Nadav Argaman. No le gusta el uso de “la herramienta” en asuntos relativos al coronavirus.
Nadav Argaman. No le gusta el uso de “la herramienta” en asuntos relativos al coronavirus.
Ohad Zoigenberg
Gente con barbijos circulando por el Mercado del Carmel en Tel Aviv.

La herramienta: el arma secreta de la inteligencia israelí

Con el apodo de “la herramienta”, el Shabak (los servicios secretos israelíes del interior, también conocidos como “Shin Bet”, las dos letras hebreas que componen su sigla) cuenta con una impresionante base de datos, que recoge y guarda información sobre todos los ciudadanos y habitantes de Israel. Se creó en su momento para contar con información sobre terroristas, pero ahora se está utilizando para rastrear y hacer el seguimiento de enfermos de coronavirus. Fuentes del Shabak dicen: “Manejamos la información con muchísimo cuidado y de acuerdo con la ley”.

Ronen Bergman e Idó Schwarztoj - Adaptado por Beatriz Oberlander |
Published: 04.05.20 , 15:51
Luego de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, anunciara que se iba a utilizar un sistema de rastreo y seguimiento digital del Shabak para detectar enfermos de coronavirus, Israel se vio inundada por una ola de informaciones erróneas y de bromas por whatsapp. Hubo quienes dijeron que el Shabak se iba a infiltrar en los teléfonos celulares de los ciudadanos. Otros rumores hablaban de una serie de aplicaciones infectadas o maliciosas. Pero según nuestra investigación, el rastreo y seguimiento de los enfermos de coronavirus no se hace a través de los teléfonos celulares, ni por medio de una aplicación camuflada. Simplemente porque no hace falta. Los Servicios Generales de Seguridad (Shabak es la sigla en hebreo) ya tienen una base de datos secreta en la que se recoge y se guarda información sobre todos los ciudadanos de Israel, todo el tiempo, independientemente del coronavirus. En el Shabak (que cuenta con 5.000 miembros) la llaman “la herramienta”.
Lo único que tuvieron que hacer Netanyahu y el Ministerio de Salud fue autorizar el uso de esa base de datos… e introducir los nombres de los enfermos confirmados. Todo el resto –dónde estaban los enfermos, con quién hablaron, quién pasó cerca de ellos y otros datos– de todos modos se recoge y recopila todo el tiempo sobre todos los ciudadanos de Israel. Sí, incluso si usted es un israelí de quien no se sospecha que tenga ninguna actividad terrorista y está completamente sano, hay quienes recogen datos sobre usted.
El domingo 26 de abril, el Tribunal Superior de Justicia de Israel detuvo la posibilidad de que se usara "la herramienta" en la lucha contra el coronavirus. Y lo hizo en respuesta a varias demandas presentadas contra el uso de "armas" del Shabak en asuntos no relacionados con su misión. En la sentencia, el Tribunal Supremo exige que haya una legislación especial para el uso de "la herramienta" en asuntos no relacionados con su misión –en este caso, en la lucha contra el coronavirus–, y advirtió en ese contexto del peligro de "una pendiente resbaladiza" por la amenaza a la privacidad y a los derechos del ciudadano. Netanyahu le había pedido recientemente al Shabak autorización para que se pueda utilizar "la herramienta" en la lucha contra el coronavirus (a fin de detectar gente infectada, a las personas con las que estuvieron en contacto y más), y como excepción el jefe de los servicios secretos había accedido.]
Gente con barbijos circulando por el Mercado del Carmel en Tel Aviv. Gente con barbijos circulando por el Mercado del Carmel en Tel Aviv.
Gente con barbijos circulando por el Mercado del Carmel en Tel Aviv.
(Moti Kimchi)
En épocas normales, “la herramienta” se utiliza en la lucha antiterrorista, y no hay duda de que contribuye en gran medida al éxito sin precedentes del Shabak en este terreno. “‘La herramienta’ le ha salvado la vida a un sinnúmero de israelíes”, dice quien fuera uno de los miembros más destacados del Shabak. “Es difícil concebir nuestra lucha contra el terrorismo, así como todo lo que hacemos para descubrir espías, sin ella”.
Pero “la herramienta” también encierra un peligro. Un gran peligro. En nuestra investigación hemos descubierto que es una base de datos en la que se ha recogido y recopilado información sin que ninguno de nosotros, y ni siquiera la Knesset (el Parlamento israelí) –salvo los cinco miembros de la Subcomisión para la Información [el término ‘información’ es a menudo en Israel un eufemismo de ‘secreto’], a quienes se informa en términos muy generales una vez al año– tengamos ni idea acerca de cómo se recoge ni cómo se almacena, y tampoco de qué manera exactamente se utiliza. Los jefes de gobierno jamás han dado a conocer los decretos que emitieron al respecto –en el marco de la ley– ni su contenido. Los debates sobre este tema, si los hubo, nunca trascendieron al público israelí. Eso quiere decir que un sistema gigantesco, que recoge “terabytes” de información sobre todos los ciudadanos de un país democrático, se mueve en la más completa oscuridad.
Hasta hace algunos días.
En el año 2013 estalló en el mundo, e hizo mucho ruido, el caso que después tomó el nombre de su protagonista: Edward Snowden, un miembro del “colectivo de miembros de los servicios secretos” de Estados Unidos. Snowden reveló que la Agencia Nacional de Seguridad (la NSA, según la sigla en inglés y equivalente de la unidad 8200 israelí), recoge montañas de información de las empresas telefónicas, de los celulares y de Internet sobre todos los ciudadanos del mundo, incluidos –por supuesto– la totalidad de los estadounidenses. Este proyecto impresionante de recogida de datos, llamado Prisma, no está dirigido contra sospechosos de terrorismo ni de otras actividades ilegales. Se trata simplemente de una gigantesca base de datos de casi todas las búsquedas de Google, e-mail, post o conversaciones telefónicas de todos los ciudadanos. Estos días nos hemos enterado de que también Israel cuenta con una enorme base de datos de sus ciudadanos.
“Cuando estalló el caso Snowden, aquí nos reímos porque lo que el mencionado 'colectivo de servicios secretos' de Estados Unidos intenta ocultar, y que causó un escándalo tan grande en la opinión pública de ese país, en Israel es una ley escrita muy clara”
[La 8200 es una unidad perteneciente a los Cuerpos de Inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel, cuya misión es la captación de señales secretas y el descifrado de códigos. Es la mayor unidad de las Fuerzas de Defensa de Israel, que cuenta con varios miles de soldados.]
Quien fuera un destacado miembro del Shabak dijo: “Cuando estalló el caso Snowden, aquí nos reímos porque lo que el mencionado 'colectivo de servicios secretos' de Estados Unidos intenta ocultar, y que causó un escándalo tan grande en la opinión pública de ese país, en Israel es una ley escrita muy clara”.
En efecto, primeros ministros israelíes han ordenado a empresas de celulares –siempre de acuerdo con una serie de cláusulas y normas (algunas de ellas secretas) que figuran en la ley– que transmitan al Shabak toda la información sobre la totalidad de sus abonados. Se trata de los ciudadanos israelíes y una parte importante de los habitantes de Cisjordania, con mayoría palestina. Así se creó “la herramienta”.
¿Qué es exactamente lo que se recoge allí y se almacena? Haim Guirón, ex subdirector de tecnologías futuras y de cibernética del Ministerio de Comunicaciones de Israel, dice que las mencionadas empresas telefónicas “están obligadas por ley a entregar todos los datos que les exijan los servicios de seguridad. Cada conversación crea un registro en los sistemas de la empresa de comunicaciones. Ese registro incluye muchos datos: el número de teléfono del que sale la llamada, el destino de la llamada, el número de teléfono al que se llama, el lugar en el que se encuentra el aparato: en qué “sitio celular” (Cell, en inglés) y en qué sector de antenas. Lo mismo respecto del aparato que recibe la llamada. El lugar en el que está el aparato queda registrado aun cuando el abonado no mantenga una conversación o no envíe un mensaje de texto. Y la red sabe en todo momento dónde está”.
M., un destacado funcionario del Ministerio de Defensa que perteneció al “colectivo de miembros de servicios secretos”, dice que eso no es todo. Y cuenta que la información almacenada por las empresas de celulares incluye asimismo los datos de navegación en internet, aunque “solamente” el hecho de haber navegado y en qué sitio web pero no el contenido. ¿Navegó usted, por ejemplo, en el sitio porno Pornhub? Su navegación se conservó en la base de datos. Pero por si esto tranquiliza a alguien, el Shabak no sabe qué vio allí. “El Shabak puede recibir en cada momento dado toda esta información sobre todos los habitantes de Israel”, dice M. “Por eso es importante que todo esto esté muy controlado”.
“La herramienta” del Shabak, cuya existencia revelamos aquí, se utilizó contra un sinnúmero de intentos de atentado, así como en casos de espionaje, algunos de los cuales hicieron públicos y otros no. Ahora también sirve para rastrear el recorrido de enfermos de coronavirus. Pero aun antes del brote de la enfermedad, hubo quienes se dirigieron al Shabak para utilizar “la herramienta” en cuestiones que no tenían nada que ver con el terrorismo. La mayoría de esas solicitudes se rechazaron, y unas pocas fueron autorizadas.
Una de las solicitudes para usar la base de datos que se rechazó fue presentada por el primer ministro Netanyahu, que quería que el Shabak vigilara, por medio de “la herramienta”, a quienes estaban en el secreto del plan de atacar a Irán.
Por ejemplo, cuando estalló el caso de la filtración de datos privados que provocó un escándalo en Israel, funcionarios de seguridad le pidieron ayuda al Shabak en la investigación. El Shabak accedió. Ex miembros del Shabak subrayan que todas las investigaciones de ese tipo, así como el uso de la base de datos, fueron autorizados en todos los casos por el asesor letrado del gobierno o el fiscal general del Estado, con objeto de “evitar que el primer ministro se aproveche de los servicios” secretos. Y agrega que “muchas solicitudes de gobernantes o de otras personas para que el Shabak investigue filtraciones, se rechazaron. “Sencillamente no accedimos a ello”.
Una de las solicitudes para usar la base de datos que se rechazó fue presentada por el primer ministro Netanyahu, que quería que el Shabak vigilara, por medio de “la herramienta”, a quienes estaban en el secreto del plan de atacar a Irán. En particular al jefe del Mossad [que a diferencia del Shabak, actúa en el exterior] y al jefe de Amán [el servicio secreto del Ejército israelí], así como a otros destacados oficiales. El entonces jefe del Shabak, Yoram Cohen, rechazó categóricamente la solicitud.
Otra solicitud llegó al Shabak en el 2012 porque había aumentado el número de migrantes que llegaban a Israel por trabajo o como refugiados. En el momento más alto de esa ola, se calcula que cruzaron la frontera y entraron en Israel unas 150.000 personas. Entonces un destacado funcionario política se dirigió al Shabak y le pidió que pusiera en marcha “la herramienta” a fin de detectarlos. Una fuente del Shabak dice que “si bien estaba claro que se trataba de una cuestión nacional de primer orden, el Shabak se opuso rotundamente a ello, y el asunto cayó”.
Otro caso muy conocido en Israel, en el que el Shabak se negó a autorizar que se utilizara “la herramienta” para investigar, fue el del llamado “documento Harpaz”. El ahora fallecido contralor del Estado, Mija Lindenstrauss, quiso investigar a fondo las conflictivas relaciones entre el gabinete del entonces comandante en jefe del Ejército israelí, Moti Ashkenazi, y el gabinete de quien era ministro de Defensa, Ehud Barak. En cierto momento, Lindenstrauss se dirigió a Cohen, el entonces jefe del Shabak, y le pidió autorización para utilizar “la herramienta” para investigar el caso. Cohen se negó. Varias personas que estaban presentes en la habitación cuentan que Lindenstrauss, que había sido juez y que rara vez levantaba la voz, ese día sí levantó la voz. “Estás saboteando un asunto que tiene una enorme importancia desde el punto de vista de la seguridad”, le gritó a Cohen. “Estamos investigando un posible intento de cuestionar el orden de cosas en Israel, y tú no quieres ayudar”.
Los presentes en la habitación, según recordó uno de ellos, se encogieron en sus asientos. Pero Cohen respondió: “La información que tú pides, si es que existe, está tomada de la base de datos creada para la lucha antiterrorista y contra el espionaje, y lo que tú investigas no está relacionado con nada de eso. Estas herramientas se le suministraron al Shabak para atrapar a terroristas y a espías, y no para lidiar con chismes ni con conflictos laborales. Aunque sean conflictos laborales del más alto nivel. Nosotros no nimsor esos datos, a menos que recibamos una orden escrita del asesor letrado del gobierno”.
Pero Lindenstrauss no se dio por vencido. “Estás completamente equivocado”, le respondió a Cohen. “No se trata de chismes. Yo estoy investigando la posibilidad de que ciertos elementos se hayan unido para dar un golpe al poder, lo que está completamente dentro de los objetivos del Shabak, que establecen que ese organismo se ha de dedicar a proteger al poder y el orden de cosas”. Cohen no se convenció.
“Pensé que me volvía loco”, le dijo Lindenstrauss a Ronen Bergman (el autor principal de esta nota) varios años después. “Estábamos en medio de una de las investigaciones más importantes que ha hecho jamás el contralor del Estado, y sabemos que el Shabak está en condiciones de solucionar gran parte de los enigmas y misterios que surgieron a lo largo de la investigación. Y ahí estaba ese hombre (Cohen) sentado frente a mí, diciéndome que no estaba dispuesto a ayudar”.
Finalmente, la recomendación de Cohen al asesor letrado del gobierno de entonces, Yehuda Weinstein, fue que no autorizara la solicitud del contralor del Estado de utilizar “la herramienta”. “En mi época hubo varios casos en los que personas que solicitaron usar esa capacidad especial del Shabak”, dijo Weinstein esta semana. “Pero el Shabak siempre se mantuvo en sus trece, y se negó rotundamente a dedicarse a asuntos que no tienen que ver con sus objetivos”.
Pero como hemos dicho, ha habido peticiones no relacionadas con el terrorismo ni con el espionaje que sí se autorizaron. Una de ellas fue de la Policía israelí. Hace unos doce años, en una de las olas de ajuste de cuentas entre distintas “familias” del crimen organizado en Israel, los investigadores de la Policía se encontraron en un callejón sin salida. En esa época, la Policía no tenía un sistema cibernético propio. Por ello, la Policía insistió y presionó mucho, y el Ministerio de Justicia autorizó en forma excepcional -y de acuerdo con las estrictas normas al respecto- el uso de “la herramienta” en la lucha contra el crimen organizado. Y tuvo resultados. “‘La herramienta’ contribuyó en gran medida al arresto y la inculpación de los delincuentes en los años siguientes, hasta que se creó un sistema cibernético para la propia Policía, que “es mucho mejor de lo que tenían antes, pero sigue siendo peor en comparación con el que tiene el Shabak”, señaló un destacado miembro de la Policía. Avi Dijter [que fue jefe del Shabak entre el año 2000 y el 2005] cuenta que cuando fue nombrado ministro de Seguridad Interior [entre el 2006 y el 2009], se enteró que “la Policía no tenía nada sobre ‘Sigint’ (abreviatura de la expresión inglesa Signals Intelligence [obtención de información mediante la intercepción de señales, ya sea entre personas o señales electrónicas no utilizadas directamente en comunicaciones, o una combinación de ambas])”. Y afirmó: “Me sorprendió mucho ver la enorme brecha existente en Israel entre luchar contra el terrorismo o contra espías, y la capacidad -mucho menor- de luchar contra delincuentes. A mi juicio, no debería haber ninguna diferencia”.
Micha Lindenstrauss solicitó usar “la herramienta” en el conflicto entre Ashkenazi y Barak. Micha Lindenstrauss solicitó usar “la herramienta” en el conflicto entre Ashkenazi y Barak.
Micha Lindenstrauss solicitó usar “la herramienta” en el conflicto entre Ashkenazi y Barak.
(Jonatan Blum)
Pero en la mayoría de los casos, las solicitudes de la Policía para usar “la herramienta” fueron rechazadas. En una conversación con un colega del Shabak sobre otro tema, un destacado oficial manifestó su frustración respecto a Lahav 433 dedicada a investigar expedientes de Netanyahu. “Hay tantos temas de estas investigaciones que se podrían solucionar con una breve búsqueda en el Shabak”. Y se refirió, por ejemplo, a la frecuencia y a los tiempos que duraron las reuniones entre los protagonistas del expediente 4000 [nombre clave que dieron los investigadores de la Policía a los casos de soborno, fraude y abuso de confianza de los que está acusado Netanyahu], que se habrían podido confirmar o desestimar con la ayuda de “la herramienta”. Y lo dijo con una sonrisa: ambas partes tenían claro que no existe ninguna posibilidad de que el Shabak acepte o autorice una solicitud como esta.
[Lahav 433 es una “organización paraguas” de lucha contra el crimen israelí dentro de la Policía israelí, conocida como el "FBI israelí".]
En el Shabak son muy conscientes de las numerosas y difíciles implicancias que tiene el uso de “la herramienta”, en particular cuando no se trata de la lucha antiterrorista.
El hecho de que en ocasiones se apruebe el uso de “la herramienta” pero en la mayoría de los casos no, plantea dilemas morales complejos. “¿Qué pasa, por ejemplo, si delincuentes secuestran a un niño de tres años, y la Policía no logra encontrarlo? ¿El Shabak debe ayudar o no?”, se pregunta un ex destacado miembro de dicho organismo secreto. “Y si una persona anuncia en Facebook que va a asesinar a su esposa y que después se suicidará saltando desde el techo. ¿Entonces hay que ubicarlo o no? No hay soluciones fáciles a estas cuestiones”.
En el Shabak son muy conscientes de las numerosas y difíciles implicancias que tiene el uso de “la herramienta”, en particular cuando no se trata de la lucha antiterrorista. Este es el motivo por el cual, según una persona que participó en debates sobre la autorización para utilizar “la herramienta” en la lucha contra el coronavirus, al actual jefe actual del Shabak, Nadav Argaman, “no le entusiasmó la iniciativa –y éste es el eufemismo del siglo– la iniciativa, que podría dejar expuestos instrumentos y métodos, e implicar al Shabak en un asunto que no tiene que ver con ese organismo, y en una terreno en el que no tiene por qué estar”.
¿De qué manera surgió la idea de aprovecharse de “la herramienta” en la lucha contra el coronavirus? Como es habitual, depende a quién se le pregunta. En el cuartel general de seguridad nacional dicen que “quien tomó la iniciativa y pidió la ayuda fue el director general del Ministerio de Salud, que envió adjunto una opinión profesional que explica en detalle la necesidad de utilizar ese instrumento”. En el Shabak dicen que aceptaron el pedido del Ministerio de Salud. La pregunta es: ¿Cómo supo el Ministerio de Salud que el Shabak cuenta con esa posibilidad (supuestamente secreta)? Entre quienes toman las decisiones en Israel hay al menos dos personas que están en el secreto de la existencia de “la herramienta”: Meir ben Shabat, que encabeza el cuartel general de seguridad nacional y que fue un destacado miembro del Shabak en el pasado, y el propio primer ministro Netanyahu.
Sea como fuere, un número considerable de destacados ex miembros del Shabak vieron asombrados las ruedas de prensa en las que Netanyahu se refirió ante todo el mundo a las condiciones y capacidades del Shabak. Entre los miembros destacados del Shabak con los que hemos hablado hay división de opiniones. Hay quienes consideran que Argaman, el jefe del Shabak, no tendría que haber autorizado el uso de “la herramienta”, entre otras cosas porque el Ministerio de Salud no demostró realmente que fuera eficaz en la lucha contra el coronavirus. Otros piensan que si se puede impedir que personas se contagien gracias al uso de eses sistema, Argaman hizo bien en responder afirmativamente. Pero en ambos grupos se manifestaron preocupados por la forma en la que se hicieron las cosas. Incluso quienes estuvieron de acuerdo con la decisión del jefe del Shabak, sostuvieron que esas cosas tienen que hacerse con un estricto control parlamentario. “Sólo en un país loco como Israel, gente del 'colectivo de servicios secretos' y de los organismos de seguridad luchan por conservar la democracia, la transparencia y el control al poder”, dice un ex destacado miembro del Shabak, que se dedicaba a la tecnología y que dejó hace poco ese organismo secreto. “Ojalá el uso de ‘la herramienta’ ayude en la lucha contra el coronavirus. Pero eso tiene dos peligros muy graves. El primero es que quede expuesta la capacidad de acción del Shabak: después de que se termine el problema del coronavirus, nosotros seguiremos en la lucha antiterrorista y vamos a necesitar esa tecnología”.
Pregunta: ¿Y el segundo peligro?
Respuesta: “Tal vez el que voy a mencionar es el más importante. Durante décadas, el Shabak ha actuado en el terreno que le es propio: impedir ataques terroristas y espionaje contra Israel. Ésta es la primera vez que un político impone, sin autorización de la Knéset (Parlamento israelí), que el Shabak dedique uno de sus instrumentos más importantes a un asunto que no tiene nada que ver con asuntos de seguridad. El problema no es la lucha contra el coronavirus, sino el precedente. Si se hace una vez, lo volverán a hacer y tal vez con otros objetivos que el poder considere peligrosos para el país”.
Nadav Argaman. No le gusta el uso de “la herramienta” en asuntos relativos al coronavirus. Nadav Argaman. No le gusta el uso de “la herramienta” en asuntos relativos al coronavirus.
Nadav Argaman. No le gusta el uso de “la herramienta” en asuntos relativos al coronavirus.
(Ohad Zoigenberg)
El abogado Maljiel Balas, ex adjunto al asesor letrado del gobierno y que participó en diversos procesos para promulgar leyes relativas a cuestiones de seguridad y a la defensa de la privacidad, advierte que “incluso en una crisis de este tipo hay que proteger la esencia de los derechos del ciudadano en un país democrático. Entiendo que es necesario impedir la infección y propagación del virus para salvar vidas humanas, pero no se pueden pisotear y borrar de un plumazo los derechos del ciudadano, a niveles absolutamente desproporcionados con la amenaza y el problema. Tengo la sensación de que nos hemos convertido casi en un régimen presidencial sin controles ni frenos, en el que el primer ministro dirige casi todo solo el último mes. Y dado que además está en pleno juicio [por corrupción], siempre existe la sospecha de que actúa por motivos personales”.
–¿Entonces cómo hay que hacer las cosas?
–Pienso que tenemos que crear esta misma semana una comisión parlamentaria dedicada al coronavirus, que al mismo tiempo pueda cuestionar las decisiones del gobierno. El gobierno está actuando sin el control de los legisladores.
No hay duda de que la base de datos que damos a conocer aquí es muy poderosa, y que lo más temible es la posibilidad de que se haga un uso no apropiado de ella. En el Shabak entendieron muy bien que además de las ventajas que tiene “la herramienta” en la lucha antiterrorista, el mero hecho de que exista es asimismo muy problemático. El primer gran problema es que almacena información sobre todos los habitantes de Israel todo el tiempo. La mayoría de los israelíes, por supuesto, no son sospechosos; no están implicados en ninguna investigación de ningún tipo, ni lo estarán. Pero de todos modos se recoge información sobre ellos. El segunda gran problema es que además de recoger información sobre todos, “la herramienta” también permite examinar la vida del ciudadano no sólo desde el momento en que se convirtió en motivo de investigación, sino también en el pasado. Con quién ha hablado, a quién le ha enviado mensajes de texto, dónde han estado en distintos momentos y con quién. Se trata de una capacidad que si no se usa bien pueden volverse realmente peligrosas.
Éste es el motivo por el que en el Shabak insisten en definir la base de datos como “un instrumento pasivo”. Un ex destacado miembro del Shabak definió “la herramienta” como “un conjunto infinito de puntos en el espacio cibernético, que no dicen nada si uno no los toca”. Y otro dijo: “¿Y qué si se conservan los datos, siempre que no se consulte ni se indague el material?” Uno de los miembros actuales más destacados del Shabak lo explicó así: “‘La herramienta’ es como un pozo profundo –o un sótano– completamente cerrado y oscuro al que nadie puede entrar. Una vez cada tanto, y después de una larga serie de autorizaciones, alguien recibe una linterna para bajar al pozo e iluminar una parte de éste. La persona puede iluminar únicamente esa parte y después subir a la superficie, e informar al tiempo que también él está expuesto a un control estricto sobre los resultados de esa búsqueda limitada”.
Pero en nuestra investigación hemos descubierto que ya hubo casos en los que se hizo un uso inapropiado de “la herramienta”, sobre todo poco después de su creación. Ocurre que hubo funcionarios del Shabak que no resistieron la tentación. “Al principio trabajaban personas mal educadas aquí”, recuerda el ex destacado miembro del Shabak. “Hubo quienes quisieron saber si el muchacho que sale con su prima Shoshana es una buena persona o no”.
–¿Qué se hizo en esos casos?
–Esos pocos casos se trataron con mano dura, y en poco tiempo se educó a las personas a actuar solamente e acuerdo con las instrucciones y a tener el cuidado necesario y apropiado respecto de la base de datos. El cuidado en el uso se aplica a través de una serie de medios, que incluyen numerosos controles con polígrafo a los pocos que tienen acceso a ese material.
El gran peligro está en que el poder político utilice la base de datos para sus necesidades personales. ¿Es posible que, por ejemplo, un primer ministro –cualquiera que fuese– utilice “la herramienta” para averiguar con quién se reunió el jefe de la oposición y cuándo?
Otro destacado miembro del Shabak dice que se logró que la gente que trabaja allí “tenga un ADN de ‘respeto sagrado’ en el tratamiento de estos datos. Todos los miembros del Shabak saben que si usaran para mal ‘la herramienta’ y buscaran ver, por ejemplo, si su esposa le es infiel, enseguida estará en la calle”.
Pero el riesgo aun mayor es, por supuesto, no sólo que alguien del Shabak utilice “la herramienta” para descubrir si su esposa le es infiel. El gran peligro está en que el poder político utilice la base de datos para sus necesidades personales. ¿Es posible que, por ejemplo, un primer ministro –cualquiera que fuese– utilice “la herramienta” para averiguar con quién se reunió el jefe de la oposición y cuándo? En el Shabak sostienen que esa posibilidad no existe. “Sin entrar en lo que le está pasando a Netanyahu en los dos últimos años [varios juicios por corrupción], y de la crítica que tengo respecto de muchos de sus actos, el temor de que ‘la herramienta’ esté al servicio del primer ministro y que éste pueda llamar al jefe del Shabak para preguntarle sobre tal persona o tal otra, no tiene ninguna base”, afirma un ex destacado miembro de la organización. “Todas las actividades del Shabak están documentadas y computarizadas; todo está escrito y guardado. Todas y cada una de esas cosas tienen un protocolo, y el mismísimo jefe del Shabak, aunque quiera, no puede acceder a los datos sino que tiene que contar con una serie de personas, procedimientos, autorizaciones y firmas para ello. Incluso si alguna persona de esta cadena tiene malas intenciones –y yo no conozco ningún caso así–, no tiene ninguna posibilidad real de convertirlas en realidad”.
De acuerdo con la ley, el jefe del Shabak es el único que puede decidir cómo utilizar la base de datos y contra quién. La ley establece asimismo que el jefe del Shabak debe informar de ese uso al asesor letrado del gobierno cada tres meses, y a la Subcomisión de Servicios Secretos de la Knéset una vez al año. La Subcomisión se reúne a puertas cerradas, y la integran sobre todo quienes han sido miembros del “colectivo de servicios secretos”.
Pero las eventuales críticas de la Subcomisión a lo que se hace son superficiales, en el mejor de los casos. Hablamos con numerosos diputados que fueron miembros de ese prestigioso foro. Muchos de ellos mostraron una ignorancia y una incomprensión desconcertantes sobre el tema que se supone que tenían que analizar. Algunos de ellos ni siquiera sabían cuáles son las atribuciones del Shabak, ni cuál es la información que obra en poder del Shabak. Uno de ellos llegó a decir que no existe tal base de datos, pero que “el Shabak sabe dónde estaba cada uno en determinado momento”, lo que por supuesto puede ser únicamente resultado de contar con esa base de datos.
Quien se supone que redactó en su momento los protocolos secretos sobre el uso y el control de “la herramienta” fue quien presidía la Comisión de Exteriores y Seguridad del Parlamento), y quien encabezaba al mismo tiempo la Subcomisión de Servicios Secretos, Yuval Steinitz. “Fue un trabajo un poco extraño, puesto que los aspectos principales de la ley no se sometieron a votación en la Knéset por ser secretos, y casi ningún diputado vio jamás y tenía prohibido ver”, dice Steinitz. “La Knesset únicamente le dio una especie de marco general, y la Subcomisión la aprobó. En la habitación estábamos yo y otros cinco diputados”.
Steinitz, actualmente ministro de Energía, dice que “se supone que el Shabak no ha de recoger datos sobre los ciudadanos israelíes”, pero no recuerda los detalles relativos a los datos sobre los medios de comunicación. Otro miembro de la Subcomisión, Haim Ramon, recuerda que se autorizó al Shabak a obtener la información que tienen todas las empresas de teléfonos celulares”.
Yuval Steinitz. “Se supone que el Shabak no ha de recoger datos sobre ciudadanos. Yuval Steinitz. “Se supone que el Shabak no ha de recoger datos sobre ciudadanos.
Yuval Steinitz. “Se supone que el Shabak no ha de recoger datos sobre ciudadanos.
(Avi Mualam)
¿Y qué sucede con los informes al asesor letrado del gobierno cada tres meses? Según destacados miembros del Shabak, esas reuniones son importantes. “Las reuniones con dicho asesor y con la Fiscalía General van muy al fondo de las cosas”, cuenta un ex miembro. “Hay comentarios y hay discusiones, y las cosas no se aprueban así como así”.
–¿Qué pasa allí?
–Cada tres meses teníamos que dar explicaciones muy detalladas, además de justificar y dar explicaciones, ya sea que estuviera relacionado con datos sobre la prensa o con los medios especiales utilizados en los interrogatorios. Realmente se controlaba, y era agotador para el jefe del Shabak”.
Es importante señalar que la base de datos en sí es absolutamente legal. “La herramienta” se basa sobre todo en la ley de los servicios secretos generales del año 2002. En su origen, la ley fue resultado de la conmoción que causó el incidente del autobús 300 [cuando en 1984 miembros del Shabak ejecutaron a dos palestinos que habían secuestrado ese vehículo público], y la necesidad de definir el campo de acción del Shabak de una vez por todas. La ley, que en su origen propuso Yaacov Pery, se aprobó después de muchos debates. “No era posible definir todos los aspectos de la ley de manera explícita”, recuerda Pery. “Por ejemplo, los medios físicos en los interrogatorios, las investigaciones secretas y cuestiones por el estilo”.
–¿Y qué hicieron con todo lo que no se podía definir en la ley de manera explícita?
–Lo hicimos en forma de normativas secretas.
Y llegamos al año 2001. La segunda “intifada” ya había inundado a Israel de sangre, y surgió la necesidad de utilizar nuevos medios. Los atentados del 11 de septiembre [en las Torres Gemelas de Nueva York] convirtieron la lucha antiterrorista en todo el mundo en un asunto de vital importancia. La mayoría de los puntos del proyecto de ley a los que había oposición cayeron. Pero antes de que se aprobara la ley, hubo un pequeño problema con “la herramienta”. Las empresas de teléfonos celulares y de teléfonos en general se negaban a dar los datos de sus abonados. Temían exponerse a demandas judiciales de sus clientes por violación de la privacidad. Hubo que redactar una cláusula especial para dichas empresas a fin de que entregaran los datos. Así nació la llamada “cláusula 11” de la Ley del Shabak. Es de suponer que jamás en la vida hayan oído hablar de ésta. Y hay un motivo: esa cláusula no aparecía en ninguno de los debates de la propuesta de ley salvo en el último, y se redactó de una forma tan seca y enrevesada que no despierta ningún temor o sospecha. Por ejemplo: “El primer ministro tiene derecho a determinar que ciertos tipos de información que se encuentran en las bases de datos del propietario de la licencia, lo que se especificará en las notas generales, son necesarios para que el Servicio [léase, el Shabak] cumpla su papel, según esta ley. Y que el propietario de la licencia debe entregar informaciones de ese tipo al Servicio”, estipulaba la “cláusula 11”. Realmente no suena como una amenaza a la democracia.
Y llegamos al año 2001. La segunda “intifada” ya había inundado a Israel de sangre, y surgió la necesidad de utilizar nuevos medios. Los atentados del 11 de septiembre [en las Torres Gemelas de Nueva York] convirtieron la lucha antiterrorista en todo el mundo en un asunto de vital importancia.
Un destacado ex miembro del Shabak que estuvo implicado en promulgar la ley dice que en el Shabak estaban convencidos de que los legisladores “jamás permitirían que se aprobara una cláusula como esa”. Pero “los legisladores no entendieron de qué se trataba, y nadie dijo nada”. Dijter: “Todos los puntos relativos a datos de los medios de comunicación afortunadamente pasaron casi sin comentarios. Nadie nos preguntó nada al respecto. No entendían lo que significaba ni la importancia”. Hubo algunos diputados que sí se opusieron, pero finalmente -como dijo el entonces ministro de Justicia, Meir Shitrit- “la ley pasó sin ningún problema, como un cuchillo en la mantequilla”.
Ahora también las empresas de comunicación podrán dejar de lado su oposición. La ley las protege de demandas judiciales por entregar esos datos. A los efectos de esta nota, les pedimos la opinión a las empresas de celulares Pelefon, Selcom, Partner HOT y Bézek, pero ninguna quiso responder.
La ley todavía deja cuestiones abiertas. La principal de ellas es: durante cuánto tiempo se conservarán esos datos. Todos los intentos por obtener una respuesta a esta pregunta fracasaron. Una destacada fuente del Shabak dice: “Estoy de acuerdo en que en determinado momento el material tiene que desaparecer, pero ha de ser más adelante, a fin de permitir que el Servicio tenga un panorama lo más completo posible. Hay que recordar que a fin de cuentas, quienes almacenan toda la información sobre usted, y no la borra nunca, son las empresas comerciales. Facebook, Google, Samsung, Apple y dentro de poco pronto también lo hará el coche que usted conduzca. Si no le molesta que sepan todo sobre usted, ¿por qué habría de molestarle que precisamente el país en el que vive, y que tiene graves problemas de terrorismo, tenga acceso a esos datos? A fin de cuentas, el Estado los utiliza para frustrar atentados, detectar espías y salvar vidas”.
No hay duda de que la lucha antiterrorista es el principal objetivo de “la herramienta”. “Si hubiéramos contado con esa base de datos en 1995, habríamos logrado impedir el atentado suicida doble en el cruce de Beit Lid. Y muchos otros atentados que hubo en esa época”, afirma el ex destacado miembro del Shabak, Arik Barbing (“Harris”), que entre muchos otros cargos tuvo el del sistema cibernético del Servicio y el de jefe de la zona de Jerusalem y Judea y Samaria. “Esta herramienta evitó un sinnúmero de atentados en la segunda “intifada”, y la capacidad del Shabak nos solucionó muchísimos problemas en decenas de atentados, o más. Estábamos en condiciones de frustrarlos, o de que la Policía y fuerzas del Ejército cerraran las entradas a Israel. En ocasiones, el solo hecho de imponer ese cierre atemorizaba a los terroristas suicidas, y éstos explotaban en lugares que causaban menos víctimas mortales, o simplemente se volvían a sus casas”.
–¿Hizo bien Nadav Argaman en acceder al pedido de usar la base de datos en la lucha contra el coronavirus?
–No estuve en el debate. En los debates en los que sí estuve, todos los jefes del Shabak que conocí –Diskin, Cohen y Argaman– dieron su opinión profesional sobre asuntos varios y variados en la forma más clara posible. Una forma clara que en ocasiones no les resultaba agradable a los políticos, pero la gente del Shabak no ocultó nada y no temió decirlo todo. Creo que un primer ministro de Israel no va a imponer nada al Shabak si su jefe se mantiene firme y dice que no debe hacerse. Pero al parecer Nadav llegó a la conclusión de que ahora [por el coronavirus] se trata de una situación sin precedentes en la que el Shabak puede ayudar, y por eso accedió.
–Eso puede ser peligroso.
–Espero con todas mis fuerzas que cuando termine el problema del coronavirus podamos devolver este demonio a la lámpara [como Aladino], y volver a utilizar ese instrumento únicamente con objeto de frustrar actos terroristas y espionaje, y mantener el perfil muy bajo con el que se utilizaba.
–Pero usted entiende las críticas.
–Sí. Cuando la información está relacionada con los habitantes de Israel que no son judíos, la opinión pública aplaude al Shabak y a la Policía. Pero cuando nos toca a nosotros surge la polémica, como es natural.
“No hay palabras para hablar del aporte de este sistema a la seguridad del país”, afirma uno de sus creadores. “Los beneficios que le da a Israel, así como el número de israelíes a los que le salvó la vida, son millones de veces mayores que lo malo, si es que hay algo malo. ¿Qué otra alternativa había? ¿Lalejet ‘im jutim?”
Arik Barbing. “Esta ‘herramienta’ frustró un sinnúmero de atentados” Arik Barbing. “Esta ‘herramienta’ frustró un sinnúmero de atentados”
Arik Barbing: “Esta ‘herramienta’ frustró un sinnúmero de atentados”
(Kan 11 )
–¿Qué quiere decir “lalejet ‘im jutim”?
–Que hubiera una orden de un juez para que oigamos lo que alguien tiene que decir al respecto, y cuando apareciera otro correr a escucharlo también a él, y así sucesivamente en un proceso interminable, que en general y en realidad tampoco lleva a nada.
–Pero aquí hay peligros claros.
–Hoy en día, la democracia no tiene otra forma de manejarse salvo ésta, al tiempo que cuida mucho que haya un equilibrio y que existan frenos, así como críticas internas y externas. He pensado en esto durante años, y hasta el día de hoy no he encontrado ninguna otra solución. Después de casi veinte años en los que no hubo nada anómalo, quienes están contra la ley y contra ‘la herramienta’ tienen que venir con argumentos muy buenos que demuestren que el daño es mayor que el beneficio.
“Por cierto –agrega otro destacado miembro del Shabak, que también pertenece a la generación de quienes crearon la base de datos–, si no usáramos ‘la herramienta’ tendríamos que utilizar otras cosas: escuchas telefónicas secretas, interrogatorios, seguimientos... Algunas de las alternativas a ‘la herramienta’ incluyen el uso de otros medios, mucho más agresivos y que violan derechos esenciales. Por ejemplo, tener detenido a alguien durante treinta días en un calabozo o mazmorra. Sin mencionar medios más duros, como eliminar gente. No hay nada que hacer, incluso el país más democrático y liberal necesita contar con instrumentos para lidiar con los malos. Y algunos de esos instrumentos suponen un daño a los derechos del individuo”.
"Hay un sinnúmero de ejemplos en los que el uso de esos datos logró frustrar atentados muy graves y salvarles la vida a numerosos israelíes"
“Las acciones de los Servicios Generales de Seguridad tienen el propósito de cumplir con su misión, que es garantizar la seguridad del país, como dice la Ley del Shabak. En la 'cláusula 11' de la Ley del Shabak figuran las maneras de controlar el uso de esa información. En particular, la obligación de que el jefe del Shabak informe al asesor letrado del gobierno y al primer ministro cada tres meses sobre las autorizaciones que se dieron para el uso de la información y la forma de hacerlo. Los detalles de cómo debe ser el informe figuran en las normas generales del Servicio General de Seguridad. Asimismo, se han fijado normas detalladas acerca de la manera de conservar la información y la forma de eliminarla.
“Los Servicios Generales de Seguridad utilizan esos datos con el máximo cuidado, y sólo de acuerdo con lo que establecen la ley, las normas y los protocolos, a fin de reducir los daños a la privacidad en la medida de lo posible. Los datos que se reciben, tal como establece la Ley del Shabak, contribuyen enormemente a que estos servicios cumplan con su misión de frustrar actos terroristas. Y hay un sinnúmero de ejemplos en los que el uso de esos datos logró frustrar atentados muy graves y salvarle la vida a numerosos israelíes.”

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