Miembros de Hezbollah.
Miembros de Hezbollah.
AFP
Actualmente, Hezbollah es la mayor amenaza militar de Israel.

Israel y EE.UU. deben cambiar su postura sobre el Líbano

Análisis. La nueva administración de la Casa Blanca debe aprovechar la crisis libanesa para impulsar medidas que debiliten a Hezbollah y golpeen a Irán donde más le duele.

Giora Eiland - Adaptado por Juan Martín Fernández |
Published: 11.20.20 , 16:11
En los procedimientos de planificación y toma de decisiones, suele haber dos tipos de errores. El más común es la mala toma de decisiones sobre un tema en discusión, lo que suele deberse a la falta de información, a un análisis superficial, a no pensar fuera de la caja o simplemente a la mala suerte.
El segundo error es hacer caso omiso de un problema. La respuesta del Estado de Israel a la pandemia podría enmarcarse en esta categoría: cuando el virus comenzó a circular por el mundo e Israel todavía no tenía casos, ninguno de los principales mandatarios atinó a monitorear a todos los que ingresaban al país desde el exterior y así prevenir una masiva entrada del virus.
LíbanoLíbano
Actualmente, Hezbollah es la mayor amenaza militar de Israel.
(AFP)
Este segundo problema también es muy común en lo que respecta a la habilidad política, como se evidencia en los temas discutidos por Washington y Jerusalem en cada una de las cumbres que llevan a cabo. Durante décadas, los dos problemas abordados fueron, casi de manera exclusiva, el programa nuclear iraní y el conflicto palestino-israelí.
Una cuestión que no se tuvo en cuenta fue el Líbano. En lo que respecta a Jerusalem, los problemas con Beirut derivan de las capacidades militares de Hezbollah. Es una cuestión puramente militar y la vía diplomática no ha brindado muchas soluciones.
Israel se adhiere expresamente a la antigua narrativa de Estados Unidos y Europa sobre los dos grupos marcados que habitan Líbano: los “buenos” y los “malos”. Los "buenos" son los sunitas, cristianos y drusos que están a favor de un país liberal y pro-occidente. Los "malos" son los chiítas y Hezbollah.
Partidarios de los grupos chiítas Hezbollah y Amal durante una manifestación en Beirut. Partidarios de los grupos chiítas Hezbollah y Amal durante una manifestación en Beirut.
Partidarios de Hezbollah y Amal durante una manifestación en Beirut.
(AFP.)
La conclusión lógica de este paradigma es que hay que apoyar a los "buenos" debilitando a los "malos". Pero la situación política sobre el terreno es muy diferente. En realidad, la élite cristiano-sunita y Hezbollah trabajan bajo un acuerdo de poder compartido.
Sin embargo, llegó una crisis político-económica que arrasó con el país y, de repente, Occidente vio una oportunidad única para cambiar realmente la realidad política de Líbano. Francia ya se ha designado a sí misma como líder en los esfuerzos por llevar adelante la transformación, pero no puede hacerlo sola.
La nueva administración de la Casa Blanca tiene la oportunidad de entablar un diálogo con el presidente libanés Michel Aoun, que está luchando por construir un gobierno estable, y brindarle ayuda. Aunque a cambio debería llegar a un acuerdo para desarmar, al menos parcialmente, a Hezbollah.
El presidente del Líbano, Michel Aoun (izq.), Da la bienvenida al presidente francés, Emmanuel Macron (der.), A su llegada al aeropuerto de Beirut, Líbano. El presidente del Líbano, Michel Aoun (izq.), Da la bienvenida al presidente francés, Emmanuel Macron (der.), A su llegada al aeropuerto de Beirut, Líbano.
Michel Aoun junto a Emmanuel Macron.
(Reuters)
Hezbollah, por supuesto, se negará, pero la organización terrorista es ante todo un grupo político que teme perder legitimidad entre el público. En el momento en que el pueblo del Líbano, que es en su mayoría chiíta, analice las dos opciones que tiene sobre la mesa, lo entenderá: enfrentarse a Estados Unidos y arriesgarse a un colapso total o pactar para intentar salir a flote.
La posibilidad de que acepten entablar conversaciones aumenta aún más si los norteamericanos presionan por una propuesta más estricta: aceptan la oferta o enfrentan sanciones económicas.
Este tipo de enfoque tiene tres ventajas principales tanto para Israel como para Estados Unidos. En primer lugar, si la propuesta se aprueba, la mayor amenaza militar actual de Israel se verá disminuida. Si no se acepta, de todas formas Hezbollah quedará arrinconado en la política libanesa.
Terrorista de Hezbollah en el sur de Siria, cerca de la frontera con Israel.Terrorista de Hezbollah en el sur de Siria, cerca de la frontera con Israel.
Terrorista de Hezbollah en el sur de Siria, cerca de la frontera con Israel.
(Imagen de archivo/AP)
En segundo lugar, cualquier daño hecho a Hezbollah lo sentirá inmediatamente su patrón Irán. La República Islámica está tratando de intervenir en muchos países de la región, principalmente Irak, Yemen y Siria. Pero el único en el que ha logrado influir por completo es en Líbano. Teherán controla a Hezbollah, y Hezbollah gobierna de facto en el país.
En tercer lugar, a diferencia del programa nuclear iraní y del problema palestino, no se espera que este sea un asunto que cause ningún desacuerdo entre Jerusalem y Washington. Todo lo que hay que hacer es convencer a Joe Biden de que cambie su perspectiva del Líbano y obtenga un logro diplomático masivo sin riesgos.
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