Nómadas digitales realizando trabajos manuales en el kibutz
Nómadas digitales realizando trabajos manuales en el kibutz
Gather
Nómadas digitales realizando trabajos manuales en el kibutz

"Agarren la pala, la computadora y empiecen a trabajar"

El mundo del turismo cambia y se conecta con la red inalámbrica para combinar el trabajo a distancia con un paseo por los altos del Golán, y hacer trabajo físico en un kibutz. Conozcan el nomadismo digital, que brinda un servicio al turismo israelí.

Ynet - Adaptado por Beatriz Oberlander |
Published: 07.02.20 , 19:02
Hace tiempo que el turismo clásico, tal como lo conocemos hace tiempo, ha cambiado de forma y de fondo. Ya no se trata sólo de pasear por la Europa clásica, de recorrer Estados Unidos de costa a costa ni de viajes de mochilero a la India y a Tailandia. Hoy en día hay otras formas de redescubrir el mundo, con la ayuda del nomadismo digital.
Es de suponer que si le preguntan a la mayoría de sus amigos, les dirán que sueñan con viajar por el mundo al tiempo que se pagan ese paseo. Hasta hace algunos años estaba claro que se trataba de un sueño o, en el mejor de los casos, de una fantasía. Pero en el año 2020 es una realidad gracias al nuevo concepto llamado ‘nomadismo digital’.
Nómadas digitales realizando trabajos manuales en el kibutz Nómadas digitales realizando trabajos manuales en el kibutz
Nómadas digitales realizando trabajos manuales en el kibutz
(Gather)
Y aunque hay bastantes nómadas digitales israelíes que consiguen ganarse la vida y estar en una piscina en Bali, comer cosas ricas en una cafetería de Nueva York o estar en silencio en una biblioteca pública de París, hay quien ha descubierto una manera especial de traer gente a Israel y brindarles una experiencia especial, socialista y sionista.
Omer Har Shai tuvo hace algunos años una experiencia que le cambió la vida, cuando viajó para ayudar a un amigo que dirige el Jan de Nitzana para construir el lugar. “Fue un trabajo físico por las mañanas, y por las tardes me sentaba frente a la computadora y seguía con mi trabajo habitual”, explicó. “Me di cuenta que esta combinación entre trabajo físico y trabajo frente a la computadora tiene mucha lógica y es muy saludable. Y en cuatro horas frente a la computadora alcanzaba a hacer lo que antes me llevaba un día entero. Entonces empecé a pensar cómo hacer asequible esta experiencia a otra gente, hasta que hace un año surgió la idea del kibutz”.
La idea del kibutz es la siguiente: “En Israel tenemos doscientos setenta kibutz, hermosos y rodeados de espacios abiertos, y cuentan con todos los servicios que necesita la comunidad (vivienda, piscina, supermercado y otros). Por eso, estos lugares son la base perfecta para los nómadas digitales que quieren irse de la ciudad con la computadora portátil y tener otras experiencias, en las que se combinan el trabajo físico, la comunidad y la vivencia de otra forma de vida".
En el kibutz es así: todos comen juntos en un gran comedor En el kibutz es así: todos comen juntos en un gran comedor
En el kibutz es así: todos comen juntos en un gran comedor
(Gather)
Los meses siguientes, Bar Shai visitó unos sesenta kibutz de todo el país, y descubrió que había disposición e incluso entusiasmo por parte de esas comunidades respecto a lo que habían imaginado y pensado, puesto que se trata de un turismo nuevo, no tradicional. Y también porque en los kibutz hay cierta nostalgia de los voluntarios que en el pasado venían de todo el mundo para trabajar allí. “En ese viaje descubrimos asimismo que en estos sitios hay espacios que no están bien aprovechados, y que pueden servir, por ejemplo, como oficina de día. Lo único que hace falta son algunos escritorios y una conexión inalámbrica a internet. Además, hay casas vacías en las que en el pasado dormían los niños separados de sus padres, y que ahora pueden servir como alojamiento para los nómadas. Teniendo todo esto en cuenta, nosotros les podemos dar a los turistas todo lo que necesitan en un solo lugar, lo que hace innecesario viajar, hacer gestiones, cocinar y cosas por el estilo. De ese modo les queda tiempo libre para el trabajo, que se vuelve más efectivo. Además, cuentan con tiempo para tener nuevas experiencias”.
Actualmente Har Shai propone retiros de diez días en algún kibutz del país. El Programa Gather incluye todo lo que el participante necesita en lo personal y en lo profesional: desde un espacio de trabajo y vivienda, hasta la posibilidad de hacer trabajo físico como voluntario. Y por supuesto, pasar varias horas lejos de la computadora. Se dan encuentros interesantes entre la gente porque el hecho de que el grupo esté compuesto por personas de diferentes esferas, campos de trabajo y países hace posible que se establezcan relaciones entre personas que intercambian ideas y experiencias, lo que enriquece la vivencia.
No estar todo el día frente a la computadora, sino hacer además trabajo físico No estar todo el día frente a la computadora, sino hacer además trabajo físico
No estar todo el día frente a la computadora, sino hacer además trabajo físico
(Gather)
“Hoy en día hay cinco millones de estadounidenses que trabajan a distancia. Se trata de un campo que cobra impulso, y actualmente casi todos podemos trabajar desde cualquier lugar y a cualquier hora: el mundo se encamina en esa dirección. Hay otros programas que llevan a nómadas digitales o a personas que trabajan a distancia, por ejemplo a Sudamérica, a Bali o a otros lugares".
“Nosotros, en nuestro programa, hacemos algo diferente porque nuestra idea básica es combinar naturaleza, trabajo físico y un estilo de vida diferente con el trabajo con la computadora. Además de la oportunidad e incluso el privilegio de vivir en un kibutz, en una comunidad existente, se trata de una experiencia que no se puede tener en ningún otro lugar del mundo. Traemos gente a la Galilea en el norte o al Néguev en el sur, les brindamos la posibilidad de que conozcan gente nueva, un trabajo diferente de todo lo que conocen, y que tal vez jamás en la vida habían pensado en nomadismo digital. Y a mi modo de ver, hay aquí también un elemento de sionismo: mostrar aspectos diferentes de Israel que no siempre es posible experimentar de otra manera”.
Ross Cohen, ingeniero de sistemas de una importante oficina de abogados de Nueva York, no va todos los días al trabajo en metro porque está en el kibutz Kfar Blum como parte del programa. “Soy especialista en tecnología de la información (TI) en una empresa de grandes dimensiones. Antes tenía que ir todos los días a la oficina, que estaba a dos horas de viaje en cada dirección. Con el tiempo sencillamente me desgasté, estaba agotado. Por suerte, la empresa fue cada vez más tolerante en lo que respecta a trabajar desde la casa, o sea de no estar presente físicamente en la oficina. Fue una oportunidad extraordinaria para incorporar el nomadismo digital”.
Cohen explica que el nomadismo digital pone en contacto a personas que tal vez no se habrían conocido jamás si no fuera por esta posibilidad. Y tampoco habrían llegado a lugares como, por ejemplo, el kibutz, una forma de vida especial que sólo existe en Israel. “Lo bonito de la experiencia es que se ofrece como todo un programa: no sólo ir a trabajar a un lugar nuevo sino sentirse parte de éste, ir a lugares increíbles que hay en este país y conocer gente nueva. En mi caso, la experiencia fue un éxito, y realmente me alegro de que en la oficina me permitieran viajar. Pienso que todo el que tenga la posibilidad de participar en un programa como éste, tiene que probarlo. Es algo de lo que uno puede beneficiarse y sacar mucho provecho”.
Sasha Wickenden, activa en Instagram y fundadora de Amrapali Oil, coincide con Cohen: cada nómada digital tiene una historia personal acerca de cómo empezó todo. “Para mí empezó por casualidad, en un breve viaje de vacaciones que duró una semana y que me cambió la vida. Decidí renunciar a mi carrera, a Rusia, a la familia y a los amigos, y así fue como me convertí en una nómada digital hace siete años”.
Al principio, la familia y los amigos de Wickenden pensaron que se había vuelto loca. No entendían cómo podía renunciar a una carrera como abogada en una gran empresa. “Me decían que me estaba arruinando la vida al dejar todo atrás. Pero yo sé que ésa fue la mejor decisión que tomé en la vida".
“En mi nueva vida trato de levantarme temprano todos los días, hacer un poco de yoga y de meditación, y después comer un desayuno saludable. Empiezo a trabajar alrededor de las 11 o 12. Como parte de mi trabajo como voluntaria y conozco amigos, gente nueva e inspiradora".
Junto al río Jordán. Un grupo de amigos sobre el césped Junto al río Jordán. Un grupo de amigos sobre el césped
Junto al río Jordán. Un grupo de amigos sobre el césped
(Gather)
“En los últimos siete años he visitado muchos lugares diferentes, pero el programa del kibutz Kfar Blum fue muy especial para mí por varios motivos. En primer lugar, porque su esencia es reunir gente. Se trata de un encuentro muy especial con personas, algo que no ocurre en general en el nomadismo digital. Ésa era la cuestión. Además, la naturaleza que nos rodeaba daba lugar a una combinación de trabajo en línea en la computadora con un trabajo de verdad, que nos ensuciaba las manos, y nos permitía estar en con la tierra y la naturaleza. Y el lugar era realmente sensacional. El kibutz es un concepto realmente único; es muy seguro, y todos se conocen. El programa nos permitió crear amistades para toda la vida, y al mismo tiempo trabajar en la naturaleza y estar en contacto con ésta”.
No sólo en el extranjero conocen el concepto de trabajo a distancia o remoto. Lior Shem Tov, de Tel Aviv y “trabajador a distancia” en los últimos dos años como programador de software está ahora mismo está en Santa Marta (Colombia), disfrutando de un paisaje de bosques siempre verdes. También él participó en un programa que lo llevó al kibutz. “La experiencia en el kibutz me permitió desconectarme de la rutina y conocer gente de todo el mundo que vino por una temporada, relacionarnos y compartir, cada cual con su historia y su experiencia: éstas son ventajas que no tiene un trabajo de oficina como el que la mayoría de nosotros conoce. El kibutz nos proporcionó un marco estupendo y divertido, apartado y tranquilo para relacionarnos, trabajar y también conocer el kibutz en sí. Una experiencia realmente excepcional”.
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