Un fragmento del diario personal de Hess que conservó Abrahams
Un fragmento del diario personal de Hess que conservó Abrahams
Ynet
Karl y su esposa Betty Abrahams

Un espía judío capturó al comandante de Auschwitz

Karl Abrahams mantuvo durante años en secreto la historia de la captura de Rudolf Hess, el comandante del campo de concentración mas grande y responsable del asesinato de dos millones y medio de seres humanos, en su mayoría judíos. “Debido al creciente antisemitismo, y luego de la conmemoración del Día Internacional del Holocausto, he decidido dar a conocer la historia de mi abuelo”, sostiene cuarenta años después de su fallecimiento, su nieta Rivka Donin.

Itamar Eichner - Adaptado por Beatriz Oberlander |
Published: 07.02.20 , 19:02
“Mi abuelo fue sargento de los servicios secretos del Ejército británico”, comienza explicando Rivka en un diálogo con Yedioth Ahronot y Ynet. “Nació en Liverpool, y falleció en 1980 a los 71. Durante años mantuvo la historia en secreto, y sólo se lo contó a mi abuela Betty”, comenta la nieta, y cuenta que guardaba en un cajón cerrado con llave los documentos que demuestran que participó en la captura de Rudolf Hess. Entre ellos había una confesión del asesino, escrita a mano por éste, un informe que redactó Abrahams sobre la búsqueda de Hess y sobre el interrogatorio al que lo sometieron y el libro de visitas de Hess mientras era comandante en Auschwitz. Había asimismo documentos personales, y un carnet de Hess como miembro del partido nazi. También había una carta de Karl a su esposa anunciando la captura de Hess. Antes de morir, el abuelo entregó en secreto los documentos al Museo del Holocausto de Yad Vashem, en Jerusalem”.
El genocida que dirigió el campo en el que se asesinaba con gas Zyklon B a 2.000 seres humanos en menos de una hora, fue capturado el 11 de marzo de 1946 por una Unidad de la Policía Militar Británica, uno de cuyos soldados era el sargento judío Karl Abrahams. Hess fue capturado en una aldea del norte de Alemania, y Karl junto con compañeros de su unidad lo sometieron a un interrogatorio. El 25 de mayo de 1946 lo entregaron a los polacos, y el 2 de abril de 1947 fue condenado a muerte en la horca. El castigo se ejecutó dos semanas después, y Hess murió el 16 de abril de 1947 en la plaza que hay a la entrada del crematorio de Auschwitz.
Karl y su esposa Betty Abrahams Karl y su esposa Betty Abrahams
Karl y su esposa Betty Abrahams
(Ynet)
Karl se había incorporado a los servicios secretos de la Policía Militar Británica en 1942, pero recién en 1946 le encargaron la misión de su vida: arrestar al asesino más cruel de la historia de la humanidad. En la carta que le envió a su esposa dos días después de capturar a Hess, escribió: “Los últimos días estuvieron llenos de grandes emociones y de trabajo estresante. Después de meses de esfuerzo logramos algo increíble; tal vez pronto leas acerca de ello en los diarios. No puedo decirte más que esto; sólo que trabajamos día y noche”.
Tan sólo once días después, Karl le reveló la verdad a su esposa: “Después de haber capturado a Rudolf Hess, tenemos la sensación de haber llegado al momento cumbre. Todo nuestro trabajo giraba alrededor de él”. Karl describió a Hess como “el cerdo más grande que ha existido jamás”, y contó lo difícil que le resultaba mirar a la cara a ese hombre abominable. “Fue una gran satisfacción atraparlo. El interrogatorio fue una experiencia que nunca olvidaré. Duró tres días, en los que no dormí. La atmósfera era extraña, y pareció irreal oír que reconocía haber sido personalmente responsable de todo, y que monitoreó la muerte con gas y la quema de dos millones y medio de seres humanos, la mayoría de ellos judíos como nosotros”.
Rivka con una foto de su abuelo Karl Rivka con una foto de su abuelo Karl
Rivka con una foto de su abuelo Karl
(Ynet)
Los “alegres” días de Auschwitz
La captura de Hess fue posible después de que el equipo de Karl dio con la esposa, Hedwig, que durante un interrogatorio reveló el lugar en el que se escondía su marido -una granja próxima a la frontera con Dinamarca- con el nombre de Franz Lang. Cuando lo atraparon, Hess en efecto presentó en efecto un documento de identidad falso con el nombre de Franz Lang. Pero Karl Abrahams insistió en examinar el anillo de bodas que llevaba Hess, y descubrió que en la parte interior estaban grabados los hombres “Rudolph” y “Hedwig”. En ese momento Hess se vino abajo, y reconoció su verdadera identidad. En el interrogatorio, el genocida contó con una horrible sangre fría: “Yo mismo organicé, de acuerdo con las órdenes que había recibido de Himmler en mayo de 1941, las muertes con gas en el campo entre junio-julio de 1941 hasta finales de 1943, la época en la que fui comandante de Auschwitz”.
En el diario personal que llevaba Hess en el campo, y que Karl entregó a Yad Vashem, se lee, entre otras cosas: “Crónica de Auschwitz, 12.12.42-Llegaron 2.000 judíos -hombres, mujeres y niños- desde el campo de tránsito. Después de una selección, se mató a 1.578 personas en las cámaras de gas”. En otro documento que le escribió Hess a su esposa, que también cayó en manos de Abrahams, el asesino contaba que su familia lo había visitado en el campo, y hace una descripción terriblemente chocante: “Fueron dos días hermosos con los niños. La visita al campo, montar el noble el caballo y tener conversaciones serias y alegres”.
Rudolf Hess esposado Rudolf Hess esposado
Rudolf Hess esposado
(Getty Images)
“Es hora de que sepan quién fue mi abuelo”
Rivka contó que sobrevivientes judíos del Holocausto ayudaron a su abuelo a confirmar la identidad de Hess. En una carta que le escribió a su esposa, Karl mencionó: “Dos o tres sobrevivientes de los campos se sumaron a nuestro equipo. Me encontré con mi amigo Paul, que estuvo cinco años en los campos, y de milagro sobrevivió. Había adelgazado mucho, y aun después de varios meses de cuidados y tratamientos, estaba muy débil”.
Rivka afirmó que estaba muy orgullosa de su abuelo: “Estoy segura que él también él estaría orgulloso de que yo inmigrara a Israel en el año 1996. Ahora llevo una vida judía en Jerusalem, soy devota de Jabad (del rabino de Lubavich) y tengo siete hijos”.
La nieta de Karl lamenta que su abuelo no recibiera suficiente reconocimiento por haber capturado al asesino: “Me sorprendió enormemente que todos estos años Yad Vashem no publicara esta historia. Pienso que él tendría que haber recibido una medalla al mérito de parte del museo”. Y concluye: “75 años después de la liberación de Auschwitz, es hora de que en Israel sepan de la existencia del soldado judío de origen británico que, con la ayuda de dos sobrevivientes de Auschwitz, consiguió hacer justicia siguiendo el rastro de un hombre malvado como ese”.
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