Marcha por el clima
Marcha por el clima en 2019 en Israel.
Motti Kimchi
El desierto en los Emiratos Árabes Unidos.

La crisis invisible que da forma al Medio Oriente

Análisis. Chiitas contra sunitas, palestinos contra israelíes, tradición contra progreso. A la lista de factores que hacen de la región un lugar explosivo hay que sumar un nuevo factor que, con fuerza formidable, ya moldea de forma significativa la sociedad, la economía y la seguridad: el cambio climático.

Gideon Behar (Zavit) - Adaptado por Adrián Olstein |
Published: 31.08.20 , 13:34
Como estudiante y luego como profesional del Islam y Medio Oriente, aprendí a mirar la región a través de un prisma muy signado por la religión y el estado, la política y la fe, la historia y las guerras. La opinión predominante fue, y sigue siendo, que la estructura de poder en Medio Oriente está definida por una serie de factores principales, entre ellos el Islam tal como se desarrolló desde los días del Profeta Mahoma hasta el surgimiento de las corrientes fundamentalistas de la Hermandad Musulmana y los diversos movimientos yihadistas.
Se me pidió que examinara los desarrollos en el Medio Oriente moderno a la luz del legado del colonialismo y la división política que creó los países de la región, para tejer en él los elementos importantes de la rivalidad histórica y religiosa entre sunitas y chiítas que se manifiestan hoy en la lucha entre Irán y sus elementos en Irak, Siria, Líbano y Yemen.
Leí en la prensa y en la literatura de investigación que el conflicto árabe-israelí (en largas épocas reducido al conflicto israelí-palestino) y el enfrentamiento de Israel con Irán y Hezbollah son los factores centrales que dan forma a la región. Esta es la consideración que se tiene de estos conflictos en las narrativas formativas hegemónicas de Oriente Medio.
Hoy creo que es hora de cambiar esta percepción y observar con seriedad, en profundidad y con una opinión clara sobre el nuevo factor organizador del Oriente Medio: La crisis climática, los procesos de desertificación y los múltiples problemas ambientales que conlleva para la región.
Es difícil explicar la guerra civil en Siria sin comprender cómo el cambio climático y la sequía fueron algunos de los factores centrales que desencadenaron el levantamiento contra el presidente Bashar Assad. Cuatro años de hambruna entre 2006 y 2010 llevaron a cientos de miles de sirios al borde de la inanición, provocaron el abandono masivo del campo y agravaron el resentimiento contra el gobierno.
El desierto en los Emiratos Árabes Unidos. El desierto en los Emiratos Árabes Unidos.
El desierto en los Emiratos Árabes Unidos.
(AFP)
Los disturbios del pan en Egipto que precedieron al derrocamiento del presidente Hosni Mubarak pueden atribuirse, en parte, al aumento de los precios del trigo entre los mayores exportadores del mundo como resultado de una mala cosecha mundial. Esto provocó una suba de los precios mundiales de alimentos que perjudicó gravemente al ciudadano egipcio cuyo principal ingrediente es la pita y el pan.
La terrible guerra civil que se desarrolla desde hace años en Yemen no puede entenderse hoy sin los efectos del cambio climático que contribuyeron sustancialmente al agotamiento de sus aguas subterráneas y la destrucción de la agricultura, el brote de enfermedades como el cólera y en el último tiempo una grave plaga de langostas.
El cambio climático en Medio Oriente también se ve afectado por el rápido crecimiento de la población en la región, uno de los más altos del mundo, lo que supone una pesada carga para la capacidad de los países de la región para producir sus alimentos. De hecho, incluso hoy, Medio Oriente depende casi por completo de las importaciones de alimentos desde otras partes del mundo, por lo que cualquier fluctuación en los sistemas de suministro a nivel internacional amenaza la seguridad alimentaria local.
Las consecuencias de esta situación son cada vez más visibles a raíz de la crisis del coronavirus y el deterioro económico consecuente en países como Siria y Líbano, que además sufrió de forma reciente un duro golpe a su principal arteria de suministro, en la explosión del puerto de Beirut.
Ola de calor en Irak, con registros de 51 grados centígrados. Ola de calor en Irak, con registros de 51 grados centígrados.
Ola de calor en Irak, con registros de 51 grados centígrados.
(AP)
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) ya define cinco países de Medio Oriente con porciones significativas de la población que sufren de hambre: Siria, Líbano, Irak, Yemen y Sudán. En Sudán, por ejemplo, se estima que más de 10 millones de personas están al borde de la inanición, más de una cuarta parte de la población del país.
Olas de calor y escasez de agua
En Oriente Medio, hay una gran escasez de agua que afecta a diversas áreas, incluida la economía. El Banco Mundial estima que esto tendrá como consecuencia una pérdida del PIB de la región de entre 6 y 14 por ciento en 2050. Esta situación conduce a conflictos por el agua, como el que estalló entre Egipto, Sudán y Etiopía en torno a la represa del Renacimiento sobre el río Nilo Azul en Etiopía. A esto se suma Turquía, que bloquea sistemáticamente los afluentes del Éufrates en su territorio y retiene cantidades considerables de agua de Siria e Irak. Irán, por su parte, está construyendo represas en los afluentes del Tigris en su territorio, independientemente de la escasez de agua que genera en Irak.
La fuerte ola de calor que azotó Medio Oriente a finales de julio de este año seguramente será recordada en Irak y Siria, donde se registraron temperaturas de más de 50 grados. Bagdad alcanzó registros de 51 grados centígrados. Damasco alcanzó los 46 grados. Se trata de condiciones insoportables para la vida humana. Y cuando miramos los modelos climáticos previstos para las próximas décadas, percibimos que no se trata de un fenómeno inusual sino de una rutina que caracterizará a la región.
Desertificación y pérdida de tierras agrícolas
El cambio climático, la agricultura no sustentable, el pastoreo excesivo y otros factores también contribuyen a un poderoso proceso de desertificación, que se refleja en la pérdida de fertilidad del suelo y la reducción de las precipitaciones. No está lejos el día en que gran parte de la tierra cultivable se convierta en un páramo, hecho que aumentará aún más el proceso migratorio de los pueblos a las ciudades y de las ciudades a otros países.
También es posible esperar que los exportadores de petróleo se vean afectados por el cambio climático a medida que se intensifica la presión internacional para abandonar los combustibles fósiles. La economía de los países exportadores de petróleo y gas se verá afectada a medida que el mundo vire hacia las energías renovables. En la actualidad el costo de generar electricidad a partir de energía renovable es, en muchos lugares del mundo, significativamente más barato que producirla a partir de petróleo o gas. Los países de la región, cuyos presupuestos dependen en gran medida, cuando no exclusivamente, de las exportaciones de petróleo y gas, acusarán el golpe. Este proceso afectará también los ingresos de millones de trabajadores extranjeros en los estados del Golfo, de Egipto, Jordania, Yemen y más.
Llegó el momento de cambiar la forma en que pensamos a Medio Oriente. A medida que pase el tiempo, el peso del cambio climático, el crecimiento poblacional, el proceso de desertificación y en general la crisis ambiental serán los factores que darán forma a la región: guerras, migraciones a gran escala e inestabilidad política a causa del hambre conmocionarán a sus países.
Jóvenes transportan bidones de agua en Siria. Jóvenes transportan bidones de agua en Siria.
Jóvenes transportan bidones de agua en Siria.
(AFP)
Puede resultar difícil al principio identificar el impacto de estos nuevos factores, ya que sus consecuencias son similares a procesos por los cuáles ya es conocido Medio Oriente hace décadas: guerras, inmigración, refugiados, etcétera. Pero en la raíz de procesos similares hay motivos diferentes.
Ante esta situación, los países de Oriente Medio deben invertir en la construcción de resiliencia y adaptación al cambio climático. Por ejemplo mediante una conversión a la agricultura basada en el riego preciso, la construcción de ciudades resistentes al calor, la eliminación de la infraestructura en las áreas propensas a inundaciones, el esfuerzo por rehabilitar ecosistemas, racionalizar los problemas del agua, incluido el tratamiento masivo de aguas residuales, diversificar la economía, cambiar a energías renovables, exportar energías renovables, por ejemplo, mediante la producción de gas hidrógeno mediante energía solar en los desiertos de la región y su exportación en forma líquida a países desarrollados de Europa y Asia.
La construcción de colaboraciones transfronterizas entre los países de la región y el aprovechamiento de la comunidad internacional con sus capacidades y recursos para este propósito son otro aspecto necesario de la preparación regional para la crisis climática.
El acuerdo de paz con los Emiratos Árabes Unidos y, con suerte, los acuerdos que se firmarán con otros países árabes, indican que este puede ser un buen momento para que el Estado de Israel comparta experiencias, tecnologías e ideas, para construir colaboraciones de amplio alcance en beneficio de todos. Israel, probablemente más que cualquier otro lugar del mundo, acumuló habilidades, conocimientos e ideas que pueden ser utilizados por todos los países de la región para enfrentar la crisis climática. Es importante que se actue de manera proactiva para promoverlos. La crisis climática es, ya ahora, un factor organizador decisivo en Oriente Medio y su peso solo irá en aumento en las próximas décadas. Deberíamos empezar a considerarlo antes de que sea demasiado tarde.
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