Ron Ben-Yishai.
Ron Ben-Yishai.
Cortesía
El ministro de Defensa, Benny Gantz recorre el monte Dov tras el incidente de seguridad.

Israel perdió su oportunidad de crear un antecedente disuasivo contra Hezbollah

Opinión. Si bien la decisión de permitir que la célula que intentó infiltrarse en el puesto avanzado de las FDI en el norte huyera fue correcta en las circunstancias actuales, significa una oportunidad perdida de lanzar un ataque preventivo tanto para desarmar al grupo como para desacreditarlo a los ojos del mundo árabe.

Ron Ben-Yishai - Adaptado por Adrián Olstein |
Published: 02.08.20 , 12:14
Haga el intento de imaginar un escenario diferente al que tuvo lugar el lunes en el Har Dov. Imagine que las tropas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) disparan a matar a la célula de Hezbollah que intentó infiltrarse en un puesto militar en lugar de disparar simplemente unos tiros de advertencia.
No hay duda de que Hezbollah habría respondido con misiles antitanques y disparos de mortero para cubrir el escape de los que quedaran vivos y evitar que las FDI recogieran los cuerpos y armamentos dejados en el camino. Si la Unidad del Portavoces de las FDI hubiera hecho público un video de tal situación, habría humillado a Hezbollah a los ojos del Líbano y de todo el mundo árabe.
El ministro de Defensa, Benny Gantz recorre el monte Dov tras el incidente de seguridad. El ministro de Defensa, Benny Gantz recorre el monte Dov tras el incidente de seguridad.
El ministro de Defensa, Benny Gantz recorre el monte Dov tras el incidente de seguridad.
(Ministerio de Defensa)
La organización terrorista habría abierto fuego contra Israel, no solo para diluir el impacto de su fracaso ante el mundo, sino porque la organización bajo el mando de Hassan Nasrallah supone que debe tomar represalias para mantener un equilibrio disuasivo cada vez que Israel mata a uno de sus miembros. Más aún en las laderas de Har Dov, denominadas por Hezbollah como las “Granjas de Shebaa” y consideradas por ellos como territorio soberano libanés.
Para preservar la vida diaria de los residentes del norte de Israel, las FDI seguramente habrían respondido con fuego de artillería e incluso ataques aéreos para eliminar las fuentes de los ataques. El fuego de metralla y tal vez algún proyectil habrían causado daño en aldeas libanesas, empañando aún más la imagen de “defensores del Líbano” de Hezbollah y Nasrallah y dejando a la vista que ciudadanos libaneses inocentes pagan el precio de sus acciones.
Vehículos blindados en el área del monte Dov tras el intento de infiltración de Hezbollah. Vehículos blindados en el área del monte Dov tras el intento de infiltración de Hezbollah.
Vehículos blindados en el área del monte Dov tras el intento de infiltración de Hezbollah.
(Ministerio de Defensa)
Nasrallah por lo tanto habría rechazado una oferta por parte de Israel de un alto el fuego mediado por la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (FPNUL), y habría intentado ampliar a todo el sector norte los ataques de Hezbollah, incluídas las comunidades israelíes cercanas a la frontera.
Esa podría haber sido la oportunidad que Israel y las FDI habían estado esperando. Hezbollah habría continuado lanzando misiles y cohetes sobre territorio israelí y esforzandose por atacar el corazón de Tel Aviv lo más rápido posible antes de que sus misiles de precisión fuesen destruidos por las FDI sin ser disparados.
Manifestantes de Hezbollah y el movimiento Amal se enfrentan a la policía en Beirut a principios de este año. Manifestantes de Hezbollah y el movimiento Amal se enfrentan a la policía en Beirut a principios de este año.
Manifestantes de Hezbollah y el movimiento Amal se enfrentan a la policía en Beirut a principios de este año.
(Reuters)
Al mismo tiempo, Hezbollah habría enviado combatientes para atacar a las comunidades israelíes cercanas a la frontera, con el objetivo de izar la bandera amarilla de la organización y tomar como rehenes a israelíes, un logro significativo incluso si eso representaba la muerte de su propia gente como resultado.
Sin embargo, estos ataques habrían sido repelidos por las tropas de las FDI desplegadas en el área. Unos días después, la organización a través del gobierno libanés habría aceptado un alto el fuego en los términos de Israel. A Nasrallah no le habría quedado otra opción más que aceptar los términos. Tres cuartos de su arsenal de misiles y cohetes habrían sido destruidos por Israel, cualquier elemento enviado por Siria e Irán habría sido eliminado por la Fuerza Aérea de Israel y cientos de miembros de la organización habrían sido asesinados.
Irán, afectado por las sanciones, no está en condiciones de ayudar a Nasrallah y reconstruir el Líbano de la misma manera que lo hizo después de la guerra de 2006. Y esta vez la infraestructura de comando del Líbano también se habría visto afectada, gracias en gran parte a las crecientes protestas en contra de quien de facto gobierna el país, Hezbollah.
Ataque de las FDI contra un área de Beirut controlada por Hezbollah durante la segunda guerra del Líbano en 2006. Ataque de las FDI contra un área de Beirut controlada por Hezbollah durante la segunda guerra del Líbano en 2006.
Ataque de las FDI contra un área de Beirut controlada por Hezbollah durante la segunda guerra del Líbano en 2006.
(AP)
El frente interno israelí seguramente también habría recibido algunos golpes. Sin embargo, cualquier daño y víctimas del lado de Israel habrían sido insignificantes, debido a los ataques disuasivos de Israel que habrían destruido una porción considerable de los misiles y cohetes de Hezbollah, acortando así el combate.
Este escenario podría haberse cumplido si las FDI, a instancias de una decisión política, hubieran decidido ordenar a sus hombres disparar a matar a la célula terrorista que se acercó al puesto de las FDI esta semana.
Tal situación habría permitido a Israel tomar la “política de disuasión” de Nasrallah y usarla en su contra, eliminando la amenaza estratégica más grave para los ciudadanos de Israel en la actualidad. Mientras Irán no tenga armas nucleares, el arsenal de misiles de Hezbollah, junto con otras armas en su poder, es la amenaza física más grave para el país.
Líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah. Líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah.
Líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah.
(captura de pantalla)
Un arsenal como tal, que solo las superpotencias mundiales tienen hoy en día, se convertiría en una amenaza existencial para los ciudadanos de Israel si los iraníes y Hezbollah logran aumentar el número de misiles y cohetes de precisión en manos de la organización chiíta en el Líbano y las milicias chiítas leales a Irán en Siria e Irak.
Una cantidad considerable de misiles de precisión desafía la capacidad de los sistemas de defensa aérea israelíes. Incluso si Israel resulta victorioso en la próxima guerra en el norte, sus pérdidas podrían ser intolerables. Un ataque preventivo por parte de Israel es casi la única forma de enfrentar este desafío sin pagar un alto precio produciendo al mismo tiempo un fuerte elemento de disuasión frente al eje radical chiíta.
La política de “disuasión” de Nasrallah podría ser exactamente lo que Israel necesita para obtener la legitimidad internacional que tanto le hace falta para ejercer su derecho a la legítima defensa. La falta de esa legitimidad ha impedido hasta ahora dar un golpe a Hezbollah.
Soldados libaneses en una patrulla comandada por vehículos de la ONU en la frontera con Israel, 28 de julio de 2020. Soldados libaneses en una patrulla comandada por vehículos de la ONU en la frontera con Israel, 28 de julio de 2020.
Soldados libaneses en una patrulla comandada por vehículos de la ONU en la frontera con Israel, 28 de julio de 2020.
(AP)
Es posible que haya sido una buena oportunidad de lanzar el ataque preventivo necesario contra la organización terrorista, y es una pena que no haya sido aprovechada. Las condiciones en el ámbito internacional ahora son mucho más favorables para Israel, y Nasrallah otorgó una razón legítima desde el punto de vista nacional e internacional para actuar de manera contundente.
No obstante, la decisión de no disparar a matar a la célula infiltrada en Har Dov fue correcta. No por la excusa poco convincente de que la atención israelí debe enfocarse en la amenaza estratégica iraní, sino por la pandemia de coronavirus.
Una operación militar en el Líbano requiere convocar a un número importante de soldados de reserva, con un consecuente posible brote de COVID-19 entre las tropas. La falta de recursos financieros y sanitarios, como camas de hospital, seguramente derivaría en un mal manejo, por parte del gobierno, de una crisis de seguridad. Sin mencionar la crisis de liderazgo político que sólo podría augurar malas noticias para tiempos de guerra.
La decisión de mostrar moderación fue correcta. Pero si Nasrallah es tan irresponsable como para tomar represalias, se deben tomar medidas. Un ataque preventivo es la mejor manera de deshacerse de los misiles de la organización, eliminando así la amenaza y creando un antecedente disuasivo.
Este no era el momento adecuado, pero seguramente Nasrallah va a otorgar nuevas oportunidades en el futuro.
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