Clinton y Lewisky
A Bill Clinton lo delató una arruga en su cara.
Getty Images
"La mentira es una necesidad social."

Cómo descubrir que le mienten

Si “leyéramos” bien “las señales que emiten” los mentirosos y su lenguaje corporal, nosotros solos podremos darnos cuenta de cuándo alguien nos está mintiendo. Guía completa para detectar y reconocer a los mentirosos que nos rodean,

Yogav Israel - Traducido por Beatriz Oberlander |
Published: 27.07.20 , 13:59
En el año 1994, Suzan Smith –entonces una mujer joven que vivía en Carolina del Sur, Estados Unidos– introdujo a sus dos hijos pequeños, de 1 y 3 años, en el asiento trasero de su camioneta, y condujo el vehículo en dirección a un lago. El motivo: quien entonces era su esposo le había dicho que, para él, los niños son un obstáculo en sus relaciones. La cruel madre se presentó ante la prensa, y contó que un desconocido había secuestrado su vehículo con los niños adentro, y consiguió que muchísimas personas ayudaran a buscarlos. Después de una intensa búsqueda, se encontró el vehículo de Smith en un lago que había cerca de su casa, y adentro estaban los cadáveres de los niños.
Daniel Atías, ex investigador policial y experto en lenguaje corporal y en relaciones interpersonales, recuerda perfectamente el caso. “Se veía claramente que no había coincidencia alguna entre lo que decía Smith, cuando pidió ayuda para encontrar a sus hijos pequeños, y la expresión de su cara, que no reflejaba a una madre angustiada. Incluso se podía percibir una leve sonrisa en los labios”.
Se recuerda a Smith por su crueldad, pero también por su mentira descarada. Naturalmente, la mayoría de nosotros no solemos estar frente a decenas de cámaras de televisión mintiendo descaradamente, pero todos mentimos todos los días, aun cuando no nos pesquen y ni despertemos sospechas.
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"La mentira es una necesidad social."
(Shutterstock)
Para Anat Hejt Fishcer, experta en lenguaje corporal, en comunicación y en imagen, que trabaja en esos campos desde hace casi veinte años, "la mentira es una necesidad social". “Es algo que todos necesitamos para vivir en sociedad –añadió–. Un ejemplo de ello es una abuela que le lleva un regalo feo al nieto, y éste le dice ‘gracias’. O los elogios falsos que hacen a la comida los invitados a una boda para no ofender a los felices recién casados. Una falta de tacto en ese contexto puede perjudicarnos socialmente, por lo que sentimos que es correcto mentir en determinadas situaciones cuando las intenciones son buenas. Muchos de nosotros no somos conscientes de ello, pero la gente miente al menos diez veces al día”.
Por lo visto, la mentira ha formado parte de nuestra vida desde siempre. Atías señala que a lo largo de la historia del ser humano se han buscado varias y variadas maneras de descubrir –por necesidad– las mentiras, entre otras cosas para reparar problemas sociales y conflictos. Los romanos y los griegos torturaban a los esclavos y a los extranjeros cuya credibilidad estaba en duda, a fin de descubrir eventuales mentiras. En la Edad Media, la lucha cuerpo a cuerpo (que entonces se llamaban “justas”) era un método común para descubrir la verdad. En ese método, el veredicto estaba en manos de los dioses, que sabían diferenciar entre quién decía la verdad y quién mentía, y los dioses lo hacían saber por medio del resultado de la “justa”.
Otra forma de aclarar dónde estaba la verdad era luchando contra los elementos, principalmente el agua y el fuego. Por ejemplo, se arrojaba al río a una mujer a la que se consideraba adúltera. Si salía sana y salva era señal de inocencia, y si se ahogaba constituía una prueba de que era culpable. En Gran Bretaña, la llamada prueba del agua para llegar a la verdad se utilizó hasta el siglo XIII. Y en India se sigue utilizando hasta el día de hoy.
Atías comenta que en algunos países africanos se utiliza el agua como prueba de credibilidad. Pero en este caso se trata de agua hirviendo. Se pide a las personas de quienes se sospecha que mienten que introduzcan primero la mano derecha en un barril con agua fría, e inmediatamente después en otro con agua hirviendo. Al cabo de algunas horas, se determina la culpa de la persona según las ampollas y quemaduras que tiene en la mano. Las manos de quienes dicen la verdad no presentan heridas ni quemaduras. En otras ocasiones, se pide al sospechoso de mentir que trate de sacar una pequeña piedra o un anillo del barril de agua hirviendo, y si lo consigue se declara que dice la verdad.
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Descubriendo la verdad por medio de la lucha cuerpo a cuerpo (una "justa") de la serie The Crown.
(HBO)
En la era de las redes sociales y las aplicaciones, la mentira se ha vuelto más fácil, sobre todo porque la gente se siente mucho más cómoda detrás de los monitores. En este caso es posible descubrir mentiras únicamente si se trata de personas a las que conocemos y con las que nos escribimos desde hace mucho tiempo. Entonces es posible percibir que cambió su forma de escribir. En cambio, en una conversación telefónica es absolutamente posible descubrir la mentira basándose en la voz de la persona que está del otro lado.
“Es importante prestar atención si ha habido un cambio en el tono de pronunciar determinadas palabras. Si se dice una frase en un tono rotundo, y una palabra importante en voz más baja o más alta, es posible que detrás de ello se esconda una mentira”, dice Atías. “Si un vendedor trata de venderle un producto en un tono seguro y con autoridad, pero justo cuando habla de la calidad del producto o de su precio cambia el tono de voz, al parecer tiene algo que ocultar sobre el producto. También una forma de hablar poco fluida puede indicar que se trata de una mentira porque la persona que habla se toma más tiempo para pensar qué decir y cómo decirlo”.
¿Y qué podemos decir sobre mentiras que se dicen cara a cara y no por teléfono? “El mensaje que transmite la persona tiene credibilidad cuando hay una coincidencia total entre el mensaje verbal y el no verbal que transmite la persona”, señala Hejt Fisher. “En el momento en que lo que dice la persona y su lenguaje corporal no coinciden, se ponen en funcionamiento ‘luces de advertencia’ y junto con éstas la intuición”.
"Mentirosos hábiles saben hacer malabarismos con las palabras”, dice Atías. “Esas personas saben hablar, elegir las palabras adecuadas para cada situación, manipular por medio de juegos de palabras, y hacerse amigos muy rápido por medio de una conversación banal y una imaginación desarrollada."
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Actualmente es más fácil mentir.
(Shutterstock)
La opinión generalizada de los expertos es que las señales universales de la mentira aparecerán la mayoría de las veces en el mismo momento en el que se miente, o muy poco antes. Esto es así porque se nota que la persona que miente está pensando en lo que va a decir, y no habla con espontaneidad. Se trata de una décima de segundo antes, durante la cual se pueden percibir las señales, sobre todo en los ojos o en la forma de hablar. Hay otras señales que aparecerán poco después del momento en que se dice la mentira: se trata de una especie de “descenso de la tensión” que se produce cuando se vienen abajo los muros defensivos.
Pregunta: ¿Esas señales van a aparecer necesariamente en el caso de todas las personas que mienten?
Respuesta de Hejt Fisher: Una persona normal suele tener reacciones físicas cuando miente. Aumentar los latidos del corazón, la presión arterial y la temperatura del cuerpo, y como consecuencia de ello va a transpirar más. También es posible que tenga la boca seca, una respiración agitada, y que le tiemblen las manos. Pero debemos recordar que todo eso depende de que la persona sea consciente de que miente o no. Si, por ejemplo, se le hace a la persona una pregunta cuya respuesta puede interpretarse de distintas maneras, como “¿ha abusado usted sexualmente de una mujer?”, pero él piensa que no lo hizo porque desde su punto de vista lo que hizo fue entablar una relación amorosa con la chica, o sólo apoyó la mano sobre ella, y él efectivamente cree en ello, en su caso no aparecerán los síntomas mencionados. Incluso es posible llegar a la conclusión de que está diciendo la verdad en el polígrafo, también llamado “detector de mentiras”. Pero si se le hacen preguntas concretas como “¿ha tocado usted a la chica?”, que no dependen de ninguna interpretación, ciertamente es posible descubrir la mentira.
“Además, es necesario que las dos partes se pongan de acuerdo y tengan claro que se refieren a lo mismo en cuanto a lo que uno espera del otro. Por ejemplo, cuando el padre o la madre le dicen a su hijo que ordene el cuarto, el niño puede entender que la palabra ‘orden’ quiere decir meter todos los juegos y juguetes debajo de la cama. Por eso es necesario definir a qué se refieren, y qué es realmente orden. Tampoco en este caso van a aparecer necesariamente las señales que indican que el niño miente”, agrega Hejt Fisher.
“En total hay siete expresiones básicas que forman parte del ADN humano, y por eso no son diferentes en el caso de un bebé o de un adulto, o en el de una persona que vive en un continente u otro: miedo, alegría, tristeza, ira, desdén o desprecio, sorpresa y aversión o rechazo”, señala por su parte Maaián Bashán, experta y comentarista de lenguaje corporal. Bashán también analiza en la prensa el lenguaje corporal de políticos y de famosos. “El 93 por ciento de la comunicación se transmite por medio del lenguaje corporal. Éste se divide en macro-expresiones –que duran hasta medio minuto, vienen de la conciencia y las personas tienen un control total sobre ellas– y micro-expresiones. Estas últimas son expresiones breves y rápidas que se manifiestan por medio de gestos. Los gestos de la cara y de las manos vienen del inconsciente, y la gente no tiene control sobre ellas. El 80 por ciento de nuestras expresiones son macro, de modo que si quieren descubrir una mentira tendrán que centrarse en el 20 por ciento restante: las micro”.
Todos recordamos el caso famoso en el que se acusó a Bill Clinton, cuando era el presidente de Estados Unidos, de haber tenido relaciones sexuales con una joven que trabajaba entonces en la Casa Blanca: Mónica Levinsky. En un intento de demostrar su inocencia ante el pueblo de Estados Unidos, Clinton declaró en televisión que no tuvo relaciones sexuales con “esa mujer”. Al final de esa frase, justamente cuando dijo “esa mujer”, se percibió una micro-expresión en forma de arruga en la frente de Clinton porque había juntado las cejas.
Clinton y LewiskyClinton y Lewisky
La arruga en la cera delató a Bill Clinton respecto de su relación con Mónica Levinsky.
(Getty Images)
Los expertos describen del siguiente modo las principales señales físicas que indican que una persona está mintiendo:
-1- Mirar a la derecha y hacia arriba indicarán que la persona trata de obtener información por medio de la imaginación visual. Es decir, mentir creando una imagen que no existe. El motivo de ello radica en el hecho de que el cerebro está dividido en dos lóbulos: el derecho es el responsable de la creatividad, de las emociones y de la imaginación, y el izquierdo es responsable del orden, la organización y la memoria. Si ustedes le hicieron una pregunta, y la persona mira hacia la derecha y arriba antes de responder, es probable que esté inventando una respuesta. Pero si mira a la izquierda y hacia arriba, sencillamente está tratando de recordar.
-2- Girar el torso, en particular el pecho, y mover las rodillas y desviarlas indican que se trata de una mentira por pérdida de atención e interés.
-3- Los ojos son órganos excelentes para descubrir mentiras porque son los únicos sobre los que no hay ningún control. Se puede reducir la tensión arterial o dejar de respirar unos momentos, pero el que controla los ojos es el inconsciente. Los ojos cuentan mucho sobre el estado emocional y sobre la mentira. Por ejemplo, un parpadeo que dure demasiado y/o cuando se bajan los párpados indican que se está ocultando información de manera intencionada.
-4- También la palma de la mano pueden contribuir a detectar a los mentirosos. La palma de la mano simboliza el inconsciente, y la parte superior de la mano lo consciente. Por ello, la gente que junta manos o las pone en los bolsillos, al parecer quiere ocultar información o distorsionarla.
-5- Las personas que mienten ocupan el mínimo lugar posible en el espacio y se repliegan dentro de sí mismas.
-6- Tocarse la nariz puede deberse a un resfrío, a alergia o a una situación embarazosa, pero si se hace inmediatamente después de una pregunta especial es una señal clásica de que la persona está mintiendo. El motivo es que las hormonas se liberan en el cerebro y se transforma la circulación de la sangre en la zona de la nariz y los ojos, lo que produce una sensación de cosquilleo en la punta de la nariz.
-7- Cuando se está mintiendo, hay una tendencia inconsciente a sonreír o a reír.
-8- Movimientos inconscientes como cuando la pierna rebota, o un tamborileo en la mesa pueden indicar que se está mintiendo (pero a veces son solamente producto de estrés).
-9- Tocarse la cara, y sobre todo acariciar la zona de la boca, puede contribuir a tranquilizar a alguien que está mintiendo.
-10- También demorarse o utilizar sonidos no naturales cuando se habla.
Pero antes de llegar a la conclusión de que la persona que está frente a ustedes oculta algo porque se puso la mano en los bolsillos, respiren hondo. Existe la posibilidad de que sencillamente tenga frío. Hejt Fisher afirma que hay que estudiar un poco el lenguaje corporal para darse cuenta si la persona que está frente a nosotros mueve la pierna porque intenta ocultar algo, o porque es hiperactiva.
“El comportamiento de una persona que miente es el contrario de lo habitual en esa persona”, dice Hejt Fisher. “En todo caso, no hay que basarse en una sola señal que crea una sospecha ni ser demasiado rotundos. Cuando queremos saber si nos están mintiendo, tenemos que basarnos en la intuición, y conviene que haya al menos tres señales diferentes que confirmen la sospecha”, añade.
También Shájar Cohen, guía de PLN (sigla de ‘procesamiento de lenguajes naturales’, un método psicológico destinado a establecer una relación profunda entre el instructor [actualmente se utiliza mucho el término inglés ‘coach’ para referirse a aquél] y el paciente), así como de desarrollo personal, cree que no hay una señal única que indica que estamos ante una mentira. “Quien de verdad quiere aprender a ‘leer’ el lenguaje corporal tiene que observar la situación en su totalidad. Es decir, tener en cuenta las demás expresiones del lenguaje corporal de la persona, y la situación. También hay que prestar atención a los cambios –calibrar en el lenguaje PLN– porque lo que de verdad importa no son las señales mismas sino sus cambios."
“Si una persona está todo el tiempo tensionada, el hecho de percibirlo en sus músculos no es muy significativo. En cambio, si en general esa persona es tranquila y está relajada, y en cierto momento se pone tensa, esa señal es muy significativa. En realidad, es exactamente así como funciona el polígrafo o detector de mentiras: ‘sabe’ cómo somos cuando estamos tranquilos, y ‘sabe’ detectar los cambios fisiológicos sutiles e incontrolados que se ponen en funcionamiento cuando mentimos y en consecuencia nos ponemos tensos”, concluye Cohen.
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