Javo Rocha en Tel Aviv.
Javo Rocha en Tel Aviv.
Gentileza
Javo Rocha.

Javo Rocha: el director de teatro enamorado de Israel y de Tel Aviv

Hizo aliá desde Argentina, donde era un reconocido maestro teatral. Se mudó luego de la pandemia, tras una larga cuarentena, para intentar suerte con su profesión en Israel. Trabaja en un restaurante de Tel Aviv pero sueña con conquistar al público israelí.

David A. Rosenthal * |
Published: 16.07.22, 16:12
Javo Rocha es actor, profesor y director de teatro. Dirigió 10 obras, sus dos últimas en Buenos Aires (“Amigos íntimos” y “Carrera demente”). Realizó entre los años 2001 y 2012 aproximadamente 700 funciones distintas con sus alumnos en calidad de muestras en diversos teatros para los cierres de sus cursos.
La reconocida revista Veintitrés le hizo una nota en octubre del 2004 en la cual se decía que era el “profesor más joven y de mayor relevancia para su edad”. Manejó simultáneamente a 200 alumnos entre su Estudio Privado de Tres Años dictando las clases en el Teatro El Vitral, además de seguir dictando cursos en el Centro Cultural General San Martín y el Centro Cultural Ricardo Rojas de Buenos Aires.
–¿Cuál es su nombre verdadero y su origen?
–Me llamo Javier Leonardo Mondschain Dargoltz Sayevich Rosemberg, soy hijo de inmigrantes de Rusia y Europa oriental que se radicaron en Argentina por causa de la persecución judía de la época.
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Javo Rocha.
Javo Rocha.
Javo Rocha.
(Cortesía Javo Rocha)
–¿Entonces de dónde sale Javo Rocha?
–Elegí Javo como nombre artístico, pues Javier hay muchos, y luego no sabía cómo apellidarme, ya que mi apellido era difícil y la gente se confundía, así que en 1996 aproveché para contarle al maestro Enrique Alejandro Pinti, recién fallecido en marzo de este año. Pinti fue uno de los primeros actores argentinos, también humorista, director teatral, escritor y dramaturgo. Y él fue quien me dio el apellido, me dijo te vas a llamar Javo Rocha y así quedó. Recuerdo que aquel día llamé a mi mamá a las 3 de la mañana, emocionado, para darle la buena nueva y cuando le dije: ¡hola, mamá, me llamo Javo Rocha!, ella me respondió diciéndome: ¡estás loco!
–¿Cómo llegó Javo Rocha al mundo del teatro?
–Yo arranqué haciendo teatro en Santiago del Estero, que es mi ciudad. Hacía teatro en los concursos intercolegiales y siempre ganaba como mejor actor en esos concursos. Cuando terminé la secundaria, fui a Tucumán, otra provincia argentina, y ahí empecé a estudiar la carrera universitaria de teatro. También en esa época me convertí en el profesor de teatro de la Kehilá de Tucumán, de donde me convocaron. Como profesor de teatro de la Kehilá dirigí obras de temáticas judías, como una que se llama “Nace el Estado de Israel”, otra sobre Hanuka, Purim, etcétera, y entre éstas, la del “Diario de Anna Frank” en el teatro Alberdi, y por esta obra cuando tenía 19 años me fue otorgado el Premio Iris Marga al director más joven del país. En cine, hice castings, comerciales y en el año 2001 coprotagonicé una película con varios actores famosos llamada: “Contraluz” de Bebe Kamin (Bernardo Czemerinsky), que fue quien dirigió una película de culto en Argentina que se llama “Los chicos de la guerra” sobre la guerra de las islas Malvinas. Yo soy actor antes que profesor y director de Teatro, y tengo muchas ganas de volver a actuar. Hace 12 años que no actúo. Aunque hay como 100 actores famosos que pasaron por mis clases o hijos de famosos.
–¿Qué le motivó para hacer aliá?
–Comencé el proceso para hacer aliá en agosto de 2020 y llegué a Israel el 18 de marzo de 2021. Todo empezó en el 2020, cuando en marzo se declaró la cuarentena obligatoria en Argentina a razón del coronavirus; luego se cerró el teatro presencial y terminé reinventándome y adaptando mis clases al mundo virtual e impartiéndolas por zoom. En agosto yo estaba en mi departamento en Buenos Aires en medio de la cuarentena, tuve pesadillas, tuve que levantarme y fui a mi terraza y miré al cielo diciendo mamá, papá me voy a Israel, hago aliá, me voy con mis hermanos que viven en Israel. Así que, regresaré a la tierra de mis ancestros. Dejé atrás toda la vida que tuve en Argentina, como tantos judíos argentinos decidí hacerlo, pues la inflación, la inseguridad, la corrupción y, además, la extensa cuarentena que fue la más larga de todo el mundo, no dejan lugar para la calidad de vida. Así que tomé está decisión de trasladarme del todo a Israel, dejando atrás mi apartamento, mi cargo en APTRA, que es la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas y es la entidad que agrupa a trabajadores de prensa de la televisión y radio argentina, que se destaca por entregar anualmente los Premios Martín Fierro a la producción televisiva y radial.​ Entonces, yo fui el director de esta escuela de teatro desde el 2018 y me desempeñé como profesor allí para estudiantes profesionales. Además, desde el año de 1996 estaba radicado en Buenos Aires, ya que soy de una provincia que se llama Santiago del Estero. Y ya tengo 46 años, era ahora o nunca. Aun soy joven y tengo la madurez que da la experiencia vivida y un espíritu joven.
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Javo Rocha en la fuente central de la Plaza Dizengoff de Tel Aviv.
Javo Rocha en la fuente central de la Plaza Dizengoff de Tel Aviv.
Javo Rocha en la fuente central de la Plaza Dizengoff de Tel Aviv.
(Cortesía Javo Rocha)
–¿Cuál es la realidad de Argentina?
–Me cansé de la inflación, ya que todos los años tenía que subir las cuotas de mis clases, lo que hacía que estudiar teatro fuera cada vez más una cuestión elitista. Así que tenía que entregar cada vez más becas pues los alumnos no podían pagar y, además de eso, no podía perder en esa cantidad a mis alumnos. Sin embargo, yo llené por años –por dos décadas– teatros, sobre todo El Vitral, donde presentaba mis muestras teatrales. Aunque luego empezó a haber menos gente yendo a las funciones. Hasta el punto de tener la mitad del teatro llena y la otra mitad vacía. Y es que con cada año que pasaba tenía que subir el precio de las entradas pues la inflación me obligaba a esto. En el 2018 y 2019, ya no tenía que subir la cuota por año, sino que dos veces por año. También fui asaltado por dos hombres en moto (lo que llamamos “motochorros”) y poniéndome una pistola en la cabeza me robaron el celular, entonces la inseguridad también fue otra causa de que me haya decidido ir de la Argentina.
–¿Qué impresión te da Israel?
–Había venido en 2016 con mis padres cuando aún estaban vivos, vinimos un mes en febrero y conocí distintas ciudades, y ahí fue cuando me enamoré de Tel Aviv. Entonces Tel Aviv se convirtió en mi ciudad. Aunque ahora voy por todo el país dando mis clases de teatro. En cambio, en Argentina tenía a diez minutos de mi casa las clases de teatro. Antes era una vida más cómoda que la de ahora, pues acá me toma medio día ir a cada clase de teatro. Vivo en la tradicional calle Allenby en Tel Aviv, la elegí porque está cerca de la playa, del Shuk, de la Tajana Ha‘Haganá (estación central) y está en el centro de la ciudad.
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Javo Rocha recorre en bicicleta la zona costera de Tel Aviv.
Javo Rocha recorre en bicicleta la zona costera de Tel Aviv.
Javo Rocha recorre en bicicleta la zona costera de Tel Aviv.
(Cortesía Javo Rocha)
–¿Qué se siente ser Olé Jadash (nuevo migrante)?
–No es fácil. Te mienten si te dicen que hacer aliá va a ser la vida color de rosa. Es muy difícil, hay una parte que no te cuentan, que acá vienes a trabajar como una bestia, porque hay lugares donde te abren las puertas y otras donde te las cierran. Por ejemplo, voy a instituciones hispanas y no es que me entren con alfombra roja y digan llegó Javo Rocha, nada que ver. Tuve que romper puertas para que me dejaran ofrecer mis clases. Y luego tengo que romper más puertas para que la gente venga a mis clases. Además, el público hispanoparlante busca hacer teatro como hobbie, para descansar de la rutina laboral tan extenuante que existe, y eso cuando se lo permiten. Asimismo, hay mucha gente que le encanta el español aquí en Israel, israelíes que saben español, por las novelas argentinas y latinas.
–¿Cómo es tu proceso de adaptación a la cultura israelí?
–No soy un buen alumno. Me ha costado mucho el idioma. No he podido estudiar el idioma porque debo trabajar y en español es que lo hago siempre. Al igual, trabajo en un hotel al borde de la playa en el centro de la ciudad en las mañanas como “seca platos” en el restaurante del hotel. Algo que nunca había hecho, pero que acá está muy bien visto en Israel y que es un trabajo que hago hasta que logre posicionarme acá con mi profesión.
–¿Qué fue lo primero que hiciste cuando llegaste a Israel?
–Apenas llegué grabé unos pequeños videos con ayuda de mi morah de hebreo de Buenos Aires, y que subí a Instagram a los que llamé “media berenjena” hetzi hatzil (חצי חציל). Todo esto cuando apenas llegué con todo el entusiasmo y la euforia del recién llegado que empecé a estudiar la fonética del hebreo y a acercarme a esta nueva lengua para mí.
–¿Cómo fue tú proceso de aliá y cómo te recibió Israel ?
–Israel debería estar más preparado para recibir personas con talentos determinados, y hablo de la Agencia Judía en específico. Tienen que saberlo y saber darles su lugar cuando llegan. Antes de venir a Israel le pedí a mi asesor o sheliaj que hablará con el director de Marketing de la Sojnut en Argentina, para ver si me ayudaban a difundir mi trabajo, pero no les interesó. Y, luego ya cuando llegué, me comuniqué con un alto cargo de la Sojnut en Israel para que me ayudaren con las cosas que necesitaba y me respondieron que no me podían ayudar con nada. Está bien que toque comenzar desde abajo, pero ya hace meses que seco platos en el restaurante del hotel junto a la playa de Tel Aviv donde trabajo. Entonces me pregunto, ¿cuánto tiempo más debo estar secando platos, a pesar de la trayectoria que tengo en mi profesión? Siento que al artista que viene de fuera, sin importar de cuál ámbito, Israel debe darle más apoyo para integrarse en la sociedad israelí. Conozco gente que vino y se cansó y se tuvo que volver, pues no aguantan esta cosa de trabajar y trabajar.
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Javo Rocha, director de teatro argentino, en sus primeros días en Israel.
Javo Rocha, director de teatro argentino, en sus primeros días en Israel.
Javo Rocha, director de teatro argentino, en sus primeros días en Israel.
(Cortesía Javo Rocha)
–¿Cuál es tu relación con Israel y el judaísmo?
–Mi papá era presidente de la comunidad judía de Santiago del Estero, que es una comunidad muy pequeña, pero hacíamos actividades cada 15 días que venían los madrijim desde Tucumán. Mi relación con el judaísmo crece cuando voy a vivir a Tucumán, en donde el director de la comunidad judía me contrata para dirigir el taller de teatro. A través del teatro me conecté con el judaísmo e Israel en esos años. Pero luego, cuando me fui en 1996 a Buenos Aires, me desprendí de la comunidad judía y comencé un camino individual. Yo no como kosher, no guardo Shabat ni celebro las tradiciones, pero vivo en Tel Aviv y quiero hacer mi vida en Israel. Y, una vez por semana, soy de cada ciudad israelí a donde voy a dar mis clases.
–¿Quién te ha ayudado en Israel?
–La primera nota de prensa que me hicieron en hebreo en un medio israelí llegó a un actor israelí que es Doron Zafrir, que ha sido un ángel para mí. El me contactó por Facebook y me invitó a tomar un café y ahí comenzó nuestra amistad. El me presentó al director artístico del Nissan Nativ de Tel Aviv, donde me gustaría dar un curso allí traducido en hebreo con traductor a Isaac Chocron, que es un actor y director joven egresado de la misma escuela de teatro. También Doron me presentó a Shir Goldberg directora del teatro principal de Ber Sheva.
–¿Cuál es tu propuesta teatral en Israel?
–Yo vengo a traer mi manera y estilo personal, con las técnicas de Strasberg y Morris, y quiero dar mis cursos traducidos en hebreo. Sé que me voy a tardar incluso años en aprender hebreo, pero no quiero esperar tanto tiempo para que el público israelí me conozca. No me quiero quedar sólo con los hispanoparlantes.
–¿Qué te parece el teatro en Israel?
–Es estéticamente muy bello, visualmente hermoso. Hay mucha noción de la vanguardia.
"El teatro de Israel es estéticamente muy bello, visualmente hermoso. Hay mucha noción de la vanguadia"
–¿Qué te dicen tus amigos de Argentina?
–Se sorprendieron por mi decisión y hasta gente que no me quería me saludó. Creo que uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde. Yo estoy acostumbrado al recambio de gente, porque el elenco del teatro siempre va cambiando. Estoy entrenado para ese desapego, de moverme con gente distinta. Aunque aún no tengo mi grupo de amigos en Tel Aviv. Debo tener sablanut (סבלנות), que quiere decir paciencia, e ir leat leat (לאט לאט), es decir, paso a paso. Estas son las dos palabras que más uso del hebreo. Entonces, la paciencia para tener la fortaleza de atravesar los tiempos malos y saber que luego vendrán los tiempos mejores, así como tantos que han llegado y han tenido éxito. Yo vine solo sin familia, no estoy casado. Ojalá encuentre al amor de mi vida. Ojalá también pueda llegar al público israelí y que me quieran y me reconozcan como el director de teatro nuevo y exótico que habla en español. Quiero ser un referente de la lengua española.
–¿Qué mensaje tienes para el público latino e israelí?
–Aquí hay muchos olim de todo el mundo que son doctores y vienen a limpiar pisos. Gente muy preparada que tiene que esperar años para ejercer su profesión y tener éxito. Le quiero pedir a Israel que cuando venga un talento especifico, que es reconocido en su país de origen, que se le abran las puertas con más claridad y que lo ayuden a vincularse con su medio en Israel.

(*) Columnista, periodista y analista internacional.
Twitter: @rosenthaaldavid

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