Papa Francisco
Bergman definió al papa Francisco como "el argentino más importante de la historia".
AFP
El rabino Bergman fue electo presidente de la Unión Mundial del Judaísmo Progresista.

"El diálogo entre judíos y cristianos está consolidado, el próximo paso es con el islam"

El rabino Sergio Bergman, presidente electo de la Unión Mundial del Judaísmo Progresista, asegura que el ejercicio interreligioso "es todo un tesoro". Las medidas que intentará impulsar como referente del movimiento reformista, su relación con el papa Francisco y la actualidad política de Israel. Exclusivo de Ynet Español.

Juan Martín Fernández Quintero |
Published: 19.03.21 , 14:32
La Unión Mundial del Judaísmo Progresista, establecida en Londres en 1926, es el ente que coordina y representa a nivel global a los movimientos judíos reformistas, liberales, progresistas y reconstruccionistas. Agrupa a casi 50 países, 1.200 comunidades y 1.800.000 personas. Se trata de una de las organizaciones religiosas más importantes del mundo y, a partir de mayo de este año, será presidida por un argentino: el rabino Sergio Bergman (59).
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El rabino Bergman será el nuevo presidente de la Unión Mundial del Judaísmo Progresista.
El rabino Bergman será el nuevo presidente de la Unión Mundial del Judaísmo Progresista.
El rabino Bergman fue electo presidente de la Unión Mundial del Judaísmo Progresista.
(Cortesía de la Unión Mundial del Judaísmo Progresista)
Luego de diez años sumergido en la política partidaria del país sudamericano, logrando ser el primer rabino en ocupar un cargo representativo en la Argentina (primero como legislador por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, luego como diputado nacional y por último como secretario de Ambiente), Bergman decidió volver de lleno al ámbito religioso. Por eso, desde Nueva York, donde permanece a la espera de su asunción (que tendrá lugar en Jerusalem), conversó con Ynet Español sobre sus expectativas al frente de la Unión, la actualidad política de Israel, la relación entre el judaísmo y el resto de las religiones monoteístas, y su vínculo personal con el papa Francisco.
-¿Qué medidas intentará impulsar como presidente de una de las organizaciones religiosas más importantes del mundo?
-En primer lugar, yo no la veo como una organización global federativa, sino como una plataforma global de soporte y empoderamiento para las comunidades de los diferentes países. Buscaré ser un embajador de este judaísmo que, si bien se mantiene fiel a las tradiciones, también intenta renovarse y adaptarse a las nuevas realidades. Principalmente me enfocaré en Israel, ya que es donde la mayor parte de los judíos vivirán en la próxima década y en donde está el principal desafío. Sucede que, a pesar de tratarse de un país innovador y desarrollador de las últimas tecnologías, vive bajo la extorsión de los monopolios y una visión oriunda de la Edad Media, que no le permite ser una sociedad plenamente democrática y pluralista.
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Unión Mundial del Judaísmo Progresista.
Unión Mundial del Judaísmo Progresista.
Unión Mundial del Judaísmo Progresista.
(Cortesía de la Unión Mundial del Judaísmo Progresista)
-¿Qué cambios considera necesarios para el crecimiento y la consolidación del movimiento reformista?
-Creo que, al igual que todas las organizaciones, deberemos replantearnos muchos aspectos. En particular debido a los cambios que aceleró la pandemia. Porque la pandemia no trajo cambios, simplemente los potenció. Los puso en una dimensión global. Nunca la humanidad toda estuvo sincrónicamente atravesada por una pandemia. Es una situación novedosa que modificó costumbres, y no solo en cuanto a las relaciones personales, sino en la forma de trabajar, producir e interactuar. Es evidente que las organizaciones del mundo, y en particular las judías, van a tener que cambiar quieran o no. Yo particularmente creo que el movimiento de agrupamiento por denominación es obsoleto. No responde a la necesidad de las personas, sino a la necesidad de los dirigentes y las estructuras. Por lo tanto, con miras en las próximas generaciones, que no necesariamente serán representadas por denominaciones u organizaciones, debemos aprovechar este nuevo escenario para reformular muchas cosas.
-¿Qué sucede con el judaísmo reformista en Israel hoy en día?
-Un primer dato relevante, y que debería ser un ejemplo en el mundo, es que el judaísmo reformista en Israel trabaja de manera mancomunada con el movimiento conservador. Sobre todo en temas que tienen que ver con los derechos y la igualdad ante la ley de los judíos. Luego, hay que decir que, tras las elecciones del próximo 23 de marzo, el movimiento reformista/progresista tendrá por primera vez un rabino en la Knesset (Gilad Kariv). Eso le dará visibilidad a la Unión en Israel, que hace 30 años lucha por el pluralismo religioso.
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El Tribunal Superior de Justicia de Israel.
El Tribunal Superior de Justicia de Israel.
El Tribunal Superior de Justicia de Israel.
(EPA)
-¿Qué le pareció el dictamen de la Corte Suprema de aceptar las trasformaciones llevadas a cabo por otros movimientos que no sean el ultraortodoxo?
-El dictamen genera un precedente innovador, ya que el Estado de Israel reconocía estas conversiones sólo cuando sucedían en el exterior y eran realizadas por rabinos de otros países. La decisión permitirá respetar la diversidad y la libertad del ejercicio de la tradición judía en todas las denominaciones. Sin embargo, el problema de fondo no está solucionado, ya que las autoridades todavía mantienen una coalición de monopolio con los grupos ulrtaortodoxos; cosa que sólo el cambio de tendencia de los votos de los ciudadanos podrá revertir. No nos olvidemos que, desde la creación del Estado, el sistema parlamentario adoptado permitió que pequeños grupos extremistas y marginales condicionaran las gestiones de los gobernantes.
-¿Cómo ve las elecciones del próximo martes?
-A decir verdad, no soy muy optimista. Creemos que la coalición de gobierno no debería incluir a los extremistas, pero eso no va a suceder, porque en la medida que el electorado esté partido y no haya una clara definición para la derecha o la izquierda, los ortodoxos aprovecharán esa coyuntura. De este modo, condicionan a los gobiernos sin siquiera ser una mayoría o primera minoría. Esta situación, para mí, es la principal contradicción de la sociedad israelí, tan moderna en todos los sentidos pero encallada en la Edad Media por la extorsión de las ortodoxias.
-¿Qué opinión le merece Benjamín Netanyahu?
-Creo que cumplió un ciclo, pero el desgaste político que generan las sucesivas elecciones en Israel provocan las condiciones para que pueda seguir. Más allá de que Netanyahu sin dudas es un líder indiscutible para la política israelí, el país necesita evolucionar hacia un liderazgo que le permita salir del lugar estancado en el que se encuentra hace ya varios años.
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Bergman fue el primer rabino en ocupar un cargo representativo en la Argentina.
Bergman fue el primer rabino en ocupar un cargo representativo en la Argentina.
Bergman fue el primer rabino en ocupar un cargo representativo en la política nacional en Argentina.
(AFP)
-Alguna vez dijo que el papa Francisco era como su mentor, un guía. ¿Cómo nació ese vínculo?
-Para mí siempre fue una relación de aprendizaje. Particularmente nunca me consideré un amigo de Jorge Bergoglio (su nombre secular), sino más bien un aprendiz, un discípulo por elección. Yo vengo de una institución pionera del judaísmo en la Argentina como el Templo Libertad, que históricamente dio lugar al diálogo interreligioso. Sin embargo, mi vínculo con él no comenzó como algo formal o protocolar. En 2001, cuando colapsó el sistema político de representación en la Argentina, mi tarea fue más bien ir a consultarlo, ya que veía en él un referente que podía unir a la espiritualidad con la urgencia de la participación política. Bergoglio impulsaba la construcción ciudadana, el compromiso cívico, la participación y el involucramiento. Entonces, comencé a militar la política cívica, no partidaria, y él fue mi mentor en esa misión. Incluso escribió el prólogo de mi libro. Creo que a veces en Argentina no tomamos dimensión de que somos contemporáneos del argentino más importante de la historia. Lo vemos con la mirada local y doméstica. Por supuesto que todos tenemos derecho a opinar y criticar pero su envergadura es innegable.
-Pero en 2010, finalmente, sí decidió involucrarse en política partidaria.
-Sí, para poder transformar algo. Creo que la política es una acción noble, necesaria e imprescindible para cambiar la realidad. Por eso ingresé al PRO (partido político de Argentina que integra la alianza de Juntos por el Cambio). Luego de diez años en distintos cargos, en 2019 di por concluida mi participación como funcionario público, entendiendo que era hora de hacer una pausa, reflexionar y tener autocrítica. Soy un convencido de que, a partir de 2023, Argentina puede reencausar el curso para no perder la república débil que tiene y que actualmente se encuentra amenazada.
-Por último, ¿cómo ve la relación hoy en día entre el judaísmo y la Iglesia Católica?
-Creo que Francisco tiene muy en claro que el diálogo entre judíos y cristianos está muy consolidado, y que el próximo paso es con el islam. Te diría que en Argentina somos un ejemplo en ese sentido. Muchas veces somos muy críticos con nosotros mismos y no sabemos valorar las cosas buenas que tenemos, pero el diálogo fraterno entre las religiones es todo un tesoro. En el caso de la Iglesia Católica, hay que darle el crédito que le corresponde a Juan Pablo II, que dio ese paso histórico cuando ingresó en la Gran Sinagoga de Roma y dijo que los judíos éramos como sus hermanos mayores en la fe. Allí se selló un capítulo muy largo en la historia del diálogo entre ambas religiones. Fue la piedra angular a partir de la cual hoy Bergoglio sigue adelante con la agenda para unir a todos los seres humanos más allá de sus religiones y confesiones.
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Juan Pablo II durante su visita a la Gran Sinagoga de Roma, en 1986.
Juan Pablo II durante su visita a la Gran Sinagoga de Roma, en 1986.
Juan Pablo II durante su visita a la Gran Sinagoga de Roma, en 1986.
(AFP)

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