Alex Fishman.
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Ynet
La instalación de enriquecimiento de uranio en Natanz, Irán.

El peligro de tener un Irán desesperado

Opinión. Teherán ha recibido un golpe tras otro, tanto financiera como militarmente, pero a medida que el régimen de los mulás siente que la tierra tiembla bajo sus pies, este se vuelve más impulsivo e imprevisible para el resto de la región.

Alex Fishman - Adaptado por Marcos Olivera |
Published: 13.06.22, 12:03
Meir Dagan, el difunto ex jefe de la agencia de inteligencia Mossad, definió la estrategia de Israel contra Irán como una serie de pequeños golpes contra muchos objetivos aparentemente no relacionados, con la esperanza de que, en conjunto, todos se agraven hasta lograr un cambio en el régimen iraní o en sus planes nucleares.
Esta estrategia, que hasta ahora demostró tener éxito relativo, lleva décadas aplicándose, siendo la única variable la intensidad con que Israel y Occidente presionan a Teherán para socavar su régimen.
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La instalación de enriquecimiento de uranio en Natanz, Irán.
La instalación de enriquecimiento de uranio en Natanz, Irán.
La instalación de enriquecimiento de uranio en Natanz, Irán.
(AP)
En los últimos meses, esa presión fue intensa, y esta vez Occidente puede tener una oportunidad de éxito.
El anuncio hecho por Irán el jueves pasado de que iba a apagar las cámaras de vigilancia de algunas instalaciones nucleares en todo el país, como medio de presionar a Occidente en su intento de censurar a Teherán en una reunión del Organismo Internacional de la Energía Atómica, personifica a un régimen en apuros.
Ebrahim Raisi, presidente de Irán desde agosto de 2021, se enfrenta a desafíos internos en forma de problemas financieros de la República Islámica y a duras críticas de los líderes conservadores, incluidos algunos de sus confidentes más cercanos. El régimen se enfrenta a amenazas en todos los frentes, tanto nacionales como internacionales. De ahí que Irán se haya vuelto mucho más inesperado en su conducta y, por tanto, mucho más peligroso.
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El presidente iraní Ebrahim Raisi se dirige a la Asamblea General de la ONU.
El presidente iraní Ebrahim Raisi se dirige a la Asamblea General de la ONU.
El presidente iraní Ebrahim Raisi se dirige a la Asamblea General de la ONU.
(AP)
La reciente oleada de ataques contra objetivos iraníes, que se vincularon a Israel -desde los asesinatos de funcionarios iraníes hasta el asalto que golpeó el aeropuerto internacional de Damasco-, aunque se realizaron en un intento de impedir el avance nuclear del país, probablemente empujaron a Irán más cerca del límite.
Además, justo cuando Irán pensaba que podía tomarse un respiro en lo que respecta a su situación financiera, llegó la guerra de Ucrania y compensó todos los beneficios energéticos de principios de año.
Todos los productos importados por Irán se encarecieron considerablemente, los rusos empezaron a rebajar los precios del gas y los motivos políticos empujaron a países como China a comprar petróleo a Rusia en su lugar.
Pero el golpe más duro fue la interrupción del flujo de combustible nuclear.
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Vista aérea de los daños ocasionados en el aeropuerto internacional de Damasco.
Vista aérea de los daños ocasionados en el aeropuerto internacional de Damasco.
Vista aérea de los daños ocasionados en el aeropuerto internacional de Damasco.
(ImageSat International)
Un 30% de ese suministro procedía de Ucrania y Rusia. Además, Irán sufrió una sequía de un año que provocó escasas cosechas, y Raisi y sus acólitos conservadores vieron cómo su sueño de un mercado iraní independiente se alejaba cada vez más. Todas las promesas de Raisi de mejorar la situación financiera de Irán quedaron sin efecto, de hecho, el 9 de mayo anunció que las subvenciones a los productos alimentarios básicos se reducirían en 100.000 millones de dólares, así como un aumento del precio del pan.
En consecuencia, ya no son protestas políticas las que sacuden la calle iraní. Son protestas por escasez y carencia, que se extienden a grandes ciudades.
El 23 de mayo, un edificio se derrumbó en la ciudad suroccidental de Abadan, cobrándose al menos 41 vidas. El miércoles pasado, un tren de pasajeros descarriló al este de Irán, causando 13 muertos y decenas de heridos.
También, la hostilidad de la opinión pública hacia su régimen se ve reforzada por los asesinatos de cinco expertos nucleares iraníes, el hackeo de sistemas informáticos del aeropuerto internacional, la incautación de un petrolero iraní en aguas griegas a petición de Estados Unidos y los informes sobre ejercicios militares israelíes que preparan un ataque en Irán.
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Desfile militar en Teherán.
Desfile militar en Teherán.
Desfile militar en Teherán.
(EPA)
Para que esta información entrara en la conciencia del ciudadano medio iraní y creara el efecto deseado, tuvo que haberse hecho eco a nivel mundial. Por lo tanto, es justo suponer que los comentarios de Naftali Bennett insinuando la participación israelí en las operaciones mencionadas no fueron un desliz.
En la guerra, el público necesita ser notificado, pero la parte iraní intenta ocultar la información a su pueblo o restarle importancia.
La acumulación de informes de este tipo, que minan la moral nacional, podría dificultar gravemente la confianza del público iraní en sus dirigentes.
Esta ofensiva psicológica ya dio un resultado: el acuerdo nuclear con las potencias mundiales parece desmoronarse. El Irán de Raisi no puede volver arrastrándose a pedir la generosa oferta que los estadounidenses hicieron hace varios meses.
Por otro lado, un régimen en apuros puede hacer algo extremo para demostrar su poder y escalar diplomáticamente. Por ello, Teherán se esforzó en perjudicar a los ciudadanos israelíes en el extranjero.
Por desesperación, el régimen iraní puede ser capaz de ir aún más lejos.
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