Elem.
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Nachman Malihi.

"La calidez y el amor me salvaron de la calle"

"Yo era un niño de la calle, pero tenía ambiciones y deseos", dice Nachman Malihi, un joven que estuvo en condiciones de vulnerabilidad tras haber sido expulsado de una comunidad ortodoxa extremista. Actualmente estudia educación y trabaja como voluntario en Elem, la organización que lo ayudó en sus momentos más difíciles.

Meital R. Fishman - Adaptado por Leandro Fleischer |
Published: 31.12.20 , 11:55
En los últimos años escuchamos cada vez más historias desgarradoras sobre niños y niñas que no se sienten cómodos en la sociedad en la que viven. Son expulsados ​​de la comunidad y se encuentran solos, confundidos e indefensos. Muchos de ellos salen a la calle y degeneran en conductas delictivas y suicidas y en el consumo de alcohol y drogas.
Desafortunadamente, son muchas las historias de jóvenes que abandonan la escuela y viven en la calle que terminan en tragedia. Nachman Malihi (23) podría haber formado parte de esta triste estadística, pero su tremenda fuerza espiritual y de voluntad, su tenacidad y el apoyo, especialmente emocional, de la organización Elem lo ayudaron a recuperarse, a salir de la calle y a convertirse en un educador dedicado y visionario.
Nachman Malihi.Nachman Malihi.
Nachman Malihi.
(Álbum familiar)
Elem ha lanzado una campaña para reclutar voluntarios y personas que pasaron por la organización para que se desempeñen como embajadores y ayuden a recaudar fondos. Como muchas de las asociaciones en Israel y en todo el mundo, Elem atraviesa dificultades económicas por la falta de recursos y donaciones privadas como consecuencia de la pandemia. Estas donaciones son el oxígeno que necesitan niños como Nachman, que encuentran apoyo y asistencia en los centros Elem de todo el país.
Nachman Malihi nació en Safed, en el seno de una familia que abrazó la ortodoxia. "Fue una experiencia extrema, mi familia ingresó a una comunidad religiosa cerrada", dice. "Soy el mayor de nueve hermanos. Mi madre era ama de casa y mi padre estudiaba en un kollel (instituto para el estudio avanzado del Talmud y la literatura rabínica). No teníamos mucho dinero, y había problemas en los centros de estudio de la Torá. En la propia comunidad también había problemas de violencia y sexualidad, y finalmente mi padre nos sacó a todos de allí. A partir de ese momento todo se vino abajo”, recuerda.
Las dificultades y los traumas de la comunidad cerrada, combinados con una relación volátil con su padre, llevaron a que Nachman abandonara la religión y la casa de sus padres. A los 13 años se quitó la kipá y en su adolescencia se embarcó en una travesía larga y dura, en la que pasó por duras experiencias y tuvo una vida errante en la calle.
"Hubo intentos de volver a casa, pero nunca duraron mucho tiempo. Mi papá y yo nos peleábamos muy seguido. Mi mamá realmente quería que regresara, pero mi padre temía que yo representara un mal ejemplo para mis hermanos", relata.
De un buen chico que acababa de celebrar su bar mitzvah, Nachman pasó a vivir en la calle y en una situación de extrema pobreza. Durante varios años vivió en refugios improvisados: en bosques, casas abandonadas e incluso parques infantiles. A partir de ahí, el camino hacia el alcohol, las drogas y la conducta delictiva fue rápido.
Elem.Elem.
La organización Elem ayuda a jóvenes israelíes en estado de vulnerabilidad.
(Elem)
- ¿Cómo es vivir en la calle?
- Estaba acostumbrado a no dormir por las noches, fumaba marihuana y pasaba el día con amigos. Vivíamos en lugares abandonados hasta que nos descubrían y nos echaban. A los 16 comencé a salir con amigos a fiestas al aire libre, y esa fue la etapa en la que empecé a consumir drogas más duras como el LSD y hongos. Me dieron una sensación que no había sentido durante años. Estaba inseguro y me sentía miserable.
“Calidez y amor; eso fue lo que me salvó”
La guerra diaria por la supervivencia y la incapacidad de encajar en diferentes marcos hicieron que el estado mental de Nachman se deteriorara más. Pero luego vio un poco de luz en la oscuridad: la asociación Elem.
"Iba regularmente al centro juvenil de Elem en Safed tres o cuatro veces por semana. Esperaba para que abrieran las puertas del lugar para poder comer y beber, ya que yo no tenía nada. Pero sobre todo necesitaba hablar con alguien. Me faltaba atención. Conocí a muchas personas que me ayudaron. Sarah Sheva Shaul, que ahora dirige el centro, a menudo me llevaba a casa y me daba comida", comenta.
El centro juvenil de Elem en Safed, dice Nachman, fue su segundo hogar durante la mayor parte de su adolescencia en la calle. “Simplemente me escuchaban, no intentaban presionarme. Yo era muy obstinado y estaba muy herido espiritualmente. De ninguna manera estaba dispuesto a ir a casa con mis padres, eso estaba fuera de discusión, y ellos no intentaron convencerme. En Elem recibí mucha calidez y amor. Es algo que era importante para mí, en realidad me salvó. Es un sentimiento especial que alguien te preste atención, tu autoestima aumenta. El rabino Carlebach dijo que todo lo que un niño necesita en el mundo es un adulto que crea en él", afirma.
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Muchos de los proyectos de Elem se llevan a cabo en estrecha relación con el Ministerio de Bienestar, un socio de la organización desde hace mucho tiempo para ayudar y cuidar a los hombres y mujeres jóvenes en situación de vulnerabilidad. Hacia los 18 años decidió terminar los estudios y alistarse en el ejército. "Soy inteligente, por lo que en tres meses terminé el colegio secundario. Siempre tuve ambiciones y deseos, y una vez que me fijé una meta, la cumplí", asegura.
Después de su servicio militar y tras años de sobrevivir en las calles, Nachman decidió volver a la religión. Además, inició sus estudios académicos de licenciatura en educación social.
Hoy, Nachman tiene 23 años, está felizmente casado y es padre de un niño de un año. Vive una vida religiosa, "pero no extremista. Soy un hombre de fe, pero desde un lugar de amor y aceptación", enfatiza. Se lleva bien con su familia y también con su padre. "Hoy somos buenos amigos y puedo comprenderlo”, señala. Paralelamente a sus estudios académicos, Nachman se ofrece como voluntario en el mismo centro juvenil de Elem que cambió su vida hace unos años: acompaña a dos niños con historias de vida similares a la suya.
Su sueño desde los 16 años, dice Nachman, es establecer una granja agrícola para jóvenes. "Básicamente, por eso fui a la escuela. Quiero crear un lugar que les dé a los niños algo que yo no tuve: un lugar que les brinde, además de comida y alojamiento, la sensación de que reciben atención. Los niños como yo, que viven en la calle o en internados, están llenos de bondad, pero no creen en ellos mismos. Es suficiente con que alguien les preste atención para que quieran cambiar su vida”, concluye.
Artículo escrito con la colaboración de Elem
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