Sobrevivientes del Holocausto protestan contra la falta de asistencia gubernamental.
Sobrevivientes del Holocausto protestan contra la falta de asistencia gubernamental.
Motti Kimchi
Boris Gólod, sobreviviente de la Shoá.

Sobreviviente de la Shoá: “Pienso dos veces antes de encender la calefacción”

Boris Gólod, de 82 años, nunca imaginó que tendría que renunciar a sus necesidades básicas en la etapa final de su vida. "Nadie en el gobierno de Israel piensa si nos alcanza para la comida”, expresa.

Hadar Gil-Ad - Adaptado por Adrián Olstein |
Published: 11.01.21 , 09:18
Durante años Boris Gólod, de 82 años y residente de Bat Yam fue operario fabril, un trabajador manual humilde y esforzado, acostumbrado a trabajar fuerte para mantener a su familia. Boris, sobreviviente del Holocausto, vive solo en un pequeño apartamento. Su esposa falleció hace cinco años y su hijo regresó a Rusia, de donde emigraron hace treinta años a Israel. Sin embargo, todo lo que le tocó vivir, no lo preparó para la situación que hoy debe afrontar: las exiguas dietas, el trato que el Estado brinda a los sobrevivientes y la dificultad para cubrir sus gastos, incluso en condiciones habitacionales básicas.
"Es invierno y me encuentro debatiendo si puedo permitirme encender la calefacción. A veces la respuesta es no. Pienso dos veces si puedo encender la caldera eléctrica para contar con agua caliente. Me ducho una vez a la semana porque la electricidad cuesta mucho dinero", cuenta Boris.
Boris Gólod, sobreviviente de la Shoá. Boris Gólod, sobreviviente de la Shoá.
Boris Gólod, sobreviviente de la Shoá.
(Avigail Uzi)
"El dinero no es suficiente. No siempre me alcanza para comprar la comida que quiero. A veces hay que comprar un poco menos. Si me alcanza, compras más, si no me alcanza, compro menos. No voy a salir a robar, ¿qué se le va a hacer? Cuando trabajaba estaba bien, me las arreglaba", explica. "No sé cómo se organizan los jubilados para pagar el alquiler y que les sobre para la comida. Ya me olvidé cuándo fue la última vez que fui al mercado y compré lo que quería. Compro de acuerdo a cuánto dinero me queda", se lamenta.
Boris emigró a Israel desde Rusia tres décadas atrás con su esposa y su hijo: "Vine a Israel porque soy judío, quería vivir aquí, en nuestra tierra. Cuando recién había llegado, me quería volver a Minsk. Pero después de una semana empecé a trabajar, gané bien y mi situación fue buena. Trabajé toda mi vida y ahora pago el precio, me duele el cuerpo y no tengo fuerza”, concluye.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis entraron a su ciudad natal. Junto a sus padres y hermanos se vieron obligados a huir. "Tenía tres años cuando atacaron la ciudad donde nací. Pasamos años escapando y logramos salvarnos. Tuvimos suerte. Todos los judíos que vivían allí y se quedaron, murieron”, recuerda.
Boris vive en un apartamento de 12 metros cuadrados. El modesto espacio cuenta con un lugar para dormir, cocina, baño y ducha. "Lo renové yo mismo", cuenta con orgullo. "Hoy vivo de asignaciones. Con ese dinero tengo que pagar la luz, el teléfono, la televisión. El Estado de Israel no nos permite envejecer con dignidad. Si nos dieran un poquito más nos alcanzaría para pagar todo. Nadie en el gobierno piensa si tenemos comida, si contamos con un lugar donde vivir”, evalúa.
Una ola de solidaridad para el matrimonio Urahi
Victor y Ella Urahi en su apartamento con las paredes cubiertas de moho.Victor y Ella Urahi en su apartamento con las paredes cubiertas de moho.
Victor y Ella Urahi en su apartamento con las paredes cubiertas de moho.
(Alex Kolomoisky)
Cientos de personas se sintieron movilizadas por la historia del sobreviviente de la Shoá Víctor Urahi y su esposa Ella, publicada por Ynet. El artículo recibió una gran respuesta del público y se demostró una vez más el poder de la sociedad israelí para luchar por los más débiles, en los lugares donde el Estado falla en dar una respuesta.
La organización que acompaña a la pareja recibió donaciones por unos 40.000 dólares para ayudar al matrimonio de sobrevivientes del Holocausto. Un contratista les ofreció renovar su casa y otra persona se ofreció a financiar una estadía en un hotel durante el tiempo que dure la obra. La farmacéutica Teva ofreció financiar los medicamentos para la pareja y otra persona se ofreció a enviarles alimentos todas las semanas.
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