Bennett
Naftalí Bennett, primer ministro de Israel.
Olivia Fitoussi
Naftalí Bennett, primer ministro de Israel.

A pesar de las súplicas de Bennett, los judíos occidentales no quieren emigrar a Israel

Opinión. El llamado del primer ministro para traer 500.000 judíos de Estados Unidos, Francia y Sudamérica a Israel en la próxima década es sólo otro ejemplo de cuán regresivo es el Estado en sus puntos de vista, que ignora a decenas de miles de judíos de Europa del Este que llegan a sus costas todos los años.

Liran Friedmann - Adaptado por Rubén Pereyra |
Published: 11.10.21, 18:12
Aquellos que deseen comprender cómo Israel ve realmente a la diáspora judía en Europa del Este pueden buscar una pista en los comentarios de apertura del primer ministro Naftali Bennett en la conferencia de Ynet que marca la Semana de la Absorción e Inmigración.
"Nuestro objetivo es traer 500.000 inmigrantes judíos de las fuertes comunidades de Estados Unidos, Sudamérica y Francia", señaló el primer mandatario israelí.
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Naftalí Bennett, primer ministro de Israel.
(Olivia Fitoussi)
Al principio, éste parece un objetivo bastante razonable para un país establecido por inmigrantes. Las comunidades judías del mundo occidental son muy prósperas y talentosas, y probablemente harán maravillas por Israel. Sin embargo, si se mira más profundamente, hay un problema grave: esta no es una súplica para que estos judíos se unan al viaje, sino más bien un grito de ayuda para salvar al país del "ataque" de inmigrantes de Europa del Este.
Durante la última década, aun después de que terminó oficialmente la ola de inmigración masiva de la ex Unión Soviética en los años 90, Europa del Este en general y Rusia en particular continuaron superando enormemente a todas las demás regiones en lo que respecta a la inmigración a Israel. En promedio, entre 19.000 y 25.000 inmigrantes llegan anualmente de esa región, mientras que los nuevos inmigrantes de Europa, América del Norte y del Sur apenas alcanzan ese número todos juntos.
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Inmigrantes judíos de Estados Unidos que llegan a Israel.
Inmigrantes judíos de Estados Unidos que llegan a Israel.
Inmigrantes judíos de Estados Unidos que llegan a Israel.
(Nathaniel Cohen)
La razón por la que Israel no se jacta de estos números se puede encontrar en la frase que dijo Bennett justo antes de presentar el nuevo y grandioso objetivo del país. "La inmigración no sólo nos fortalece como país, sino que también mantiene nuestra existencia continuada como judíos frente a la creciente asimilación, especialmente en Estados Unidos. Esta es una tendencia que debe preocuparnos a todos y cada uno de nosotros, independientemente de la religión que tengamos".
Israel, a pesar de afirmar ser el hogar de todos los judíos, aún continúa con su mentalidad racista y segregacionista hacia la Diáspora de Europa del Este. Esas 20.000 personas que emigran a Israel desde Europa del Este cada año tienen suerte si el Estado incluso les da la cortesía de llamarlos judíos.
Israel sigue protegiendo el dogma anticuado y discriminatorio de la "sangre judía santa y limpia", que ha sido erradicado de la mayoría de las comunidades judías de todo el mundo, e incluso dentro de Israel, y muchos judíos se casan con no judíos u optan por no casarse con el Gran Rabinato. En cambio, celebrar ceremonias civiles para mostrar su amor mutuo sin tener la necesidad de que un rabino les pregunte si pueden demostrar que su tatarabuelo materno era judío.
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Inmigrantes judíos de la ex Unión Soviética en el aeropuerto Ben-Gurion en 1990.
Inmigrantes judíos de la ex Unión Soviética en el aeropuerto Ben-Gurion en 1990.
Inmigrantes judíos de la ex Unión Soviética en el aeropuerto Ben-Gurion en 1990.
( David Rubinger )
Es difícil estar orgulloso de tantos inmigrantes de Moscú, Tashkent o Minsk, que han hecho tanto por el Estado pero no son tan geniales y modernos como sus pares judíos de París o Nueva York.
Otro tema que Bennett podría estar ignorando es que tal vez los judíos franceses y estadounidenses no quieran venir a Israel porque está muy lejos de lo que están acostumbrados en sus comunidades locales, que son más abiertas y liberales.
Lo que Bennett no comprende es que debe haber un cambio drástico en la forma en que Israel ve a sus inmigrantes judíos. Decirles a los estadounidenses y a los franceses que estarán bien aquí no es suficiente. Saben demasiado bien hacia dónde se dirigen si hacen Aliá: un país cuya burocracia e instituciones se niegan a reconocer su sistema de creencias.
Entonces, señor primer ministro, en lugar de abrir los brazos de par en par a Jeff de Los Ángeles o Mary de Toulouse, tal vez debería dar algo de crédito a esos "rusos" que siguen viniendo aquí, a pesar de que el establishment de este país desea que simplemente se queden donde están.
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