Iana y Amy. “Yo soy el único sostén económico”.
Iana y Amy. “Yo soy el único sostén económico”.
Album familiar
Shani y Aviad Abraham.

Madres solas en tiempos de pandemia

En épocas normales, las madres solas suelen recurrir a la familia, a amigos y a babysitters para que las ayuden. Pero debido al coronavirus de repente se encuentran solas con sus hijos. ¿Cómo se las arreglan, y qué hacer con el miedo a quedarse sin trabajo y sin sustento? “Intentamos mantener el optimismo”

Ada Ofir - Adaptado por Beatriz Oberlander |
Published: 24.03.20 , 10:14
“Habitualmente, mis padres me ayudan un poco. Una vez cada dos semanas, van a recoger a mi hijo al jardín de infantes. Yo trabajo a tiempo completo, y ahora pedí licencia sin goce de sueldo para dedicarme a él, y también porque me estoy mudando”, cuenta Shani Abraham, de la ciudad israelí de Petaj Tikva y madre de Aviad, de seis años. “Mi familia me ofrece ayuda, pero yo me niego porque mis padres están en el grupo de riesgo. Tampoco les pido ayuda a mis amigas”.
Pregunta: ¿Cómo le cuenta a su hijo Aviad lo que está pasando?
Respuesta: “Sus abuelos están muy involucrados en el día a día, aunque él no los ve con mucha frecuencia. Le conté a mi hijo que había una enfermedad contagiosa y que tenemos que cuidarnos. Él ve un rato el informativo en televisión, pero en pequeñas dosis. Intento ser flexible. Mi hijo no se está acostando a las horas habituales y se levanta un poco más tarde, como es natural, y nos viene bien a los dos. Después pensamos qué vamos hacer juntos. Hacemos muchas cosas creativas, como pintar en gouache. No salimos, pero tenemos la disciplina de hacer gimnasia en casa. Los dos recogemos juntos latas y cartones, y de ese modo aprende a tirar cosas a la basura, y a clasificar. Yo trato de que aprenda a estar solo. Y sobre todo que conserve el optimismo”.
Shani comenta que lo más difícil para Aviad es no ver a los amigos, pero que ella trata de que cada día hable con uno de ellos por videoconferencia. “Como madre sola, todas las decisiones dependen de mí”, dice. “A veces es mejor. Por otro lado, él está conmigo en todas partes, y ciertamente cuando no cuento con ayuda. Pero no hay más remedio”.
Shani y Aviad Abraham. Shani y Aviad Abraham.
Shani y Aviad Abraham.
(Album familiar)
Lo que más le preocupa es lo económico: “La que tiene una pareja cuenta con alguien en quien apoyarse. Y otro sueldo. Y no me refiero a gastos suntuosos, sino a las necesidades básicas como comida y alquiler”.
P.: ¿Y tiene tiempo para usted estos días?
R.: “Después de que mi hijo se va a la cama, tengo mucho tiempo para mí. Para ver una serie, tomar un café, aprender algo nuevo, leer un libro o un artículo. Trato de ‘convertir el agrio limón en una dulce limonada’. ¿Cuánto tiempo tenemos para estar juntos en la vida habitual? Tal vez una hora al día. Y ahora estamos juntos las veinticuatro horas, y lo valoro.
“Sólo ella y yo”
Meirav Pasi, que vive en la ciudad de Ramle y es la madre de Lior, que tiene un año y tres meses, cuenta que “hasta que empezó el problema del coronavirus Lior iba a la guardería, teníamos una rutina, los abuelos venían casi todos los días. Eran una ayuda importante, y mi hija Lior está muy ligada a ellos. Pero ahora estamos sólo ella y yo”.
P.: ¿Cómo se ha preparado para pasar este período?
R.: “En los últimos meses estoy pasando de un trabajo a otro, por lo que estoy mucho en casa. Con mi hija, insisto en tener un ritual mañanero: quitarse el pijama y vestirse. No quiero que se sienta mal. Trato de que haya un ‘orden del día’, casi como en la guardería: desayuno, actividades y siesta. Y después más actividades. He comprado mucho material para actividades creativas y juegos nuevos, a fin de que le resulte interesante. También ponemos música, y nos divertimos y hacemos locuras juntas. Y hay muchas caricias y abrazos”.
Meirav agrega: “Antes de que empezara el aislamiento, hice una compra especialmente grande que me va a durar dos meses. Y si me faltan algunas cosas básicas, mis padres me las compran, las ponen en la acera junto a mi casa y nos saludamos de lejos con las manos, con la mascarilla y los guantes puestos. Si me faltara algo más, iría con mi hija al almacén del barrio. Y le pedí a mi vecina que si iba a la farmacia, me avisara”.
Meirav y su hijaMeirav y su hija
Meirav y su hija.
(Album familiar)
P.: ¿Cómo se las arregla con las pequeñas cosas?
R.: “No es fácil. Estoy con mi hija desde las seis de la mañana, cuando se levanta, hasta que se acuesta. Y en el medio hay tres comidas diarias, limpieza, lavado de ropa. Como en cualquier otra casa, pero sola. Si tengo que ir al supermercado o a comprar un medicamento, en épocas normales le pedía a mi madre o a una amiga que lo hicieran por mí, pero ahora no es posible. Cuando no hay una pareja, por un lado no hay con quién pelear: no es fácil estar con alguien las 24 horas del día. Pero, por otro lado, no hay con quien compartir siquiera las cosas pequeñas, como el baño de Lior. Esto me dio una enorme lección de paciencia. Cuando la niña hace la siesta, yo trato de ordenar la casa, y por la noche me siento en el balcón con una taza de café y me aíslo un poco”.
P.: ¿Qué más ha aprendido estos días?
R.: “Cómo extraño mucho a mis padres, aunque hablamos por Zoom. A mi hija le llevó tiempo acostumbrarse a eso. Pero estos días he aprendido que estamos rodeadas de amor y que contamos con ayuda, que siempre habrá quien cuide a mi hija. Agradezco este regalo que es mi hija y que ha llegado a mi vida. La he esperado durante mucho tiempo, y ahora tengo la oportunidad de estar con ella todo el tiempo”.
“Es difícil, pero no me siento sola”
“Habitualmente trabajo a tiempo completo, y vivo con mis padres en un dúplex. Por un lado tengo privacidad, y por el otro ayuda”, cuenta Iana Arub, de la ciudad de Petaj Tikva y madre de Amy, de ocho años y medio. “Estos días he empezado a trabajar a tiempo parcial. Tres días por semana. Y cuando yo no estoy en casa, mi hija está arriba con sus cosas. Y cuando quiere, baja a comer.
“Si viviera sola, sería muy difícil porque Amy no podría ver a sus abuelos. Mi hermana, por ejemplo, no va a verlos debido a la situación, aunque hablan mucho por teléfono. En retrospectiva, es una gran suerte; de no ser así, no tengo idea cómo me las arreglaría. Es imposible que una amiga o una babysitter me ayuden”.
Iana y Amy. “Yo soy el único sostén económico”. Iana y Amy. “Yo soy el único sostén económico”.
Iana y Amy. “Yo soy el único sostén económico”.
(Album familiar)
P.: Cuéntenos cómo es su día a día a la sombra del coronavirus.
R.: “A lo largo del día, Amy tiene clases –estudia un poco a distancia–, y además hacemos actividades creativas, leemos juntas, repasamos el inglés, un poco de matemáticas y lengua. Ella incluso empezó a estudiar ruso por iniciativa propia. Preparamos tortas juntas, y ajustándonos a las limitaciones salimos a tomar un poco el aire.
“Por suerte, la maestra de ballet le envía videos, mi hija y las demás alumnas estudian pasos nuevos y le devuelven el video. Amy querría ir a la casa de alguna amiga, o invitar a una amiga a que venga a casa. Pero en lugar de eso se escriben por whatsapp y juegan por medio de aplicaciones”.
P.: ¿Qué es lo más difícil como madre sola estos días?
R.: “No me identifico con la definición de ‘madre sola’; no podría pedir más. Amy es extraordinaria y sensible, y tiene un gran corazón. Desde hace algunos años, tengo una pareja, pero yo soy el único sostén económico. Y tengo que pagar la hipoteca, la guardería, el seguro del auto y muchas otras cosas; todo recae en mí. Mis padres me ayudan un poco, pero es difícil. Sin embargo, no me siento sola. Mi familia me apoya y me escucha, tengo amigas y por supuesto mi pareja. Él trabaja cerca de casa, y viene muy a menudo. Pienso que hay que mantener el optimismo”.

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