Ofir Dayan
Ofir Dayan.
Ynet
El Monte del Templo de Jerusalem, sitio sagrado para judíos y musulmanes.

El judaísmo en liquidación

Opinión. En nombre de la estabilidad de la coalición, Bennett y el ministro de Seguridad Interior entregaron uno de nuestros valores más preciados: el Monte del Templo de Jerusalem.

Ofir Dayan - Adaptado por Tom Wichter |
Published: 20.07.21, 18:09
En la mañana de Tishá BeAv llegué a la entrada del Monte del Templo, como intento hacer cada vez que puedo. En ayunas, bajo el calor de mediados de julio, me encontré indefensa ante oficiales de policía israelíes que me informaron que no podía ingresar porque en una visita anterior tuve el atrevimiento de cantar el himno nacional.
Aunque los visitantes musulmanes que estaban allí no demostraron demasiado interés en mi acción, la policía decidió que se trataba de una “violación del orden público”, una definición graciosa ya que cantar el himno nacional en el corazón de la capital del país no implica ninguna infracción.
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Monte del Templo
Monte del Templo
El Monte del Templo de Jerusalem, sitio sagrado para judíos y musulmanes.
(AFP)
En las horas que estuve allí, en la puerta Hilel del Monte del Templo, no me sentí sola. Me sentí respaldada porque mientras esto ocurría el primer ministro Bennett emitió una declaración en la que prometía que el ascenso de judíos al Monte continuaría. A su vez Omer Bar Lev, ministro de Seguridad Interior, en una entrevista dijo que el Monte del Templo no es exclusivo de los musulmanes. Por eso estaba segura de que pronto se me permitiría ingresar. El liderazgo político me apoyaba.
Pero mi esperanza se hizo añicos tras un comunicado de prensa del partido árabe Raam. Respaldados por el partido Meretz, se expresaron sobre el tema y dejaron clara su opinión: la entrada de judíos en el Monte del Templo es algo que rechazan. Así fue que Bennett y Bar Lev se apresuraron a formular nuevas leyes que prohibieran la oración de judíos en ese sitio sagrado.
En ayunas, bajo el calor de mediados de julio, me encontré indefensa ante oficiales de policía israelíes que me informaron que no podía ingresar porque en una visita anterior tuve el atrevimiento de cantar el himno nacional.
El primero fue Bar Lev, quien dijo que “si los judíos oraban hoy en el Monte del Templo estarían claramente en contra de la ley”, cuando en realidad no hay ninguna ley que prohíba la oración judía en el lugar. La Corte Suprema determinó que los judíos gozan de libertad de culto allí. Pensé hacia adentro que Bar Lev representaba a la parte izquierdista del gobierno, y que Bennett iba a mostrar su impronta de derecha. Pero él también dio marcha atrás: hay libertad solamente para “visitar” el Monte del Templo.
La estabilidad política es importante, pero no tanto como nuestro derecho a vivir en la Tierra de Israel. Las concesiones de las últimas semanas desde que asumió el nuevo gobierno son una señal de alerta para las próximas generaciones. En nombre de la estabilidad de la coalición, Bennett y Bar Lev vendieron a precio de liquidación el Monte del Templo, el lugar más sagrado del pueblo judío, solamente para complacer a los miembros del partido antisionista Raam.
¿Y todo para qué? No hay nada que justifique este fraude moral. El nivel de extorsión es vergonzoso. Renunciamos a lo más preciado que tenemos, pensando aterrorizados qué otros precios debemos pagar ante el antisionismo extremista en pos de la “estabilidad”. El primer ministro se olvida que sin Sion no hay sionismo. Y que sin sionismo no hay estabilidad.
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Un manifestante musulmán grita a un oficial de policía israelí por la presencia de judíos en el Monte del Templo el domingo.
Un manifestante musulmán grita a un oficial de policía israelí por la presencia de judíos en el Monte del Templo el domingo.
Un musulmán grita a un oficial de policía israelí por la presencia de judíos en el Monte del Templo.

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