published: 06.05.20 , 18:30
“El coronavirus tiene un potencial devastador de todo lo que hemos construido en el campo de la igualdad de género. Los importantes logros de los últimos años corren peligro debido a la crisis económica que ha creado la pandemia, y sobre todo por lo mal que afrontó el Gobierno el problema”.
Mujeres con máscaras de protección en el aeropuerto Ben GuriónMujeres con máscaras de protección en el aeropuerto Ben Gurión
"El coronavirus tiene un potencial devastador de todo lo que hemos construido en el campo de la igualdad de género"
(EPA)
La abogada Shai Oksenberg, directora de política y legislación de la Red de Mujeres de Israel, y en el pasado representante en Israel del Departamento Legal del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, o UNRWA, según su sigla más conocida en inglés), sabe que lo más difícil de las luchas es, ante todo, lograr que quienes toman las decisiones entiendan que esas luchas existen. Y ahora, a la sombra del coronavirus, la urgencia de la lucha feminista aumenta enormemente. Un análisis de diversas crisis del pasado muestra que las épocas de recesión afectan mucho más a las mujeres que a los hombres. Y que les resulta aun más difícil recuperarse. Debido a la estructura del mercado laboral en Occidente, las mujeres son más objeto de despidos, de recortes salariales y de desempleo. Y debido a que las mujeres están más presentes en profesiones de ayuda y bienestar social, se exponen más a infectarse con diferentes virus. Y en esta época de paró de actividades y de tensión colectiva, están más expuestas a la violencia y a la explotación.
“Si no se toma en cuenta a la mitad de su población, Israel no podrá salir de la crisis”, advierte Oksenberg en un documento que presentó esta semana al Gobierno y a la Knesset (Parlamento israelí), y en el que se analiza el impacto que tiene el género en la pandemia de coronavirus tanto en Israel como en el resto del mundo. El documento se basa en datos actualizados sobre la situación durante el coronavirus y en un análisis de la crisis económica mundial del año 2008, así como de las crisis que causaron las pandemias de zika y de ébola. “La igualdad de género tiene que ser una herramienta clave a la hora de afrontar la crisis, a fin de que el país salga de ésta fuerte y e inmune”, afirma.
Empleo: se despide a más mujeres y les resulta más difícil volver al mercado laboral.
El punto de partida del análisis de la Red de Mujeres de Israel es un dato muy negativo que presentó el Instituto de Seguridad Social: el 60 por ciento de los desempleados recientes en el mes de marzo fueron mujeres. La brecha entre la tasa de desempleo de hombres y mujeres en Israel era del 0,2 por ciento antes de la crisis, mientras que entre las personas despedidas en marzo aumentó a un drástico 10 por ciento. “Es una locura de la que hay que ocuparse en forma seria y profunda”, dice Oksenberg. “El problema es que no tenemos idea de quiénes están siendo despedidas ahora y por qué. ¿Es que los empleadores aprovechan la situación para discriminar entre hombres y mujeres? ¿Tal vez es consecuencia de que las instituciones dedicadas al cuidado y a la educación están cerradas, y ellas no tienen otra opción salvo estar con los hijos? ¿O tal vez tiene que ver con el tipo de trabajo que hacen las mujeres, y los campos a los que se dedican?
Lo que sí podemos decir es que las cifras en el resto del mundo son similares a las de Israel. Por eso, lo que nos preocupa es la forma en que crisis similares perjudicarán a las mujeres. La historia nos muestra que los hombres logran recuperarse más rápido desde el punto de vista laboral y económico, por ejemplo. Es decir que ellos vuelven más rápido al mercado laboral”.
Pregunta: ¿Cuándo hemos sido testigos de ello?
Respuesta: “Lo hemos visto por la forma en que lidiaron con la crisis económica del 2008 países como Grecia, Italia, Irlanda, el Reino Unido y otros. Pese a que en lo inmediato los sectores más afectados fueron en su mayoría aquellos en los que trabajan más hombres, como infraestructura y finanzas, a largo plazo las mujeres se vieron más afectadas porque no lograron recuperarse tan rápido como los hombres. Eso se debe, entre otras cosas, a que la política de los gobiernos para salir de la crisis incluye a menudo recortes en los servicios públicos. Y las mujeres, al ser quienes principalmente se dedican a cuidar a los hijos y a familiares mayores, dependen de esos servicios más que los hombres. Además, el sector público es la principal fuente de trabajo. En la Unión Europea, las mujeres constituían casi el 70 por ciento de los trabajadores en el sector público, y en Israel son de alrededor del 60 por ciento. Por lo tanto, los recortes presupuestarios también provocaron una pérdida masiva de lugares de trabajo para las mujeres”.
–¿Y qué sucede con las mujeres que no trabajan en el sector público?
–La recuperación de la crisis económica ha perjudicado a las mujeres de todas las capas sociales. En Italia, por ejemplo, la política que adoptó el gobierno tras la crisis del 2008 afectó de manera desproporcionada a las mujeres. Y en los años que siguieron, las mujeres fueron más víctimas del desempleo y del congelamiento de los salarios. Incluso mujeres jóvenes y con estudios superiores. A eso se sumó que algunos países europeos redujeron la licencia por maternidad y recortaron el subsidio correspondiente, y que aumentó la discriminación contra parturientas en el trabajo.
A otro fenómeno que caracterizó la salida de la crisis se le dio el nombre de trabajadora adicional. Aun cuando se despidió a hombres del trabajo, o sus ingresos se vieron reducidos, fueron las mujeres quienes finalmente se vieron más afectadas. Eso sucedió porque aumentó la presión que se ejerció sobre ellas para que salieran a trabajar como fuera y constituyeran un ingreso adicional en la familia. Por ello, más mujeres tuvieron empleos abusivos, peligrosos y en los que eran explotadas. Y en los países en vías de desarrollo, creció el mercado laboral informal.
–¿En qué se parece la crisis por el coronavirus a la crisis económica del 2008 en términos de empleo y trabajo?
–En las epidemias en general, y en la del coronavirus en particular, los sectores especialmente perjudicados como el turismo y el comercio minorista son precisamente aquellos en los que la mayoría de los trabajadores son mujeres. También lo vimos cuando se produjo la epidemia de ébola en África, entre los años 2013 y 2016. Por eso, ahora estamos doblemente preocupadas el daño que padecerán las mujeres. No sólo a las mujeres les resulta más difícil recuperarse de las crisis, sino que esta vez ellas también se ven muy perjudicadas en lo inmediato.
Familia: las tareas del hogar inciden negativamente en el trabajo de las mujeres
Desde que comenzó el brote de coronavirus, los trabajadores de muchos sectores empezaron a trabajar desde sus casas. Tradicionalmente, se considera que esto es positivo para las mujeres porque rompe la dicotomía de casa-trabajo, y desaparece el problema de viajar al trabajo. Pero según Oksenberg, cuando hay un parón de actividades el efecto se invierte. “Cuando los niños están en casa las 24 horas del día, el peso de atenderlos y cuidarlos recae en su mayor parte en las mujeres, y afectará su productividad”.
–En la crisis actual hemos oído precisamente que muchos hombres se involucraron más en lo que respecta a la casa.
–Cada vez que se habla del reparto de tareas entre hombres y mujeres, habrá hombres que dirán ‘no es cierto; yo bajo la basura, voy a recoger a los niños a la guardería’ y cosas por el estilo. Pero una encuesta de la organización Red de Mujeres Shavot de Israel y el colegio universitario Tel Aviv-Yafo muestran que las mujeres dedican 16 horas por semana más que los hombres a las tareas del hogar. También en este sentido, los datos del resto del mundo muestran una tendencia similar. Según un informe de las Naciones Unidas, hay tres veces más mujeres trabajadoras que se dedican al cuidado de familiares mayores o enfermos en comparación con trabajadores hombres. Y a medida que aumenta el peso de las ocupaciones de la casa y de la familia, aumenta el peligro de que los empleadores que tienen que recortar gastos prefieran renunciar a las trabajadoras mujeres.
En la estructura del mercado laboral de hoy en día no hay ninguna referencia al género. Son problemas que surgen todo el tiempo, y no sólo en épocas de crisis. Por ejemplo, cuando el empleador decide a quién promover o a quién despedir, y ha de elegir entre un hombre y una mujer, tendrá en cuenta que es la trabajadora la que va a salir a recoger a sus hijos a la guardería porque su pareja no puede, no quiere o simplemente no pensó en esa posibilidad porque no es algo habitual. Y eso sin hablar de las madres solteras o que crían solas a sus hijos.
La situación de estas madres solteras ya era muy difícil antes de la crisis. Las jefas de familia mujeres son el 86 por ciento de las familias uniparentales en Israel. Y según un análisis del Centro para el Ciudadano que se publicó el año pasado, la tasa de pobreza en ese grupo de mujeres es significativamente mayor que la de la población general: el 26,1 en comparación con un 18,6.
“Si quienes toman las decisiones examinaran el mercado laboral teniendo en cuenta cuestiones de género, sería más considerado con los progenitores”, dice Oksenberg. “No sólo con las madres, sino también con los padres, que merecen una forma de vida más equilibrada en cuanto a casa-familia-trabajo”.
Salud: Las mujeres están más expuestas al peligro de infección que los hombres
Da la impresión de que el único dato de género que trascendió en grandes titulares en la actual crisis de coronavirus fue el hecho de que más hombres morían por la enfermedad. Organizaciones como Global Health 50/50 (‘Salud global’, en español) descubrieron que entre las víctimas de la pandemia, los hombres son mayoría.
La inmunidad parcial y relativa de las mujeres es sólo una cuestión de suerte en el caso del coronavirus porque las mujeres son quienes están más expuestas en general a contagiarse de enfermedades, y de coronavirus en particular. En el informe de la Red de Mujeres en Israel se señala que “las mujeres constituyen el 70 por ciento de los trabajadores en el campo de la salud y del bienestar social en todo el mundo. Y en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, y OECD según la sigla en inglés) constituyen en promedio el 90 por ciento de la fuerza laboral en profesiones de ayuda a los otros. Vale decir, que están en primera línea a la hora de afrontar una crisis en el campo de la salud. Y debería preocupar -y mucho- protegerlas y responder a sus necesidades específicas”.
Las cifras de infección confirman la siguiente sospecha: en cuanto a los médicos y sus equipos, muchas más mujeres se contagiaron el coronavirus. Un 72 por ciento del personal médico que se infectó del coronavirus en España, y un 66 por ciento en Italia eran mujeres. También en este caso, la historia se repite como en los casos del ébola y del zika.
Pero el daño a la salud de las mujeres en épocas de pandemia es mucho mayor que la tasa de infección. Por ejemplo, la adaptación de instalaciones para tratar la enfermedad y las restricciones al movimiento para reducir el contagio afectan el acceso de las mujeres a los servicios de salud específicos, así como a los de salud sexual. En lugares como Sierra Leona, por ejemplo, murieron más mujeres por complicaciones en el parto que por el ébola en el apogeo de la epidemia. Además, muchas mujeres padecieron traumas psicológicos graves y prolongados debido al temor constante de contagiar a sus hijos con el virus, dado que eran las únicas que cuidaban a los enfermos.
Violencia: aumento de los delitos de violencia doméstica durante el confinamiento
El parón de actividades y el confinamiento continuado por la pandemia también tiene como resultado un aumento de la violencia doméstica. “En todo el mundo ha habido un aumento tremendo de entre el 25 y el 30 por ciento de las denuncias por violencia doméstica después de que se impusiera el parón de actividades y el confinamiento por el coronavirus. Lo hemos visto en el distrito de Hubei, en China, así como en Francia, Estados Unidos, Alemania, España, Canadá y una larga lista de otros países. Y se trata únicamente de los casos en los que ha habido denuncias”, señala Oksenberg. “La cifra real es mucho mayor”.
En Israel, según datos de la Policía, ha habido un aumento del 16 por ciento en el número de delitos de violencia doméstica en marzo en comparación con el mismo mes del año pasado. Y la sede israelí de Organización Mundial de Mujeres Wizo informa de una tasa de ocupación inusual del 90 por ciento en los refugios para mujeres. La única excepción ha sido Naamat, la organización de mujeres israelíes que forma parte del movimiento laborista y cuya presidenta, Jaguit Peer, sorprendió cuando dijo: “En nuestra línea telefónica de emergencia no ha habido hasta ahora más llamadas que de costumbre, pero suponemos que la gran ola vendrá más adelante, después de que finalice el parón de actividades y el confinamiento”.
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Oksenberg: "Las mujeres constituyen la mayoría de los trabajadores del sector público".
(Tal Shahar)
–¿Por qué?
–Porque esas mujeres se encuentran ahora mismo viviendo esa situación, y están paralizadas. El factor violencia está allí amenazador, y ellas no tienen el espacio, ni físico ni psicológico, de actuar llamando por teléfono. El valor de pedir ayuda es un proceso que requiere cierta distancia en el tiempo. A la Policía llegan los más graves, en los que es necesaria una ayuda inmediata porque su vida corre peligro. Nosotras estamos habituadas a recibir un montón de llamadas después de las fiestas tradicionales -en las que los miembros de la familia están como pegados unos a otros-, en tiempos de guerra y en épocas de crisis económica.
–¿Qué hacer entonces?
–Más allá de ocuparnos de las dificultades inmediatas, debemos tener en cuenta que la violencia de género le cuesta mucho dinero a la sociedad, y que ahora se prefiere invertir ese dinero en la preparación, la protección y la previsión en lugar de hacerlo después, cuando costará más. Ahora mismo hay países como Canadá, España, Australia e Italia que tienen, en el presupuesto destinado a la crisis del coronavirus, una cantidad para tratar la violencia contra las mujeres, y para garantizar el tratamiento de la violencia doméstica y la violencia sexual. Habría que hacer lo mismo en Israel”.
El coronavirus tiene un potencial devastador de todo lo que hemos construido en el campo de la igualdad de géneroEl coronavirus tiene un potencial devastador de todo lo que hemos construido en el campo de la igualdad de género
Manifestación feminista multitudinaria en Madrid, en marzo del 2019. "En el presupuesto destinado a la crisis del coronavirus, España tiene una cantidad para tratar la violencia contra las mujeres. Habría que hacer lo mismo en Israel", señala Oksenberg.
(Reuters)
“El Tribunal Superior de Justicia de Israel debe intervenir más porque de lo contrario la situación de la mujeres aquí no hará más que empeorar”, afirma de manera rotunda la catedrática de Derecho, Frances Raday, especializada en los derechos de las mujeres. “En los últimos años, el Gobierno ha tomado medidas antidemocráticas que dan prioridad a diferentes entes grupos de presión a expensas de los derechos humanos en general y de las mujeres en particular. Y ahora, con la crisis del coronavirus, esto no hará más que empeorar.
“Hay países que decidieron afrontar la crisis del coronavirus de manera que perjudique menos a las mujeres. Pero no es el caso de Israel, que en ese sentido se parece a Estados Unidos, Hungría y Brasil, gobernados por líderes machistas que tienden a socavar permanentemente las instituciones democráticas. Y esto perjudica la igualdad de las mujeres en la sociedad. En épocas de recesión económica, lo primero se ve afectado es la verdadera igualdad de oportunidades de las mujeres en la sociedad. Y si no se asignan -deliberada y conscientemente- recursos al cuidado de los niños, ancianos y enfermos, las mujeres son las primeras en salir perjudicadas”.
Raday habla tras una larga experiencia: hasta hace poco fue presidenta de un grupo de trabajo del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre la discriminación de las mujeres. Antes fue miembro de la Comisión para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de las Naciones Unidas (CEDAW, según la sigla en inglés). Además, fundó el Centro Jurídico de la Red de Mujeres en Israel. Y actualmente dirige el Instituto Concord para la Aplicación del Derecho Internacional en Israel del colegio universitario de Administración.
Según Raday, la sensibilidad respecto a la cuestión de género en Israel está muy por detrás de lo que ocurre en el mundo occidental. “En los años de la fundación del Estado de Israel existía un mito de igualdad, pero pronto nos empezamos a encontrar seriamente atrasados, en comparación con las leyes relativas a la igualdad de derechos laborales que se promulgaron en los países de la OCDE en las décadas del sesenta y el setenta, que llegaron aquí a finales de los años ochenta”, dice Raday. “En los últimos años se ha puesto mucho el acento en las posturas religiosas sobre el lugar de la mujer en la sociedad. Y vemos un grave deterioro, tanto por la separación de mujeres y hombres en los cursos de capacitación del Gobierno como en los planes de estudio separados en universidades. E incluso en la propia Knesset, que no permite que mujeres canten en ceremonias [lo que los ultrarreligiosos consideran pecado porque lo equiparan a que ella estuviera desnuda]. Quizás esto parezca un fenómeno marginal, pero para mí es sencillamente chocante. Es ir contra las tendencias en el resto del mundo, y por lo tanto no se puede decir que en Israel hay una consciencia de género razonable”.
Información: ningún representante oficial examina datos relativos al género
Uno de los problemas principales en la lucha feminista es que instituciones oficiales en Israel, como el Instituto Nacional de Seguridad Social, no se dedica en absoluto a la segmentación por género de los datos que recopila. “Cuando asistí por Zoom a una reunión de la Comisión de Bienestar Social de la Knéset, el Instituto Nacional de Seguridad Social hizo toda una presentación en la que no había ninguna segmentación por género, a excepción del grave dato de la tasa de desempleo”, dice por su parte Oksenberg.
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"No hay ninguna mujer entre los gestores de la actual crisis en Israel.
(Anat Green)
“A mi modo de ver, eso es producto de la indiferencia”, dice Raday. En la década del 2000, cuando me sumé a la Comisión para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de las Naciones Unidas, una y otra vez se exigió que los países presentaran todas las estadísticas diferenciando entre los sexos. Y si en los veinte años que pasaron desde entonces, el Estado de Israel, que tiene un nivel tecnológico muy alto, no lo hizo, es señal de que a nadie le importa”.
–¿Cómo se refleja eso en la crisis actual?
–Tenemos muchas preguntas sin respuesta. ¿Cuántas mujeres salieron con licencia sin goce de sueldo en comparación con hombres? ¿A cuántas mujeres se despidió del trabajo o se recortó el sueldo? ¿Cuántas mujeres han reducido sus horas de trabajo para cuidar a sus hijos? ¿En qué medida las mujeres consiguen trabajar desde la casa en esta situación? ¿Cuántas mujeres y cuántos hombres están expuestos a contagiarse el coronavirus porque trabajan con enfermos? No tenemos la menor idea”.
Representación: quienes toman las decisiones y sus asesores son hombres
Uno de los motivos fundamentales del mal manejo de las dificultades de las mujeres en épocas de crisis es la ausencia de representatividad es que no están representadas en la toma decisiones. Desde que comenzó esta crisis, muchas personas instaban a que se incorporara a mujeres en los equipos que la manejan. Entre otras cosas, un grupo de catorce municipalidades le envió una carta al primer ministro, en la que se exigía que se incorporara a mujeres a la hora de planificar la fase de salida. Vale decir, que en los equipos hubiera especialistas de ambos sexos en las áreas de gobierno local, educación, trabajo social y tercera edad. “En Israel es particularmente obvia la ausencia de mujeres entre quienes manejan la crisis”, afirma Mijal Guera Margaliot, directora general de la Red de Mujeres de Israel. “El equipo de especialistas designados, que incluyó únicamente a veintidós hombres, es el ejemplo más destacado. Pero también quienes toman las decisiones -el jefe de Gobierno, el ministro de Salud, el director general del Ministerio de Salud, el ministro de Hacienda, el responsable de los presupuestos en dicho Ministerio- son todos hombres. El hecho de que no se piense en términos de género en la dirección de la crisis, y en la estrategia a seguir para salir de ésta, puede costar muy caro”.
–¿Un país encabezado por mujeres es necesariamente mejor a la hora de dirigir la crisis?
–Cuando las mujeres hacen lobby en los parlamentos hay mucho más interés en los servicios públicos, tienden a contar con más servicios sociales; hay menos competencia sin límites [como en el caso de los hombres], y más compromiso con el principio de que el Estado debe ocuparse del bienestar de sus ciudadanos.
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Raday: "En la crisis del 2008, en Islandia había una primera ministra mujer, y también lo era la titular de Economía, así como más de la mitad del gobierno. Y se puede ver cómo eso influyó en las medidas que tomaron. Decidieron conscientemente que la política de recortes económicos que requería la crisis no perjudicara a las mujeres."
–Pero en la práctica, el llamamiento a incorporar a mujeres en la toma de decisiones se tradujo únicamente en la participación de trabajadoras sociales y especialistas en bienestar. Y esto es problemático porque nos devuelve a la cuestión de profesiones femeninas y profesiones masculinas.
–La vida y la experiencia nos muestran que las mujeres tienen una forma distinta de ver las cosas que los hombres –comenta Oksenberg–. Y que cuando se las escucha, se logran mejores resultados. Eso no quiere decir que hay que tener necesariamente una trabajadora social en lugar de un trabajador social para que dé una respuesta apropiada a la situación. Y por supuesto, el hecho de incorporar a mujeres no garantiza mejores resultados desde el punto de vista de género. Pero es lógico que si se toman en cuenta una variedad de ideas, la experiencia de la vida es distinta y los puntos de vista son diferentes, lo que desembocará en mejores resultados. Y estamos hablando de la mitad de la población.
–¿Es suficiente que haya mujeres en un equipo para tener el punto de vista de género?
–Para nada. Nosotras nunca hablamos únicamente de representatividad. Éste es un punto de partida, pero no es suficiente. Además de que las mujeres estén representadas, tienen que existir ideas de género. Es decir, que hay que prestar atención a las necesidades específicas de las mujeres considerando que éstas se encuentran en general en una situación de mayor debilidad, tienen menos seguridad económica, ganan menos, trabajan más a tiempo parcial, acumulan sumas menores para la jubilación y dependen más de los servicios públicos en forma de subsidios u otros. Cuando ocurre que cierran todos los servicios públicos, eso primero tiene impacto en las mujeres. Y las mujeres pensarán en estos temas que les atañen, los pondrán sobre la mesa y los promoverán”.
Soluciones: cómo puede aplicar Israel ideas de género
–Ustedes dicen una y otra vez que debemos adoptar ideas de género. ¿Pero qué se puede esperar de los empleadores, por ejemplo? A ellos les interesa la rentabilidad y la eficacia de la empresa, y no justicia social.
Oksenberg: “Se sobreentiende que la solución no nacerá de una empresa sola, sino del mercado laboral en su totalidad. Por eso, en primer lugar Israel tiene que supervisar más la discriminación de mujeres por parte de los empleadores y alentar el empleo de mujeres, así como la creación de lugares de trabajo convenientes para ellas. En segundo lugar, todos los planes para salir de la crisis deben incluir una política que tome en cuenta a la familia. Esta crisis nos muestra claramente que existe una relación entre el mercado laboral y el sistema de educación, y que en la mayoría de los casos a quienes se exige que cierren esta brecha es a las mujeres”.
–En concreto, ¿qué quieren que haga el Estado?
–Cuando se analiza la crisis económica del 2008, vemos que en otros países se tomaron una serie de medidas positivas que es posible adoptar en Israel. En primer lugar, cada país puede aumentar el apoyo económico a las mujeres que pierden horas de trabajo para cuidar a la familia. Eslovenia, por ejemplo, aumentó en un 7,5 por ciento la cobertura de los servicios del cuidado de niños durante la crisis. Y Corea del Sur aumentó las asignaciones por cada hijo. Otra posibilidad es proponer que se subsidie la dedicación a los niños, como han hecho Canadá, Japón y Letonia. Luxemburgo planteó un sistema de vouchers para niños desfavorecidos. Y Holanda introdujo un paquete familiar para el año 2009, que incluyó una licencia por maternidad más larga y apoyo a mujeres independientes.
“Israel también puede fomentar el empleo de mujeres. India y Argentina, por ejemplo, han aumentado el empleo de mujeres en la esfera pública. Países como Portugal, Brasil y l República Checa han invertido en planes de estudio y en la preparación de mujeres desempleadas (en especial en campos alejados de los estereotipos de género). Y otros países fomentaron los emprendimientos como forma de espíritu empresarial: Egipto redujo el interés de los préstamos a pequeñas empresas dirigidas por mujeres. Y Turquía propuso un crédito especial a mujeres artesanas.
“Además de todo esto, Israel puede y debe incentivar a los hombres a que 'regresen a la casa' y lleven a cabo tareas domésticas. Lo más básico es darles licencia a los padres cuando nace un hijo, independientemente de la licencia por maternidad de las mujeres. Diversos estudios muestran que esto influyó positivamente, y llevó a una participación mayor de los padres en la vida familiar también a largo plazo.”


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