Giora Eiland
Giora Eiland.
Amit Sha'al
1982: Ariel Sharon, ministro de Defensa; y Menachem Begin, primer ministro.

A 40 años: tres lecciones de la guerra del Líbano

Opinión. Una narrativa infantil, un objetivo poco claro que costó caro y la arrogancia del poderoso son pecados de aquella incursión militar cuyas enseñanzas mantienen vigencia.

Giora Eiland - Adaptado por Tom Wichter |
Published: 07.06.22, 13:12
Esta semana, hace 40 años, comenzó la primera Guerra del Líbano y de ella se desprenden tres lecciones principales, relevantes en la actualidad ya que se trata de un frente que sigue siendo importante para la seguridad del Estado.
La primera lección trata de la narrativa adoptada en 1982. Los principales líderes políticos y militares determinaron que en Líbano había gente buena y mala. Los malos eran los palestinos, que bajo el liderazgo de la OLP estaban destruyendo Líbano desde adentro y amenazaban a Israel con cohetes y actos terroristas. Y los buenos eran los falangistas, una organización que representaba a la élite cristiana occidental. Así que debíamos luchar contra los malos para fortalecer a los buenos y que tomen el poder del Líbano, sería algo útil para ellos y nosotros.
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Sharon Begin
Sharon Begin
1982: Ariel Sharon, ministro de Defensa; y Menachem Begin, primer ministro.
(Ministerio de Defensa de Israel)
Esa narrativa infantil no reflejaba la realidad. La mayoría de los supuestos “malos” resultaron ser palestinos sin ciudadanía que residían (y residen) en miserables campos de refugiados. Y los buenos, los falangistas, resultaron ser fascistas, racistas, crueles, cobardes y traicioneros.
Además de errada, esta narrativa que dividía al país entre palestinos y falangistas ignoraba la existencia del 80% de los habitantes del Líbano: chiítas, sunitas, drusos, cristianos no falangistas y sirios que controlaban parte del país. Esa gran mayoría no contemplada por la historia no reflejaba la realidad. Y cuanto mayor es la brecha entre historia y realidad, más fácil es cometer errores. Este aprendizaje debe servir a la hora de fijar narrativas sobre otras arenas, como Gaza y Jerusalem.
La mayoría de los supuestos “malos” resultaron ser palestinos sin ciudadanía que residían (y residen) en miserables campos de refugiados. Y los buenos, los falangistas, resultaron ser fascistas, racistas, crueles, cobardes y traicioneros.
La segunda lección se desprende de la primera. El verdadero objetivo de la guerra era provocar un cambio de régimen en el Líbano, pero existía el temor de que este objetivo no tuviera apoyo público dentro del Líbano, ni a nivel internacional. Entonces se dibujó públicamente un objetivo puramente militar y modesto: mantener a los terroristas a 40 kilómetros de la frontera con Israel, el alcance máximo que tenían los cohetes en ese momento.
A nivel profesional, en todos los ejércitos del mundo se inculca la importancia del objetivo y su diferenciación con las metas que se deben lograr para alcanzarlo. En Líbano el objetivo no estaba claro, e incluso estaba oculto. Así fue que las columnas centrales y del este de las FDI cometieron errores que costaron caro.
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Las fuerzas de paz de la ONU patrullan la carretera de la costa cerca de Naqura, la última ciudad del Líbano antes de la frontera con Israel.
Las fuerzas de paz de la ONU patrullan la carretera de la costa cerca de Naqura, la última ciudad del Líbano antes de la frontera con Israel.
Frontera actual entre Líbano e Israel.
(AFP)
Después de cinco días de lento avance las fuerzas israelíes alcanzaron los 40 kilómetros, justo cuando la presión internacional forzó un cese de fuego. Por esas horas llegó la orden apresurada, antes de que comience a regir el cese de fuego, de avanzar hacia el norte y tomar la carretera Damasco-Beirut, un eje fundamental para el objetivo de controlar Líbano. ¡Pero los comandantes de división no lo sabían! El resultado fue que en el este dos divisiones quedaron atrapadas en el medio de la nada, y en el sector central Israel violó el cese de fuego, mintiéndonos a nosotros mismos y al mundo, para avanzar hacia el objetivo. Muchos combatientes se perdieron en ese camino.
La tercera lección se refiere a la declaración del entonces primer ministro Menachem Begin, quien reconoció con justicia que la del Líbano fue una “guerra elegida”. Es decir, no una guerra impuesta por un enemigo, sino originada en el deseo de mejorar la situación estratégica de Israel. Se trata de un privilegio de los poderosos que no garantiza el éxito (basta con ver lo que ocurre en Ucrania), y que difícilmente le convenga utilizar a Israel.
*Giora Eiland fue jefe de Seguridad Nacional de Israel entre 2004 y 2006.
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