Rona-Li Shim’on Fauda
Rona-Li Shim’on Fauda
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Los actores de Fauda formaron un grupo muy unido

Fauda: la otra cara de la protagonista

Rona-Li Shim’on volverá este año a Netflix con la tercera temporada de la serie. En esta entrevista nos cuenta anécdotas de su vida como soltera, la terapia psicológica y el día que casi la “linchan” en el rodaje.

Yaara Yaacob - Adaptado por Beatriz Oberlander |
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Me reconocen en el extranjero
La primera vez que me reconocieron en Nueva York fue en el control de fronteras y de inmigración. Siempre le he tenido miedo a la Policía de Inmigración, lo que no tiene ninguna explicación lógica. Pasé varios controles, hasta que llegué al último. Allí, una mujer me miró intensamente, con una mirada que me hizo pensar: “Seguro que me manda a la cárcel”.
Un segundo antes de pasar, la mujer me dijo con un fuerte acento ruso que le mostrara el pasaporte. Yo rezaba interiormente para que no me mandaran a la cárcel. Entonces ella me dijo: “Fauda, ¿verdad?” Le dije que sí, y me preguntó cuándo se iba a emitir la siguiente temporada porque le gustaba mucho la serie. Creo que jamás estuve tan contenta diciendo que yo era la de la televisión.
Emborracharse con Fauda
En Fauda, los actores formamos un grupo muy unido, y muchas veces salimos juntos a pasarla bien. Después del rodaje, y de la forma más natural del mundo, queríamos seguir juntos. Eso también ocurría en épocas en las que no había rodaje. Un día, hace un año, fuimos a un bar de Tel Aviv, y cuando cerró porque era tarde seguimos paseando juntos por la calle Dizengoff. Estábamos tan borrachos que no nos dábamos cuenta de casi nada. Éramos como unos trapos caminando por la vereda. Lo curioso era que la gente con la que nos cruzamos en la calle nos trataba como si realmente fuéramos los héroes de una unidad de lucha contra el terrorismo. Se dirigían a nosotros con los nombres de nuestros personajes de ficción en la serie. Pero después de esa noche nos dijimos que era mejor no beber nunca más alcohol en grupo.
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Rona-Li Shim’on Fauda
Rona-Li Shim’on Fauda
Los actores de Fauda formaron un grupo muy unido
(Fauda)
El día en que me “lincharon”
Un día estábamos rodando una escena realmente espeluznante en la aldea palestina de Kfar Kásem. Era una escena en la que supuestamente nos descubrían, y nos querían linchar. Lo que tenía que suceder, de acuerdo con el guión, era que la multitud sacudiera nuestro coche y fueran violentos con nosotros. En la realidad, las cosas fueron mucho más lejos. Los actores que sacudían el coche estaban realmente enardecidos, y ni siquiera se dieron cuenta de que el director había gritado “¡corten!” Dio mucho miedo. En realidad no había motivo para tener miedo, pero daba la sensación de que las cosas sucedían en la realidad.
Celebrar con un Mustang rojo
Estando yo en Los Ángeles, me dijeron que me habían dado el papel en Fauda. Estaba allí visitando a una amiga, y viajabamos a Malibú en un coche que era un sueño: un Mustang rojo descapotable. Mientras estábamos en camino, me llamó la agente de actores y expresó: “Te aceptaron, te dieron el papel”. Cuando lo oí, pegué un grito. No creo que haya una situación más digna de celebrar: viajar a 180 kilómetros por hora en la autopista y en un coche como ese. Tal vez en moto fuera un poco más.
No es mi estilo conocer a alguien a través de aplicaciones de citas
Hace poco vi que Sharon Stone había escrito a la aplicación de citas Bumble ya que la habían bloqueado. Y ella misma tuvo que pedir que la desbloquearan. Fue curioso. Hasta Sharon Stone usa una aplicación de ese tipo… Pero yo soy una persona muy física, y tengo que ver los ojos de la persona para darme cuenta quién y cómo es. Me cuesta fiarme de mensajes; es una plataforma que responde a mi estilo. Pero quién sabe qué puede suceder en el futuro. Hace mucho tiempo que no ligo por azar con un hombre. Hace varios años, alguien se acercó a mí y manifestó: “¿Puedo llevarte a una práctica de tiro?” Fue una sensación embarazosa. Sonreí abochornada, y seguí de largo.
Tengo “miedo escénico”
El momento en el que sentí más “miedo escénico” fue la primera vez que tuve que decir un monólogo cuando estudiaba teatro. Fue dos meses y medio luego de haber empezado. Tuve tanto miedo de que llegara ese momento, por lo que trabajé en el monólogo hasta las seis de la mañana. Cuando me llegó el turno, empecé a recitarlo, y en la mitad me quedé en blanco. En ese momento pensé en retirarme de la profesión, y que no valía para ser actriz. Tampoco sabía quién era, ni qué personaje estaba interpretando. Después de treinta segundos de silencio seguí, y salió todo bien. Me ocurrió lo mismo muchos años después, cuando actuaba en la obra Cabaret y en medio de una canción. No sabía lo que pasaba. Me llevó un rato volver a mí misma, y entretanto seguía moviendo las caderas. No sé por qué muchas veces subo al escenario sin ningún problema, y otras me muero de miedo.
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Rona-Li Shim’on en una escena de la serie
(Fauda)
Todavía no ha llegado el hombre apropiado al que espero
Yo no soy una persona que se olvida a sí misma cuando está en pareja, y esa cuestión siempre ha estado para mí en segundo lugar, después del trabajo. Pero, a medida que maduro, me doy cuenta de que es necesario un equilibrio entre la profesión y la vida amorosa. Ahora soy consciente de que la vida amorosa es importante para mi desarrollo personal. Creo en ella, y la ansío. Siempre he creído que al final llegaría la persona apropiada para mí. Yo fluyo con lo que sucede, pero quiero que me sucedan cosas propias de mí. Cuando llegue esa persona, todo va a adquirir sus debidas proporciones. También pienso qué tipo de madre seré porque muchas de mis amigas tienen hijos. Yo paso bastante tiempo con sus hijos; a veces incluso cuando la madre no está. Para mí es importante. Pienso cómo seré con mis hijos, y entretanto aprendo mucho de mis amigas.
La publicación de desnudos míos no me afecta
Fue un proyecto artístico del fotógrafo Ron Kadmi. Las fotos se sacaron hace tiempo. Su objetivo y su valor no cambiaron por el hecho de que aparecieran ahora publicadas. Eso no me afectó en lo más mínimo porque yo sé la verdad. Cuando dicen de mí algo que no es cierto, no me afecta. Yo sé quién soy.
La terapia psicológica no me sirve
Casi toda mi vida he estado en terapia psicológica, aunque no seguido. Me sirvió, pero en los últimos dos años he sentido que necesito otra cosa. He sentido que la terapia ya no responde a mis necesidades. He buscado una mano que me guíe, pero que no me venga del mundo que ya conozco. Hace diez meses, alguien me habló de lo que se llama “asesoramiento biográfico”. Es una terapia que ayuda a desarrollar herramientas para descubrir quién es. Una observa los acontecimientos y la historia de vida desde afuera, y se trata de entender qué es lo que me mueve desde el inconsciente. A mí, eso me ayuda mucho.
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Rona-Li Shim’on interpreta a la única mujer del grupo de inteligencia israelí que se infiltra en los pueblos árabes
(Fauda)
La India me hace feliz
Viajé a la India después de una separación. La separación me produjo una sensación de soledad que no había conocido hasta entonces. Le dije a una amiga que me resultaba difícil lidiar con la situación, y que me surgían todo tipo de preguntas. Mi amiga me dijo que fuera a visitarla a Tailandia, pero justo entonces decidió volver a Israel debido a un ataque de pánico, pero me sugirió que viajara a la India. Tuve mucho miedo; no sabía lo que me esperaba. Nunca me había tomado vacaciones completas en un lugar en el que no sabía dónde entrenarme. No es como viajar a Nueva York, donde puedo seguir bailando. Me compré un pasaje, y ese viaje fue la época más feliz de mi vida. La India me desnudó espiritualmente, y borró todo lo que pensaba que yo era. Rona-Li, la actriz y bailarina. Durante el viaje, en el día a día en la India, no tuve necesidad de otras cosas. Esa experiencia me llevó a un viaje por espacios que había dentro de mí, y volví a casa siendo otra persona.
Un paseo de miedo
En mi segundo día en la India conocí a un muchacho que me preguntó si quería hacer un paseo en bicicleta con él. Salimos a las seis de la mañana, y empezamos a pedalear. La primera parte fue extraordinaria. Subimos a una montaña, pero cuarenta y cinco minutos después no podía creer lo que estaba sucediendo. Los caminos se hicieron muy estrechos, y había precipicios alucinantes. Temblaba de miedo. El muchacho no me había dicho nada sobre eso porque quería que yo hiciera el paseo con él. Era uno de los caminos más peligrosos del mundo, y yo no estaba preparada para ello. Pero tal vez lo habría hecho aun sabiéndolo.
No sabía que la actuación era una opción de vida para mí
Un día hicieron pruebas de actuación a todos los bailarines de “Nacidos para bailar”. Nos dijeron que fuéramos a las oficinas de Producciones Teddy. Ninguno de nosotros sabía de qué se trataba. Después de haber hecho la prueba de actuación, me llamaron dos veces. Una de ellas veces fue delante de Ran Danker. Y después me dijeron que me habían aceptado. No me conocía a mí misma haciendo otra cosa que bailar. Y eso era realmente diferente porque tenía que hablar. Fue extraordinario saber que yo podía contar una historia hablando. No tuve ocasión de ver “Nuestra canción” desde que salió, hace trece años, pero tampoco tengo deseos de verla.
Hacer un viaje romántico en avión
Tuve la experiencia más romántica de mi vida cuando tenía 19 años. En esa época tenía un novio estadounidense. Era un actor desconocido, y nos conocimos en el Ministerio del Interior de Holanda. Él se dedicaba al cine, y yo a bailar. Cuando él subía las escaleras, nos sonreímos uno a la otra. Después esperó que yo saliera, me preguntó cómo me llamaba y si quería que me llevara a algún lugar. En general tengo cuidado, pero esa vez no olí ningún peligro. Un día me llevó a un aeropuerto, y cuando llegamos me tapó los ojos. No sabía hacia dónde volábamos, y cuando aterrizamos descubrí que estábamos en Viena. Yo me sentía como en un parque de diversiones. Comimos bien y bebimos, y fue un fin de semana romántico perfecto.
Pedir prestado, no comprar
Lo más caro que me compré últimamente fue un perfume de 400 dólares. Es la cosa con la que más “me mimé a mí misma”. No necesito marcas ni cosas por el estilo en materia de ropa o de zapatos. Además de perfume, me pongo joyas pero no caras. Cuando voy a eventos me gusta pedir prestado, no comprar. Hubo una época de mi vida en la que ir de comprar me hacía feliz. Ahora no. Tengo más cuidado con lo que compro porque también soy consciente de lo que le hace a nuestro planeta Tierra. En lugar de comprar diez blusas en una tienda, me basta con una. Ya no tengo necesidad de comprar en grandes cantidades.
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