Guy Nattiv
Guy Nattiv junto a su mujer, Jamie Ray Newman.
AFP
La estatuilla dorada ganada por el israelí

La vida después del Oscar

Guy Nattiv nos sorprendió a todos hace exactamente un año, cuando ganó el codiciado Oscar por su cortometraje Skin. El israelí revive la experiencia y describe cómo influye el hecho de ganar ese premio en la vida de un cineasta en Hollywood.

Adi Grinberg - Adaptado por Beatriz Oberlander |
Published: 10.02.20 , 19:46
Hace justo un año, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas le dio el premio al israelí Guy Nattiv por su cortometraje Skin.
Nattiv cuenta, en esta entrevista especial, cómo fue el año del mayor éxito profesional de su vida, que le abrió oficialmente las puertas como cineasta de pleno derecho en Hollywood, cómo descubrió la historia del Bryon Widner leyendo el diario israelí Haaretz en una cafetería de Tel Aviv, y cómo su asesor de inversiones lo tildó de loco cuando le contó que dedicaría todos sus ahorros a financiar la película, luego de que todos los productores, desde el más conocido hasta el más anónimo, le cerraron las puertas.
Nattiv se centra en lo que de verdad le importa. Habla sin parar de sus abuelos, sobrevivientes del Holocausto que vivieron el kibutz Lojamei Haguetaot (en español, ‘Los combatientes de los guetos’) ya fallecidos, y señala cuánto extrañó su país en el año más apasionante de su vida.
Con la obtención de la estatuilla dorada y el nacimiento de su segunda hija, no hay duda de que tiene el listón muy alto para el año 2020.
250 festivales, 70 premios y un solo Oscar
Como corresponde a una película ganadora del Oscar, Skin tuvo un enorme eco en el mundo. Se vendió a más de cuarenta países, entre ellos Austria, Brasil, Canadá, Irán, Qatar, Dinamarca, Francia, Estados Unidos, Japón, Portugal, Australia, Nueva Zelandia, varios países africanos... Y la lista sigue.
El año pasado, el cortometraje se proyectó en nada menos que 250 festivales de todo el mundo, en los que ganó 70 premios diferentes, y por supuesto el Oscar. Nattiv cuenta que desde entonces, le llegan sin cesar comentarios sobre la película publicados en todos los medios de comunicación imaginables: “Yo trato de contestar a todos. Incluso un joven iraní me envió un guion para un cortometraje que había escrito, y me preguntaba qué me parecía. Skin atraviesa fronteras, culturas y grupos humanos. Está más allá de la política”.
Nattiv relata que de los cientos de proyecciones de la película en las que estuvo presente, la que tuvo lugar en Israel, en el Festival Internacional de Cine de Haifa, fue la más emocionante de todas: “Es emocionante estar en la tierra de uno, en el país de uno, y proyectar lo que uno había creado”.
Guy NattivGuy Nattiv
La estatuilla dorada ganada por el israelí
(AFP)
Una idea nacida en un café de Tel Aviv
Nattiv emigró a Estados Unidos hace cinco años por amor a Jamie Ray Newman, que después se convirtió en su esposa y en madre de sus dos hijas. “Jamie y yo estuvimos en una relación a distancia durante cuatro años y medio. Ella es actriz, y yo quería viajar y recorrer el mundo. Una mañana del 2013, antes de irme a Estados Unidos, estaba sentado en un café de Tel Aviv y buscaba un tema para mi primera película en Estados Unidos porque sabía que mi curriculum israelí no le iba a interesar a nadie allí.
Por casualidad, me topé en el diario Haaretz con un artículo que contaba la historia de Bryon Widner, el neonazi de los tatuajes alrededor del que gira película. El artículo me había conmocionado. Enseguida llamé a Jamie y a mi abuelo, y les conté la idea. Mi abuelo dijo que era una historia increíble, y de esa manera aprobó la idea y me dio su bendición. Es una historia de redención, con un mensaje de esperanza.
A partir de ese momento comentó la tarea de escribir el guion. Me puse en contacto con Bryon Widner y su esposa. Me dijeron que si íbamos en serio, tendríamos que ir a verlos. Jamie (desde Los Ángeles) y yo (desde Israel) viajamos a Albuquerque, en el estado de Nuevo México, para reunirnos con ellos.
Estábamos en una cafetería dejada de la mano de Dios, que parecía sacada de una escena de la serie Breaking Bad. Yo era el primer israelí al que Bryon Widner había conocido personalmente hasta entonces. Y para mí era la primera conversación con un ex militante neonazi. Tuvimos una hermosa conversación, en la que salió lo mejor de nosotros como seres humanos. Bryon y su esposa firmaron en una servilleta el “contrato” de derechos de autor, y a partir de ahí tuve luz verde para empezar a escribir el guion. Así nació Skin.
El camino hasta la producción de la película fue algo más complicado. Cuando Nattiv iba de un productor a otro con el guion de Skin, le dieron un portazo una y otra vez.
Los productores decían que “hacer una película sobre neonazis en Estados Unidos no funcionaría, y que y además no son tan numerosos allí”, señalaban.
“Me sentí muy frustrado porque por un lado recibimos muchos ‘no’, pero al mismo tiempo surgieron todo tipo de propuestas de Israel. Jamie y mi hermano Guil propusieron algo que lo cambió todo. “Tu especialidad son los cortometrajes. ¿Por qué no haces un corto sobre Skin, que más adelante le dará vida a un largo largometraje?”, y Nattiv aceptó la propuesta.
“A partir de ahí intenté concentrar la historia en un cortometraje. Mi co-guionista, Sharon Maimón, me llamó por teléfono y expresó: ‘Tengo una idea que nos llevará al Oscar’”. Nattiv y Jamie decidieron que iban a por todo.
“Escribimos el guion para el cortometraje, y al cabo de dos semanas decidimos producirlo y poner en él todo el dinero que teníamos. Hablé con mi asesor de inversiones, y le dije que Jamie y yo íbamos a dedicar todos los ahorros que teníamos para financiar la película. El asesor de inversiones me dijo: ‘¡Estás loco! ¿Para una película?’ Y yo le dije: ‘Lee el guion’. A lo él me respondió: ‘No suelo hacer este tipo de cosas, pero dámelo y lo leeré’. Lo leyó, y al final se convenció. Fue una apuesta alucinante”.
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Nattiv y Jamie fueron por todo, y lo alcanzaron
(AFP)
El pasado vino al presente
Nattiv describe la escena de la película que le resultó más significativa. “Al comienzo de la película se ve una marcha de neonazis llenos de odio, con antorchas y carteles, en un puente de la ciudad de Kingston. Trajimos 300 extras para esta escena. Cuando los vi caminar con las antorchas y lanzando consignas nazis frente al grupo de manifestantes afroamericanos, pensé que estaba en una manifestación de verdad. Era tan palpable… y aterrador.
Esa escena de la película representaba una manifestación neonazi de verdad que tuvo lugar en esa misma ciudad en el año 2009. Bryon Widner (el militante neonazi) y Daryl Daryl Lamont Jenkins (el activista afroamericano) de verdad fueron al estudio en el que rodábamos, se sentaron junto al monitor y se pusieron a llorar. ¿Quién habría pensado que una persona que odiaba a los negros con todo su ser y un militante negro por los derechos humanos se convertirían en grandes amigos?”.
Los actos racistas que tuvieron lugar en Estados Unidos los últimos años, hicieron que Skin fuera más relevante que nunca. “Trump fue elegido presidente, hubo un acto de unificación de la extrema derecha estadounidense en Charlottesville en 2017. Estados Unidos explotaba de racismo. También hubo actos de odio a judíos, como la masacre en la sinagoga Ets Jaim de Pittsburgh, y también el apuñalamiento en Monsey en la pasada fiesta de Jánuca. Cuando les mostré el guion a una serie diferentes productores, señalaron: ‘En Estados Unidos no hay neonazis’. Eso no es cierto; los neonazis están. A mí me preocupa mucho el antisemitismo, en el pasado me sentía más seguro como judío en Estados Unidos".
Nattiv precisa que en Israel la situación no es muy diferente: “Tampoco nosotros somos inocentes. En Israel hay racismo hacia los inmigrantes de Etiopía, los judíos ultraortodoxos, los laicos, los israelíes provenientes de los países árabes (mizrajim, en hebreo), hacia los ashkenazíes originarios de occidente y hacia los árabes. En todas direcciones. Todo empieza con la educación. En el cortometraje Skin, un padre le afeita la cabeza a su hijo. El padre lo educa en determinada dirección, y el hijo lo imita. Nuestros hijos son como una esponja: si los educamos en el odio, serán así de mayores. Las dos películas son resultado de la realidad, y una complementa a la otra: el corto habla de la venganza de una persona que ha experimentado racismo en su propia piel, y el largometraje describe el proceso físico y psicológico de ‘limpiarse’”.
La conexión entre la realidad que se estaba dando y las imágenes de la película finalmente cuajó. “Pero al principio no nos aceptaron en el festival Sundance ni en el de Berlín. Pero de repente a todos los productores y responsables de los festivales que nos habían dicho ‘no’, estaban interesados en la película. Después la compraron, un buen día nos llegó la noticia de que nos habían aceptado para el Oscar. Fue una locura”.
Guy NattivGuy Nattiv
Guy, Jamie y su pequeña hija.
La nota de papel en el bolsillo
Nattiv y su esposa no pensaron en absoluto que ganarían la estatuilla. “No estábamos entre los favoritos. La nuestra no es una película típica de estos premios. Toca temas que son como un puñetazo en la tripa blanda del público adulto, que es generalmente el que vota por las películas. Habíamos llegado a formar parte de los cinco nominados en la categoría de cortos del Oscar, y nos dijimos a nosotros mismos: ‘No está mal; también esto es un gran honor’. Fuimos a la ceremonia tranquilos, con la idea de que no íbamos a ganar. Jamie me dijo: ‘Oye, por si acaso te voy a poner una nota de papel en el bolsillo con dos o tres frases por si ganamos, y tengas que decir algo. Para que el shock no te supere demasiado’. Cuando pronunciaron la palabra Skin en la ceremonia, fue efectivamente un shock tremendo. Cuando subimos al escenario, sentimos tal explosión de energía que es imposible describir en palabras. Uno tiene alrededor de 30 segundos únicos sobre el escenario, en los que se le puede decir al mundo lo que quiera. Pero lo que me salió fue simplemente la frase ‘buenas noches, Israel’ en hebreo. Eso, por supuesto, no estaba planeado. Y por supuesto, la protagonista fue Jamie, que se ganó todas las miradas”.
A lo largo de toda esta entrevista, Nattiv no deja de mencionar a sus abuelos fallecidos, Reuven y Rita, sobrevivientes del Holocausto, que han sido figuras muy importantes en su vida. “Mis abuelos eran ambos de Czestochowa en Polonia. Cada uno de ellos sobrevivió al Holocausto por su lado, y se conocieron después, cuando formaban parte de un grupo de jóvenes que inmigraron a Israel, al kibutz Lojamei Haguetaot. El abuelo Reuven pensó que la mejor manera de vengarse de los nazis era creando una familia, y tener hijos y nietos. Yo no crecí con héroes como Superman o Spiderman. Mis grandes héroes fueron mis abuelos. Mi abuelo me dijo que como cineasta tengo las herramientas para contar historias. Por eso me dedico a esto. Decidí contar una historia con un mensaje. Éste es uno de los motivos por los cuales hacer una película sobre racismo fue una elección por mi parte. Y mi esposa Jamie, por su parte, expresó en el discurso de agradecimiento tras ganar el Oscar: ‘Esta película está dedicada a Alma, nuestra hija de cinco meses. Para que crezcas en un mundo en el que no suceden cosas como éstas’. Después, yo le dediqué la película a mi abuelo, que lamentablemente falleció a la edad de 94 años antes del lanzamiento de la película, y no pudo verla antes de morir”.
El valor de una estatuilla
“Cuando ganas el Oscar, no debes dormirte en los laureles. El premio solamente te da un impulso enorme para seguir creando. Skin es mi tarjeta de visita en Hollywood. A partir de ahí, tengo el sello oficial para seguir creando. He escrito un guion para una película con el título de Armonía junto con Noa Berman Herzberg, una vieja amiga de cuando estudiamos cine. El guion cuenta la historia de mi abuela. Mi abuela Rita, sobreviviente del Holocausto, a los 55 años empezó a tener depresiones y el síndrome de post-trauma como consecuencia del horror que había vivido. A través de su cosmetóloga conoció a una mujer carismática que tuvo mucha influencia sobre ella. Después resultó que esa mujer era la jefa de una secta que había en Jerusalén con el nombre de Armonía. La secta se tragó a mi abuela: abandonó a mi abuelo y cortó todo contacto con la familia. Lo que hacía la jefa de la secta, que se llama Noga Lord, fue trasladar a las mujeres de Jerusalén a una granja aislada en Virginia (Estados Unidos), y allí vivió mi abuela. En la película, ella figura como la mano derecha de la jefa, y se ve cómo sus hijas intentan rescatarla. Pero mi abuela murió allí más adelante. Estoy trabajando en el guion junto con Oren Moverman, que fue mi mentor. Es un cineasta brillante, y un gran creador. Ahora estamos en la etapa de casting, con actores con los que siempre he soñado trabajar”.
“También he establecido contacto con la empresa Keshet International. Estamos produciendo una película sobre Julie Johnson, la primera acróbata de Holywood. Hizo una revolución porque entonces esa profesión estaba reservada sólo a hombres. Es el reverso de la película Érase una vez en Hollywood. Desde la década de los años ’80 ella interpretó a Wonder Woman, la mujer biónica de Los ángeles de Charly. Además, voy a dirigir una película que lleva el título de Challenger, en colaboración con Nicole Perlman, la guionista de Guardianes de la Galaxia. Challenger era una nave espacial estadounidense lanzada al espacio en la década de los años ’80 en como parte de la carrera por el espacio, que explotó y se hizo pedazos. En la nave había, entre otras personas, una profesora a la que habían entrenado para que diera la primera clase en el espacio. Cuando explotó la nave, todo Estados Unidos quedó en estado de shock. Ronald Reagan, el entonces presidente, nombró una comisión para que investigara lo sucedido. Uno de los investigadores fue Richard Feynman, un judío que ganó el Premio Nobel por sus investigaciones sobre el átomo. Fue el único que dijo que la NASA había fallado, pese a los intentos de la comisión de encubrir eso. El guion se centra en el periodo de la investigación que siguió a las revelaciones de Feynman. Fue un lío tremendo. Ahora estamos en la etapa de casting”.
Su hogar
Nattiv no olvida a su país: “Extraño mucho a Israel, y voy de visita dos veces al año, donde recibo energía de mis amigos y de mi familia. En casa, en Los Ángeles, leo todos los días noticias sobre Israel, y escucho música israelí en el coche. Tengo críticas hacia Israel, como todos, pero estoy muy orgulloso del país y de ser israelí. Espero hacer películas allí más adelante”.
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