Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
AP
Un asentamiento israelí en Judea y Samaria

El BDS gana pero los palestinos pierden

Opinión: los palestinos que trabajan para empresas de la recientemente publicada "lista negra" ganan hasta tres veces los salarios pagados dentro de la Autoridad Palestina, pero los posibles boicots podrían poner fin a eso.

Ben Dror Yemini - Adaptado por Alejo Sanzo |
Published: 14.02.20 , 19:21
Los asentamientos de Judea y Samaria siguen siendo un punto central de discusión en la sociedad israelí.
A la mayoría de los israelíes les agradan sus residentes. Son considerados la sal de la tierra, los primeros en ser voluntarios, los primeros en unirse a las unidades de combate en el servicio militar y los primeros en retribuir a sus comunidades.
Un asentamiento israelí en Judea y Samaria Un asentamiento israelí en Judea y Samaria
Un asentamiento israelí en Judea y Samaria
(EPA)
Pero la mayoría de los israelíes no apoyan los asentamientos. Un estudio de 2017 expuso que el 69% de los israelíes estarían de acuerdo con una retirada en caso de una resolución del conflicto con los palestinos.
Cuando las organizaciones internacionales se interponen en el discurso interno legítimo en Israel, ayudan a aquellos en la extrema derecha que abogan por una expansión de los asentamientos.
Estas organizaciones no buscan una resolución del conflicto y se componen de estados miembros predominantemente no democráticos.
Aunque algunos de ellos tienen relaciones con Israel, abiertamente o no, son consistentes en sus posiciones antiisraelíes de larga data.
Una familia en el asentamiento de Ofra Una familia en el asentamiento de Ofra
Una familia en el asentamiento de Ofra
(Ynet)

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que el miércoles publicó una lista negra de compañías que operan en los asentamientos de Judea y Samaria, votó para aceptar 18 resoluciones que condenan a Israel en 2019; en contraste, solo se aprobaron siete resoluciones castigando todos los males del resto del mundo.
Con Venezuela que persigue a sus propios ciudadanos, Irán que mata a los manifestantes antigubernamentales, Myanmar que realiza una limpieza étnica contra la minoría rohingya y China que encarcela a millones de musulmanes en campos de reeducación, Israel sigue siendo el problema.
La crítica hacia los asentamientos no es antisemitismo, pero según la definición de antisemitismo adoptada por la UE en 2016, la obsesión antiisraelí del CDHNU es, de hecho, una manifestación de este fenómeno.
No se esperan consecuencias inmediatas como resultado de la publicación de la lista, pero hay que decir que una empresa importante como SodaStream, hace tres años tuvo que cerrar su planta de producción de Judea y Samaria debido a la presión internacional de los partidarios del movimiento de boicot, desinversión y sanciones (BDS).
Las compañías nombradas en la lista de CDHNU pueden enfrentarse a una situación similar.
Trabajadores árabes en la planta de soda stream de Judea y Samaria ahora cerrada Trabajadores árabes en la planta de soda stream de Judea y Samaria ahora cerrada
Trabajadores árabes en la planta de soda stream de Judea y Samaria ahora cerrada
(Ynet)
Las áreas industriales de Judea y Samaria emplean a cerca de 20.000 trabajadores palestinos. Nadie se aprovecha de ellos ni son abusados ​​por un sistema colonialista.
Los palestinos que trabajan para muchas de las compañías ocupan altos cargos y ganan hasta tres veces los salarios pagados por las compañías que operan dentro de la Autoridad Palestina.
El propio gobierno de Mahmoud Abbas, ha intentado alejar a los palestinos de estos puestos y forzar un boicot a empresas y productos, pero fracasó cuando los empleados optaron por mantener sus trabajos.
Sus ingresos son una parte vital de la economía palestina y su eliminación tendría implicaciones a largo plazo que no podrían soportar. La mudanza de SodaStream fuera de Judea y Samaria fue vista como una victoria para el movimiento BDS, pero costó cientos de empleos y los palestinos pagaron el precio.
La discusión sobre la legalidad o el futuro de los asentamientos es legítima e importante, pero está muy lejos de la campaña de boicot que se opone al derecho de Israel a existir.
Si se llega a un fin del conflicto israelo-palestino, serán necesarios parques industriales con compañías israelíes para proporcionar empleos.
Hay que decir que BDS obtuvo una victoria, pero el logro simbólico tendrá un precio y los trabajadores palestinos deberán pagarlo.
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