Yasser Abu Hilala.
Yasser Abu Hilala.
Ynet
El líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei (izq.), entrega el precepto presidencial al presidente iraní Ebrahim Raisi (der.), en Teherán, Irán.

Irán es la fuerza que divide todo Medio Oriente

Opinión. La República Islámica siembra el caos, centrándose en sus propios intereses, aunque sean a costa de otras naciones de la región, y ampliando la brecha entre chiíes y suníes.

Yasser Abu Hilala - Adaptado por Marcos Olivera |
Published: 20.06.22, 11:18
El mundo árabe no siempre vio al régimen chiíta de Irán a través de un lente sectario, a pesar de que la mayoría de los musulmanes son sunitas.
El antiguo líder supremo iraní Ruhollah Jomeini, padre de la Revolución iraní, solía ser visto como el líder de la protesta contra la opresión del Sha, la hegemonía occidental y la influencia de Israel.
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El líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei (izq.), entrega el precepto presidencial al presidente iraní Ebrahim Raisi (der.), en Teherán, Irán.
El líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei (izq.), entrega el precepto presidencial al presidente iraní Ebrahim Raisi (der.), en Teherán, Irán.
El líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei (izq.), entrega el precepto presidencial al presidente iraní Ebrahim Raisi (der.), en Teherán, Irán.
(EPA)
Más tarde, la guerra con Irak socavó la reputación de Irán en el mundo árabe, pero durante la campaña de asistencia a Líbano en su guerra contra Israel en 2006, Teherán consiguió reparar la imagen dañada.
Pero, desde entonces, Irán amplió su brecha con el mundo suní al respaldar a los partidos políticos chiíes en Irak y Líbano, en lugar de considerar a Oriente Medio como el hogar de la nación árabe unida.
La condescendencia de Irán no quedo sin respuesta, y la pérdida de poder político de algunos partidos chiíes en las últimas elecciones puede considerarse un resultado directo del enfado con Teherán, que se viene gestando en los países árabes desde hace tiempo.
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Manifestación en apoyo al gobierno y al líder supremo Ayatollah Ali Khamenei
Manifestación en apoyo al gobierno y al líder supremo Ayatollah Ali Khamenei
Manifestación en apoyo al gobierno y al líder supremo Ayatollah Ali Khamenei.
(AFP)
De hecho, es difícil encontrar un musulmán suní en el Líbano que no esté enfadado con Hezbollah -que hasta hace unas semanas tenía mayoría en el parlamento libanés- y los recientes resultados electorales son prueba de ello.
Hezbollah también está inmerso en el sectarismo en sus alianzas políticas. El partido demuestra una posición laxa hacia el presidente libanés Michel Aoun, del que se sospecha que tiene vínculos con Israel, entre otros asuntos de interés exterior, cuando era general en el ejército.
La organización respaldada por Irán no tiene esa tolerancia con los líderes suníes del Líbano, como quedó patente con la sentencia de muerte dictada contra el ex imán suní Ahmad Al-Assir, que se atrevió a criticar a Irán. Fue acusado de causar la muerte de civiles en combates sectarios y de atacar a los militares en Sidón -la tercera ciudad más grande de Líbano- en 2013.
Pero estas políticas tienen consecuencias. Irán y Hezbollah pagaron caro el hecho de considerar a Líbano como una extensión de Irak y Siria, y no como un Estado soberano que se esfuerza por existir.
Irán fue duramente derrotado en otros escenarios geopolíticos cuando trató de explotar esos países para sus propios intereses.
Por ejemplo, Teherán encargó al jefe de Hezbollah, Hassan Nasrallah, la responsabilidad de ejecutar las órdenes de Irán en Irak y Yemen. Nombró al jeque Mohammed Kawtharani como representante de Líbano en Irak, quien entonces estaba en posición de decidir el destino de los políticos locales.
El resultado, como en cualquier otro gobierno autoritario, es que se corrompió por completo y el hermano de Kawtharani, Adnan, se aprovechó de la situación para avanzar en sus negocios.
Paralelamente, Irán creó redes de contrabando de drogas y armas, que se basan en el cannabis libanés y en las drogas estimulantes sirias, y es difícil no ver en ello una nueva humillación de los suníes.
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El líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah.
El líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah.
El líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah.
( AFP )
Los hombres, mujeres y niños suníes siguen desplazados en sus propias tierras, con los mejores entre sus jóvenes encarcelados, mientras Hezbollah ocupa sus ciudades.
Irán busca sembrar el caos y se centra únicamente en sus propios intereses, en lugar de considerar a toda la nación árabe como una sola, independientemente de la afiliación de las facciones.
Hasta que no adopte una política diferente, se arriesga a perder incluso el apoyo de los musulmanes chiíes.
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