Svetlova
Ksenia Svetlova, ex parlamentaria de la Knesset de Israel.
Ynet
El primer ministro Netanyahu recibió críticas por sus expresiones hacia la izquierda.

¿Qué pasa si se cambia la palabra izquierdistas por “judíos”?

Opinión. Una ex parlamentaria israelí realiza un paralelismo entre el discurso de Netanyahu hacia sus opositores y las expresiones antisemitas que suelen condenarse en Israel y el mundo judío.

Ksenia Svetlova - Adaptado por Tom Wichter |
Published: 30.07.20 , 07:31
Hace unos años un periodista británico se encerró durante una semana en una habitación a mirar exclusivamente el canal Russia Today para analizar los mensajes de propaganda contra Occidente. Si en Israel se hubiera hecho un experimento similar, en el que alguien solo se hubieran limitado a observar el canal 20 o las publicaciones de Netanyahu en redes sociales, esa persona se convencería de que la izquierda del país no es un movimiento político en decadencia, sino una potencia demoníaca, parte de una organización global que amenaza el orden mundial, que controla el dinero y los medios a través de misteriosos presupuestos asignados por George Soros.
Recientemente la izquierda israelí también recibió un nuevo sello oficial: propagadores de enfermedades. Difícilmente haya un judío que no haya sentido un Deja Vu al escuchar estas expresiones.
En la Unión Soviética de Stalin también se acusaba de “enemigos de la patria” y se señalaba a opositores porque supuestamente trabajaban para los servicios de inteligencia mexicanos, británicos, franceses o estadounidenses, buscando así corromper a la gente y dañar a sus gobernantes.
Primer ministro, Benjamín Netanyahu. Primer ministro, Benjamín Netanyahu.
El primer ministro Netanyahu recibió críticas por sus expresiones hacia la izquierda.
(Oficina de Prensa de Israel)
Resulta extraño que ocurra en Israel cuando las encuestas muestran que el bloque de centro izquierda se empequeñece. Apenas un 11% de los israelíes se identifica como “de izquierda” y el partido laborista Avodá ni siquiera logra superar el porcentaje mínimo de votos para ingresar a la Knesset. Sin embargo, la derecha continúa advirtiendo sobre el gran peligro que acecha al pueblo de Israel por culpa de “la izquierda y los anarquistas”.
Todavía no queda claro como esta fuerza satánica, que a los ojos de la derecha estuvo involucrada en todas las injusticias posibles desde el inicio de la humanidad hasta hoy, permitió el establecimiento del Estado de Israel y ganó varias guerras sin la participación de Netanyahu. Se trata de un poder oscuro, de objetivos maliciosos, que encaja bien en el discurso conspirador de una derecha que gobernó el país durante 43 años y todavía responsabiliza por sus fracasos a una izquierda disminuida.
La propaganda es un invento antiguo, pero la tecnología ayuda a difundirla rápidamente hasta que la mentira y la incitación se vuelven virales. ¡Hey, igual que la enfermedad que propagan los izquierdistas! Cuando el primer ministro culpó a quienes se manifestaban en contra suyo de propagar el coronavirus, millones de antisemitas de todo el mundo se habrán sorprendido de que un líder israelí adoptara un discurso oscuro sobre los judíos.
Uno de los manifestantes heridos en la protesta.Uno de los manifestantes heridos en la protesta.
Herido en una manifestación contra Netanyahu.
Durante siglos los judíos fueron acusados de ser ricos y/o financiados, de tratar de dominar el mundo, aferrarse a medios de comunicación, corromper la moral y convertirse en un riesgo sanitario. En Israel despiertan conmoción declaraciones de este tipo, especialmente cuando surgen de laboristas británicos, iraníes o parlamentarios europeos de segundo orden. Pero por alguna razón la demonización del primer ministro israelí hacia la izquierda se acepta sin problemas.
Es dudoso que Netanyahu crea en Soros, los Illuminati o que realmente sea la izquierda quien propaga enfermedades o quiere vender Israel a los iraníes en nombre de la Internacional Socialista. Pero sí existe un público que lo escucha, que está influenciado por esta incitación y lo aceptan como una “verdad alternativa”. Son sus seguidores quienes golpean a manifestantes en Tel Aviv, los rocían con gas pimienta, los calumnian en redes sociales con sus dedos llenos de odio o atacan a un periodista que va a hacer su trabajo.
Esta situación no sorprende a nadie que haya seguido la escalada de odio que se cultivó durante las últimas dos décadas. Es un demonio que ya no puede controlarse y su resultado podría ser devastador, causando derramamiento de sangre de quienes se identifican con la izquierda (incluso si no forman parte de ella), y perjudicando así a un bello y frágil Estado de Israel.
*Ksenia Svetlova fue parlamentaria de la Knesset por el partido Majané Zioni y es directora del Programa de Relaciones Israel-Medio Oriente en el Instituto Mitvim.
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