Muro Jerusalem Noche Cristales Rotos
Muro de Jerusalem que recuerda la Noche de los Cristales Rotos.
Ynet
La Noche de los Cristales Rotos

Cómo aprender de la historia del Holocausto sin ofender

Opinión. Hay formas de señalar lo peligrosas que pueden ser ciertas opiniones y políticas extremistas sin caer de lleno en la analogía nazi. Es ofensivo e ignora totalmente el nivel de maldad que representó el nazismo.

Kenneth Jacobson * |
Published: 10.11.22, 08:56
Al conmemorarse el 84º aniversario de la Kristallnacht, la Noche de los Cristales Rotos, los sucesos de la Alemania nazi han sido noticia una y otra vez. Comparaciones de los republicanos de MAGA (Make America Great Again) con los fascistas; comentarios que afirman que si las elecciones van por un determinado camino, estaremos siguiendo la ruta que tomó Alemania en los años 30; comentarios sobre los judíos y su poder venenoso que hacen eco a algunos de los que salieron de la boca de Joseph Goebbels.
Evidentemente, invocar a los nazis para aumentar la condena de políticas –como el aborto o el control de armas– es ofensivo e ignora totalmente el nivel de maldad que representó el nazismo. La Noche de los Cristales nos recuerda que, aun antes de que se organizara la Solución Final, la demonización nazi de los judíos tomaba un cariz nunca antes visto en la triste historia del antisemitismo.
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La Noche de los Cristales Rotos
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La Noche de los Cristales Rotos
(Shutterstock)
La devastación de esa noche se convirtió en el clímax de un período de cinco años de gobierno nazi en el que se trató al judío como un objeto venenoso, poniendo a los órganos del Estado –incluidas las fuerzas de seguridad– en contra de los judíos alemanes despojados de su ciudadanía y de su dignidad. Todo eso fue el resultado de una continua campaña de propaganda contra los judíos que influyó en la disposición del público alemán a participar en los ataques de la Kristallnacht o a quedarse de brazos cruzados mientras los judíos y las sinagogas eran asaltados.
Menos claros son otros elementos del periodo nazi que pueden ser más apropiados como objeto de comparación. Un ejemplo de ello es la invasión no provocada de Ucrania por parte de Rusia en el contexto de las repetidas declaraciones de Vladimir Putin a lo largo de los años de que la mayor tragedia del siglo XX fue la desintegración del imperio soviético. Para entender lo apremiante que es que la comunidad internacional no permita que Putin tenga éxito, invocar el expansionismo alemán de los años '30 y el apaciguamiento de Occidente –todo lo cual condujo a la Segunda Guerra Mundial– no necesariamente está mal. Aunque hay muchas diferencias entre entonces y ahora, no es intrínsecamente ofensivo citar esos acontecimientos históricos si se hace con cuidado y conocimiento. En algunos argumentos, ese contexto podría ser útil para invocar una imagen más completa de las consecuencias históricas.
Menos útiles son las declaraciones polarizadas y perezosas que sugieren que si ciertos partidos o movimientos obtienen poder nos dirigimos automáticamente hacia un estado nazi. Hay formas de plantear la peligrosidad de ciertas opiniones y políticas extremistas sin caer inmediatamente en la analogía nazi. Ese argumento es inverosímil si se tiene en cuenta la enorme diferencia entre la tambaleante democracia que era la República de Weimar y la fortaleza, la profundidad y los elementos institucionalizados que existen en la diversa democracia estadounidense.
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Secuelas de la Kristallnacht en Berlín, noviembre de 1938.
Secuelas de la Kristallnacht en Berlín, noviembre de 1938.
Secuelas de la Kristallnacht en Berlín, noviembre de 1938.
(Gettyimages)
Al mismo tiempo, es importante estudiar cómo Alemania pasó tan rápidamente de ser un Estado democrático a convertirse en uno totalitario, que utilizó los procesos democráticos para obtener el poder absoluto. Hay mucho que aprender sobre la descomposición legal, la toma de control sobre la cultura y los medios de comunicación, la propagandización de una población, todo en muy poco tiempo. De hecho, la Liga Antidifamación (ADL) y el Museo del Holocausto de Estados Unidos han presentado conjuntamente durante varios años programas de este tipo para las autoridades y agencias de inteligencia estadounidenses.
El aniversario de la Kristallnacht debería llevar a un nuevo compromiso para educar a los estudiantes sobre lo que significó esa noche, la importancia de oponerse a todas las formas de odio antes de que lleguen a esos extremos y eventualmente al genocidio. Además, debemos comprometernos y trabajar para fortalecer nuestras instituciones y nuestros valores democráticos.
El aniversario de la Kristallnacht debería llevar a un nuevo compromiso para educar a los estudiantes sobre lo que significó esa noche
El objetivo es aprender de la historia sin tomar un camino problemático al sugerir que Estados Unidos puede dirigirse hacia allí. Se necesita un delicado equilibrio para evitar invocar comparaciones ofensivas que son inexactas y deliberadamente polarizadoras, y al mismo tiempo reconocer que ninguna democracia, sin importar cuan fuerte sea, debe dar por sentados sus valores e instituciones democráticas.
En este sentido, todavía hay mucho que aprender de la historia para no repetirla.

(*) Kenneth Jacobson es vicedirector nacional de la Liga Antidifamación (@ADL_es)
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