Rabino Ucrania
Instituciones judías asisten a ucranianos afectados por la guerra.
JTA
Las dos caras de la comunidad judía de Ucrania a partir de la guerra: comunidades arrasadas y otras que crecieron.

Medio año bajo fuego: el efecto de la guerra en las comunidades judías de Ucrania

Mientras en las ciudades más castigadas por los bombardeados intentan asistir a los pocos judíos que se quedaron, en localidades más alejadas de los combates las comunidades absorben a los judíos desplazados.

Itamar Eichner - Adaptado por Tom Wichter |
Published: 28.09.22, 17:38
La guerra en Ucrania está cambiando sustancialmente la vida judía del país y de maneras diversas: algunas comunidades sufren la pérdida de sus integrantes e instituciones, mientras que otras crecen a partir del desplazamiento de judíos que buscan regiones más seguras.
“Desde el comienzo de la guerra, especialmente en los primeros meses, rescatamos a más de 36 mil judíos de las ciudades bombardeadas en la parte oriental del país”, cuenta el rabino Meir Stembler, presidente de la Federación de Comunidades Judías de Ucrania. “Aproximadamente la mitad de ellos emigró a Israel y más de 15 mil personas se mudaron a ciudades ucranianas más seguras, o aguardan en campos de refugiados en Polonia, Hungría o Moldavia con la intención de regresar a sus casas”, estimó el dirigente comunitario.
Mykolaiv, ciudad portuaria del sur ucraniano, es uno de los sitios más bombardeados por las fuerzas rusas. Hasta febrero, cuando comenzaron los ataques, vivían allí alrededor de 7 mil judíos. Según Shalom Gottlieb, emisario de la organización Jabad Lubavitch y rabino de la ciudad, hoy solo quedan la mitad. “Cientos de familias judías permanecen aquí y estamos en contacto directo con ellos”, afirma sobre una red de asistencia que cada viernes distribuye 600 kits de comida y elementos para la celebración del shabat.
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Las dos caras de la comunidad judía de Ucrania a partir de la guerra: comunidades arrasadas y otras que crecieron.
(Soroka Svitlana)
“Muchos judíos no se fueron por diversas razones: sus padres son ancianos y no los quieren dejar solos, familias cuyo padre está en el ejército y no se quieren ir sin él, y unas 150 familias que antes no estaban en contacto con la comunidad pero nos contactaron, entendiendo que la vida comunitaria ayuda a pasar mejor la guerra”, relata Gottlieb sobre la campaña de asistencia que mantienen en una de las ciudades más golpeadas del país.
En Yitomir,140 kilómetros al oeste de la capital Kiev, la vida judía florecía con sinagogas, instituciones educativas y un hogar de huérfanos. Pero tras el estallido de la guerra la mayoría de los integrantes de la comunidad judía abandonó el país. Incluso el rabino Shlomo Wilhelm, referente de la comunidad, huyó hacia Israel junto a 118 niños huérfanos que hasta hoy viven en un campo de refugiados en la ciudad de Ashkelon.
En vísperas de Rosh Hashaná la familia Wilhelm regresó a Yitomir y trata de recomenzar su misión. Los esperaban allí algunos judíos de la ciudad, especialmente ancianos, hombres que fueron reclutados por el ejército o personas que regresaron a sus hogares después de los primeros meses de la guerra. “No hay dudas de que la guerra causó grandes trastornos en las comunidades”, sintetizó Rafael Rothman, vicepresidente de la Federación de Comunidades Judías de Ucrania. “Gastamos más de 20 millones de dólares para la compra y transporte de equipos”, contó sobre el operativo de ayuda a las ciudades más necesitadas.
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Entrega de asistencia humanitaria en una comunidad judía de Ucrania.
(FJCU)
Así como comunidades judías enteras fueron destruidas o gravemente afectadas por la guerra, otras crecieron significativamente a fuerza de judíos que se trasladaron desde regiones hostiles hacia otras algo más alejadas de las bombas rusas. “Hay comunidades judías que duplicaron su población”, asegura el rabino Shlomo Peles, director del programa de emergencias y rescate de la organización Jabad Lubavitch en Ucrania. Peles se refiere a comunidades como la de Vinnytsia, en el centro del país; Uzhhorod, en la frontera occidental con Eslovaquia; y Chernovtsi, cerca de las fronteras con Rumania y Moldavia.
Liron Ederi, rabino de Krivói Rog, lidera una de esas comunidades que “creció desde el estallido de la guerra” y vio cómo se nutrieron de vida comunitaria su sinagoga, los estudios de Torá para mujeres y las actividades de oraciones semanales. Dan Zacuto, rabino del distrito de Kirovogrado, afirma que “antes de la guerra conocíamos a 2 mil judíos de la ciudad y hasta hoy creció un 10%, conocemos al menos a 200 judíos que llegaron desde otras regiones”.
“Con la ayuda de miembros de la comunidad encontramos alojamiento para ellos. Un socio facilitó una casa grande y en cada habitación se hospeda una familia diferente. Yo personalmente empleé a 10 de estos refugiados en puestos relacionados con la comunidad y la sinagoga”, describe Zacuto sobre la nueva realidad de su comunidad.
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