Gila Gamliel, ministra de Protección Ambiental.
Gila Gamliel, ministra de Protección Ambiental.
El derrame de alquitrán, un anticipo de amenazas ambientales más graves que afronta Israel.

Un anticipo del verdadero desastre ambiental

Opinión. El reciente derrame de alquitrán, uno de los más graves que sufrió Israel, es un evento menor en comparación a lo que podría pasar cuando el oleoducto Eilat-Ashkelon se convierta en una ruta de combustibles contaminantes desde el Golfo Pérsico hacia Europa.

Elad Zeret - Adaptado por Tom Wichter |
Published: 24.02.21 , 19:04
Los políticos israelíes encontraron un nuevo deporte: en las últimas horas en vez de ser fotografiados con jeringas en sus hombros, fueron fotografiados sosteniendo una pequeña tortuga marina cubierta de alquitrán, luego del grave derrame que afectó a la costa israelí la semana pasada.
Parece una actitud considerada hacia el medio ambiente en campaña electoral. Pero la cuestión ambiental, en el Mediterráneo en general y en Israel en particular, es muy preocupante. Y el reciente derrame de alquitrán, uno de los peores que conoció el país, es un desastre ecológico impactante que podría haberse evitado y cuyo tratamiento debe ponerse en contexto.
El alquitrán no es la sustancia más contaminante del Mediterráneo. Cada año más de medio millón de toneladas ingresan a las aguas mediterráneas, equivalente a arrojar 33.800 botellas de plástico por minuto. Y si no se toman medidas el número seguirá creciendo, a tal punto que se estima que para 2050 la producción de desechos plásticos en la región se multiplicará por 20.
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Alquitrán FDI
Alquitrán FDI
El derrame de alquitrán, un anticipo de amenazas ambientales más graves que afronta Israel.
(Reuters)
La región mediterránea es la cuarta mayor productora de productos plásticos: sus residentes y turistas producen 24 millones de residuos plásticos al año. Un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ubica a Israel en el tercer lugar de los países más contaminantes de las costas mediterráneas, apenas después de la zona de Silifke
en Turquía y las áreas costeras cercanas a Barcelona, en España. Tel Aviv produce 21 kilogramos de plástico por persona.
A diferencia de lo que ocurre en otros océanos del mundo, el 80% de la contaminación plástica del mar Mediterráneo regresa a la tierra en menos de una década. Mata la fauna marina, daña los ecosistemas y contamina las cadenas alimentarias. Más de 700 especies marinas sufren los efectos de la ingestión, el enredo y el perjuicio a los hábitats que genera el plástico. Y los humanos no solamente no nos deshacemos de la basura, sino que la obtenemos de vuelta con intereses.
Entonces, ¿qué fue lo que provocó este viento verde después de años de negligencia ambiental del gobierno? El desastre del alquitrán era simplemente cuestión de tiempo. Un satélite europeo capturó una imagen de la mancha negra seis días antes de que llegara a la costa israelí. Pero nadie hizo nada porque el plan de respuesta a la contaminación marina, redactado en 2008 y presupuestado en apenas 15 millones de shekels (4,6 millones de dólares) al año, nunca fue incorporado al presupuesto. El dinero estaba destinado a la compra de barcos y equipamientos especiales para recolectar este tipo de residuos, pero nada de eso existe.
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Voluntarios limpian de alquitrán las playas israelíes.
Voluntarios limpian de alquitrán las playas israelíes.
Voluntarios limpian de alquitrán las playas israelíes.
(Oshrat Lopo, Roee Idan, Motti Kimchi)
Todo esto es apenas una muestra de la verdadera catástrofe que amenaza a los israelíes en cuanto el país se convierta en un factor importante para la transmisión de combustibles fósiles contaminantes desde el Golfo Pérsico hacia Europa: el oleoducto Trans-Israel EAPC permitirá que toneladas de combustible pasen por Israel, desde Eilat hasta Ashkelon, bajo el mar.
La circulación del Mediterráneo es muy lenta y cada gota de agua precisa entre 80 y 100 años para renovarse. Por eso solamente queda esperar que nuestros líderes piensen un poco más rápido de qué manera lograr un cambio real, antes de que nos hunda la próxima ola de alquitrán.

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