Moshe Perel.
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Israel pagará caro la impresión de dinero para paliar la crisis

Opinión. Los políticos están empezando a disfrutar del nuevo juego que han descubierto: repartir dinero inconscientemente a cualquiera que grite. Cuando empiece el carnaval del fin del coronavirus, es muy posible que la fiesta se vea arruinada por la inflación.

*Moshe Perel - Adaptado por Leandro Fleischer |
Published: 02.02.21 , 09:49
Si en las últimas semanas realmente hemos comenzado la recta final de la crisis sanitaria, si en verdad el ser humano está próximo a vencer al coronavirus, hay una buena posibilidad de que el 2021 sea el año en que nos enamoremos, no sólo de la química de los científicos, sino de la alquimia de los economistas.
Con la mano en el corazón: ¿alguien creyó que saldríamos de esta pandemia cuando las bolsas de valores de Estados Unidos, Japón y Shanghai batían récords? ¿Que el bitcoin subiría a valores sin precedentes? Ciertamente es posible justificar la decisión de los gobiernos de repartir dinero en proporciones históricas, pero era inconcebible que lo hicieran sin ningún temor, sin ninguna vacilación y con algo de placer.
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Sí, cada vez más políticos empiezan a disfrutar del nuevo juego que han descubierto: repartir dinero inconscientemente a cualquiera que grite fuerte. Sin embargo, se necesita un poco de esfuerzo para justificar esto, a veces se le llama "caja presupuestaria" y otras veces "expansión monetaria" o "inyección de capital"; con un poco de creatividad, todo podrá seguir haciéndose sin inconvenientes.
Permítanme traducirles toda la explicación anterior: se trata simplemente de impresión de dinero. Los países que han optado por comportarse correctamente han obtenido estos miles de millones de dólares a través de préstamos que han tomado del mercado de capitales, pero se han asegurado de que su banco central acudiera a este mercado inmediatamente después y asegure a los prestamistas que él será el responsable del reembolso en caso de que el gobierno tenga dificultades para devolver el dinero. En países menos serios, el gobierno simplemente se acercó al banco central directamente y lo obligó a otorgarle enormes sumas de dinero como préstamo. En ambos casos, el banco central hizo lo mismo para obtener el dinero: simplemente lo imprimió.
Parece una alquimia, porque cuando se bombardea al mercado con dinero en cantidades tan grandes, se supone que se desarrolla la inflación. Este siempre ha sido el caso. Hace exactamente cien años ocurrió un evento similar cuando el mundo salió de una gran crisis, la de la Primera Guerra Mundial. Los alemanes, que perdieron la guerra, se quedaron atascados con un enorme déficit, por lo que imprimieron mucho dinero para financiarlo. En respuesta, la terrible inflación los arrastró hasta la destrucción. El valor del dinero estaba tan erosionado que el papel en el que estaba impreso valía más que el valor del billete. Luego, el gobierno imprimió los billetes en un solo lado, de modo que los alumnos de primaria pudieran al menos dibujar en el lado no impreso. La gente cobraba un sueldo dos veces al día porque al que esperaba se le evaporaba el salario en pocas horas.
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Oficina del Servicio de Empleo en Holon.
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(Kobi Koankas)
En la Alemania de 1921 la gente no iba al supermercado con una cartera, sino con un carro cargado de billetes. Esto no es una metáfora, así sucedió. ¿Y hoy? Alquimia. Se imprime y se imprime, pero la inflación no llega.
Aquí radica el gran peligro. Porque cuando comience el carnaval del fin del coronavirus, es muy posible que los precios empiecen a aumentar. No ignoraremos a los desempleados como no olvidaremos a los que se han enfermado, pero la euforia generará una gran demanda. Y cuando los precios empiecen a subir, las tasas de interés también lo harán para frenarlos. Y cuando las tasas de interés aumenten, los gobiernos, que se han acostumbrado a tomar miles de millones en préstamos, descubrirán que ya no es barato obtener préstamos y, a veces, incluso imposible.
Entonces llegará el momento en que los políticos se dirijan a los ciudadanos acostumbrados a recibir dinero del Estado y reconozcan que ya no tienen más. Entonces comenzarán los ajustes y recortes que arruinarán nuestra fiesta del fin del coronavirus.
¿Y si eso no pasa? Pues bien, eso es realmente alquimia.
*Moshe Perel es profesor de la Universidad de Tel Aviv y del Instituto Académico Ono
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