El primer ministro Benjamin Netanyhau presenta su plan para repartir dinero a todos los ciudadanos.
El primer ministro Benjamin Netanyhau presenta su plan para repartir dinero a todos los ciudadanos.
Kobi Gideon / GPO
¿El dinero llueve del cielo?

Los peligros de repartir dinero como si lloviera del cielo

Opinión. La crisis del coronavirus llevó a muchos países, incluido Israel, a entregar efectivo a sus ciudadanos. Esta práctica no sólo es contraria a la sabiduría económica común, sino que también puede resultar contraproducente.

Sophie Shulman - Calcalist |
Published: 01.08.20 , 16:38
Una de las principales armas que tenemos en la lucha contra el coronavirus (COVID-19) es el distanciamiento social, y ya está creando cambios dramáticos en nuestras estructuras sociales, en bastantes sectores empresariales y en la psiquis humana. Una serie de expertos ahora se ocupan de la cuestión de cómo la auto reclusión forzada puede afectar a los seres humanos. Pero hay otro cambio importante, que podría tener efectos a largo plazo pero que parece estar recibiendo menos atención: la impresión de dinero.
A lo largo de la historia de la ciencia económica nos enseñaron que los gobiernos no deberían abusar del gasto; pero 2020 convirtió muchas cosas que alguna vez fueron impensables en realidades comúnmente aceptadas. Un ejemplo es lo que Milton Friedman –uno de los economistas más influyentes del siglo XX– llamó dinero en helicóptero. Desde que Friedman acuñó el término, en 1969, siguió siendo, en su mayor parte, un ejercicio mental para discusiones teóricas entre los investigadores. Ahora, se ha convertido en realidad.
¿El dinero llueve del cielo?¿El dinero llueve del cielo?
¿El dinero llueve del cielo?
(Shutterstock)
La idea es simple: el gobierno hace llover dinero sobre todos, sin discriminación ni preferencia. El dinero sale de la nada, en forma de cheque, por correo o transferencia bancaria. En los Estados Unidos, el dinero en helicóptero ayudó a millones de ciudadanos que recibieron un cheque por u$d 1.200 firmado por el presidente Donald Trump en abril. Ahora, el gobierno de los Estados Unidos está considerando una segunda ola de subvenciones.
En Israel, la primera ola se otorgó a los padres con hijos menores de edad, que recibieron 500 shekels (aproximadamente u$d 145) por niño (hasta cuatro niños) hace tres meses. Se espera que la segunda ola llegue tan pronto como la próxima semana en la que cada ciudadano adulto recibirá 750 shekels, así como 500 adicionales por cada uno de los primeros cuatro hijos de un padre y 300 shekels por cada niño adicional.
El primer ministro Benjamin Netanyhau presenta su plan para repartir dinero a todos los ciudadanos. El primer ministro Benjamin Netanyhau presenta su plan para repartir dinero a todos los ciudadanos.
El primer ministro Benjamin Netanyhau presenta su plan para repartir dinero a todos los ciudadanos.
(Kobi Gideon / GPO)
En otros países, el dinero se canaliza menos directamente o se limita a grupos específicos. En algunos lugares, por ejemplo, se requiere que las personas presenten solicitudes o se entrega sólo a quienes lo necesitan, a pequeñas empresas o a trabajadores independientes. También hay subvenciones y beneficios destinados a alentar a los empleadores a mantener a los trabajadores.
Aunque acuñó el término, Friedman no era en absoluto un defensor del dinero del helicóptero. Él creía que el Estado no debería rociar a los ciudadanos con efectivo, al menos no de manera tan directa. Todos los ministros de finanzas israelíes de antaño, todos los gobernadores de bancos y todos los representantes del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional parecían estar de acuerdo y durante décadas hablaron de responsabilidad monetaria y fiscal y de limitar la intervención del gobierno en la economía.
De repente, Friedman ya no está marcando el tono y ha sido reemplazado por John Maynard Keynes. El economista británico afirmó que en tiempos de crisis "la mano invisible" del mercado no sería suficiente, por lo que se necesita una amplia intervención del gobierno. Keynes, al parecer, se ha convertido en la nueva estrella de la realidad global.
Hace sólo seis meses, nos horrorizó la idea de un déficit nacional superior al 3% y ahora Israel ni siquiera retrocede, ya que habla de un déficit del 10%. El banco central del país está comprando bonos corporativos no gubernamentales de compañías privadas y el gobierno está entregando efectivo a los ciudadanos. Parece que Covid-19 nos ha convertido en keynesianos.
Pero incluso Keynes, cuando habló de la intervención del gobierno, se refirió a la creación de empleos, no a la distribución de dinero gratis. Sin embargo, las grandes pandemias pueden cambiar el curso de la historia, crear un nuevo orden mundial y promover nociones revolucionarias. Ahora, a medida que las entregas de efectivo del gobierno sacuden las economías globales, la idea –vagabunda hasta hace poco– del ingreso básico universal va ganando apoyo.
Israel, por ejemplo, acaba de emitir, por primera vez en su historia bonos a 100 años para tratar de manejar la crisis. Según el Fondo Monetario Internacional, los países más ricos del mundo tomarán préstamos masivos para cubrir sus crecientes gastos y deudas, ahora estimados en 4.2 billones de dólares. Después de una década de interés mínimo que ayudó a los países a reducir la deuda, ahora estamos al borde de una nueva era. Los déficits de dos dígitos y una alta relación deuda-producto nacional tienen implicaciones en forma de impuestos más altos y un crecimiento más lento.
Otra consecuencia inmediata es la inflación. Como regla general, tener más dinero en el mercado tiene dos resultados posibles: aumento de la producción o aumento de los precios. Después de todo, el dinero tiene que ir a algún lado. El escenario de aumento de la producción no es muy probable en este momento, ya que el mundo se prepara para una plaga prolongada, lo que conlleva una tendencia a limitar el consumo y reducir el gasto.
InflaciónInflación
Es más probable que haya más inflación y no mayor producción, según la autora.
(Shutterstock)
El aumento de los precios, por otro lado, parece más sensato. Consideremos, por ejemplo, la situación de un restaurante que, debido a las restricciones sanitarias actuales, puede servir a menos clientes, por lo que aumenta sus precios, o aerolíneas que pueden transportar menos pasajeros en cada vuelo. Al mismo tiempo, también hay una creciente demanda de algunos productos, como computadoras y artículos para el hogar, mientras que algunas empresas se desploman y hay menos bienes importados disponibles. El resultado obvio de todos estos procesos sería aumentar los precios, y la punta del iceberg ya es visible en los hoteles israelíes, cuyos precios se han disparado ya que los ciudadanos locales no pueden viajar al extranjero, por lo que la demanda excede la oferta disponible.
Tomará tiempo para que el impacto completo sea evidente. El interés sigue siendo bajo y seguirá siendo así en el futuro cercano; los gobiernos aún no se han atrevido a extender la creciente deuda a los ciudadanos en forma de impuestos; y la mayoría de los precios aún no han subido. El temor es que, justo, cuando logremos erradicar el COVID-19, volver a poner en funcionamiento el mercado y aumentar el consumo, comiencen a subir los precios y que el interés aumente junto con ellos.
En otras palabras, el impacto del COVID-19 en los hogares (desempleo, recortes salariales, reducción de personal) es experimentado por cada individuo en este momento, y las subvenciones en efectivo del Estado están destinadas a ayudar a hacer frente a esa situación. Sin embargo, sus implicaciones más amplias y dolorosas aún están por llegar.
Los gobiernos pueden volverse adictos a imprimir y repartir dinero. Los gobiernos pueden volverse adictos a imprimir y repartir dinero.
Los gobiernos pueden volverse adictos a imprimir y repartir dinero.
(Shutterstock)
El propio Friedman nunca imaginó que realmente sucederían las donaciones masivas en efectivo. Para él, no era más que una teoría. Ahora, el peligro es que este hecho único, provocado por una pandemia mundial, pueda convertirse en una adicción del gobierno a imprimir dinero, ya que el efecto macroeconómico no se siente a corto plazo.
Los líderes mundiales pueden encontrar que el dinero en la mano funciona como un tranquilizante para los ciudadanos enojados, y esto definitivamente podría crear una dependencia. Y, tan pronto como se elija este camino, no habrá vuelta atrás.

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