El presidente de Estados Unidos y el primer ministro israelí durante la presentación del Acuerdo del siglo.
El presidente de Estados Unidos y el primer ministro israelí durante la presentación del Acuerdo del siglo.
AP
Netanyahu y Trump

Israel debe decidir sobre la anexión, no EE. UU.

Opinión. Netanyahu nunca intervino cuando Kushner ideó el plan de paz, y ahora Estados Unidos quiere que Kajol Labán emita su opiniòn sobre la escala de la anexión de Cisjordania a pesar de que el acuerdo de coalición lo deja en manos del primer ministro.

Nahum Barnea - Adaptado por Alejo Sanzo |
Published: 27.06.20 , 13:52
Cuando comenzó el brote de coronavirus, el mundo no sabía mucho sobre el comportamiento del patógeno, pero los observadores podían evaluar cómo algunos líderes y políticos enfrentarían la crisis.
Por ejemplo, desde el principio quedó claro que Estados Unidos se dirigía a la catástrofe.
Cuando Donald Trump declaró que el virus desaparecería en un mes, recomendó beber lavandina y tomar drogas de dudosa utilidad, se negó a usar una máscara facial, culpó a organizaciones y naciones extranjeras por el brote, lo que lo absolvió de cualquier responsabilidad personal, el daño resultante causado por la epidemia no solo se duplicó, sino que se cuadruplicó.
Netanyahu TrumpNetanyahu Trump
Netanyahu y Trump
(Getty Images)
La gente puede olvidar, pero durante los primeros días de la crisis, el primer ministro Benjamín Netanyahu de repente comenzó a hablar en inglés durante una conferencia de prensa dirigida a la nación, haciendo alarde de que Trump, el grande y poderoso, le había hablado por teléfono y elogió sus medidas.
Netanyahu sabía que las opiniones de Trump sobre el coronavirus eran irrelevantes, pero un poco de adulación no puede hacer daño.
Después de todo, el primer ministro es un experto en obtener apoyo y suministros internacionales, y no se atrevería a dañar el ego de Trump para evitar que esta ayuda fluya.
Pero Netanyahu estaba equivocado, un poco de adulación sí puede doler.
Por temor a insultar a Trump, los vuelos desde los EE. UU. no se detuvieron en el comienzo del brote, y los infectados ingresaron al país sin ser testeados u obligados a entrar en cuarentena. Esto no fue un error epidemiológico, sino una decisión diplomática.
La primera ministra Golda Meir y el presidente estadounidense Richard Nixon en la Casa Blanca en 1969 La primera ministra Golda Meir y el presidente estadounidense Richard Nixon en la Casa Blanca en 1969
La primera ministra Golda Meir y el presidente estadounidense Richard Nixon en la Casa Blanca en 1969
(AP)
Trump no es como su predecesor imperturbable Barack Obama. Tiene una mente problemática y delicada y no debe molestarse de ninguna manera.
Desde su fundación, Israel ha contado con el apoyo estadounidense. Sin embargo, también siempre ha buscado ayuda de otros aliados.
Así fue durante la Guerra de Independencia de 1948, cuando la administración estadounidense declaró un embargo de armas a la naciente nación que luchaba por sobrevivir, y así fue durante la alianza militar con Francia en los años 50 y 60.
Así fue cuando Golda Meir rechazó el Plan Rogers de 1969, cuando Menachem Begin ordenó el bombardeo de una planta nuclear iraquí en 1981 y cuando Ehud Olmert hizo lo mismo con una instalación siria en 2007.
Así fue cuando Ariel Sharon abandonó unilateralmente la Franja de Gaza en 2005 y cuando varios primeros ministros iniciaron conversaciones de paz con Egipto, Jordania y los palestinos a espaldas de los estadounidenses.
Estados Unidos siempre ha estado involucrado en la política interna israelí e Israel siempre ha estado involucrado en la política interna estadounidense, con los judíos estadounidenses llenando a cabo con entusiasmo el papel de mediadores.
Siempre hubo altibajos entre las dos naciones, con demasiados argumentos amargos, reuniones en la Casa Blanca y presiones para contar con la influencia adecuada.
Pero la era de Trump ha cambiado todo; y esta vez la crisis comienza con la sociedad estadounidense siendo destrozada.
La elección de Trump no fue el resultado, sino más bien un síntoma de esta crisis. Estados Unidos no ha estado tan dividido y partidista desde la década de 1960.
Israelíes protestan frente a la sucursal de la embajada de Estados Unidos en Tel Aviv por la muerte de George Floyd.Israelíes protestan frente a la sucursal de la embajada de Estados Unidos en Tel Aviv por la muerte de George Floyd.
Israelíes protestan frente a la sucursal de la embajada de Estados Unidos en Tel Aviv por la muerte de George Floyd.
(Reuters)
A muchos les preocupa que la nación esté al borde de la guerra civil, que la clase media, la columna vertebral del éxito estadounidense, se esté derrumbando y que la desigualdad económica esté aumentando. La lucha interna cada vez mayor proviene de la raza, el estado económico, el origen étnico, la separación de la iglesia y el estado y las visiones del mundo opuestas.
Las discusiones en las redes sociales se han vuelto belicosas y están obstaculizando cualquier tipo de compromiso.
Agregue a eso la epidemia de coronavirus, cuyo costo financiero se siente con mayor fuerza en las partes más débiles de la sociedad, agravado por una grave negligencia administrativa.
Ahora Trump está exportando esta crisis interna estadounidense al mundo: la arrogancia blanca, el racismo y la polarización.
Los líderes en Europa occidental comprenden el daño y están tratando de mantenerse alejados de la Casa Blanca. A diferencia de Israel.
Jared Kushner, asesor y yerno de Trump, se ha unido a una larga lista de judíos estadounidenses que creían que podían acabar con el conflicto israelí-palestino.
Durante tres años, Kushner ha trabajado en la elaboración y distribución del plan de paz que lleva el nombre de su suegro.
Al igual que los enviados estadounidenses que lo precedieron, Kushner creía que el Israel de Netanyahu estaba buscando un acuerdo y un compromiso. Pero no entendió a Netanyahu ni al presidente palestino Mahmoud Abbas.
Jared Kushner se reunió con Netanyahu el año pasado en JerusalemJared Kushner se reunió con Netanyahu el año pasado en Jerusalem
Jared Kushner se reunió con Netanyahu el año pasado en Jerusalem
(Ynet)
Y debido a que Trump es un presidente tempestuoso que no puede soportar ser contradicho, Netanyahu nunca intervino en el plan de Kushner.
Si los informes de Washington son ciertos, Kushner ahora exige que el gobierno de Netanyahu primero llegue a un acuerdo interno sobre la escala de la anexión de Cisjordania y solo entonces Estados Unidos apoyará la iniciativa.
Personalmente, me alegra que los estadounidenses estén ayudando al ministro de Defensa, Benny Gantz, y al ministro de Relaciones Exteriores, Gabi Ashkenazi, a minimizar las dimensiones del plan de anexión.
Pero el acuerdo de coalición entre Kajol Labán y Likud dejó la decisión de la anexión a Netanyahu.
El trabajo de Kushner es decidir qué es bueno para los Estados Unidos, no para Israel. Netanyahu debería haberle dicho que Israel es una nación soberana.
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