Emojis en la Plaza Habima de Tel Aviv.

Ocho cosas que sorprenden de Israel

Tener ideas preconcebidas sobre Israel, refutadas una y otra vez, abren los ojos a las verdades inesperadas del país.

Tess Levy, Israel21c |
Published: 03.04.21 , 13:43
Hasta agosto de 2020 nunca había visitado Israel.
Sin embargo, cuando comenzó la pandemia y se cuestionaron mis planes de ir directamente a la universidad, tomarme un año sabático en el país se convirtió en la opción más atractiva.
Durante los últimos 19 años había oído hablar de Israel a familiares, amigos y miembros de mi sinagoga que me visitaban todos los años y había visto fotos de mi padre caminando por Masada y mi rabino en el Kotel, pero sólo tenía una vaga idea de cómo era realmente el lugar.
Desde el momento en que aterricé en el aeropuerto Ben-Gurion me encontré en un perpetuo estado de sorpresa: había aspectos del país que eran muy diferentes de cómo los había imaginado, y otras cuestiones que no esperaba en absoluto.
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Emojis en la Plaza Habima de Tel Aviv.
Emojis en la Plaza Habima de Tel Aviv.
Emojis en la Plaza Habima de Tel Aviv.
(Miriam Alster/FLASH90)
1. Hay mucha más diversidad religiosa de la que imaginaba
Al leer sobre Israel en las noticias o ver lo que se dice en los medios, siempre lo vi retratado como un estado homogéneo compuesto sólo por la comunidad ultraortodoxa. Si bien estos grupos tienen presencia en todo el país, muchos siguen otras corrientes del judaísmo o de religiones completamente diferentes.
Para mi sorpresa, descubrí que en Israel existe una intersección entre religión, espiritualidad, secularismo e individualidad. Aquí no hay una sola forma de ser religioso.
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Sombreros y mundos diferentes.
Sombreros y mundos diferentes.
Sombreros y mundos diferentes.
(Evyatar Dayan/ThisIsTelAviv)
2. Muchos judíos son más seculares que los que conozco en Estados Unidos
Yom Kipur fue la mejor lección de esto. En un día solemne en el que la mayoría de mis amigos y familiares judíos ayunan durante todo el día, yo esperaba que los israelíes hicieran lo mismo. En cambio, muchos jóvenes de Tel Aviv estaban perplejos por mi decisión de ayunar.
“¿Eres ortodoxa?”, me preguntaron en múltiples ocasiones. Cuando respondí que no, me encontré con más preguntas del tipo “y entonces, ¿por qué ayunas? ¿Siempre haces esto? ¿no tienes hambre?”
Más allá de Yom Kipur, hubo muchos otros casos en los que he visto a los israelíes identificarse con el judaísmo más como una cultura que como una religión.
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Israelíes seculares andan en patineta por la calle HaYarkon de Tel Aviv durante Yom Kipur.
Israelíes seculares andan en patineta por la calle HaYarkon de Tel Aviv durante Yom Kipur.
Israelíes seculares andan en patineta por la calle HaYarkon de Tel Aviv durante Yom Kipur.
(Yoav Aziz/Unsplash)
3. Los israelíes son algunas de las personas más hospitalarias que conocí.
Mudarme a un país al que nunca había viajado antes no fue una decisión simple. No tenía amigos ni familiares aquí y viviría a miles de kilómetros de casa. Sin embargo, cualquier temor que tuviera antes de llegar se calmó de inmediato cuando puse un pie en Israel.
Las primeras personas que conocí mientras hacía cola en el aeropuerto, para entrar al país, comenzaron a sugerirme los mejores lugares para visitar y sentí como si todos los israelíes que llegué a conocer me ofrecían un asiento en su mesa de Shabat. Aunque no hablaba el idioma y aún no estaba familiarizada con la cultura, me sentí protegida y recibida por una comunidad de personas que parecían querer ayudarme de verdad.
4. Todo el país está a un corto viaje de distancia
La proximidad de todo el país junto con la accesibilidad de su transporte público hace que ver varios destinos en Israel sea muy fácil. Tuve la suerte de ver más de una docena de ciudades en mis seis meses aquí debido a lo fácil que ha sido llegar a todas.
Ya sea un viaje en tren entre Tel Aviv y Jerusalem o un autobús para caminar en Mitzpé Ramon, las opciones para moverse por el país parecen infinitas.
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Viajar por Israel es muy sencillo.
Viajar por Israel es muy sencillo.
Viajar por Israel es muy sencillo.
(Tess Levy)
5. El panorama gastronómico refleja la diversidad de su pueblo
Yo esperaba vivir de hummus y falafel durante todo el año y si bien no me faltó ninguno de estos maravillosos alimentos, me sorprendió mucho mi exposición a otras cocinas. Ya sea sushi en Tel Aviv, comida mexicana en Jerusalem o italiana en la Galilea, pude probar comidas de todo el mundo dentro de Israel.
También aprendí y probé recetas nuevas, por ejemplo, de comida etíope y yemenita. Con personas provenientes de todo el mundo que traen consigo sus recetas auténticas, las opciones de cocina de Israel han superado todas mis expectativas.
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Knafeh, un dulce árabe, en el mercado Majané Yehuda de Jerusalem.
Knafeh, un dulce árabe, en el mercado Majané Yehuda de Jerusalem.
Knafeh, un dulce árabe, en el mercado Majané Yehuda de Jerusalem.
(Tess Levy)
6. Una buena parte de los israelíes no son en realidad de Israel
Para muchos, ser israelí no es algo con lo que nacieron, sino un estatus que eligieron. Con tasas de inmigrantes per cápita tan altas, Israel les da la bienvenida a nuevos ciudadanos de innumerables países.
Me acostumbré a escuchar a los israelíes decir algo como “bueno, yo vivo en Jerusalem, pero soy originario de…”
Esta fusión de culturas e historias de origen creó una comunidad de personas con historias diversas y emocionantes que vale la pena conocer.
7. El fitness no es solo un pasatiempo sino un estilo de vida
Si bien practiqué muchos deportes en la escuela secundaria, nada de lo que hice se compara con el compromiso de los israelíes de mantenerse activos. Ni una sola vez que caminé por la costa de Tel Aviv no estuve rodeada de lugareños que se ejercitaban en el gimnasio al aire libre equipo o practicando yoga en el césped.
No se trata sólo de las flexiones que uno podría esperar: a menudo veía a personas haciendo equilibrio, practicando parados de cabeza y compitiendo en juegos de paletas. Esta inclinación hacia el fitness me sorprendió como una experiencia universal entre los israelíes.
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Práctica de yoga en Tel Aviv.
Práctica de yoga en Tel Aviv.
Práctica de yoga en Tel Aviv.
(Tess Levy)
8. Hacer el servicio militar es una parte más del proceso de crecimiento
En Israel, el servicio militar obligatorio es un rito de iniciación. Mientras mis amigos en Estados Unidos que acaban de graduarse de la escuela secundaria se dirigen a la universidad, los recién graduados aquí se preparan para el ejército.
Al principio, ver a gente de mi edad caminando por la calle en uniforme fue una experiencia discordante. Parecían demasiado jóvenes para salir de casa y entrar en un entorno tan extraño.
Sin embargo, cuando conocí a algunos israelíes jóvenes me di cuenta de lo naturalizada que estaba la experiencia.
De ese modo llegué a comprender que unirme al ejército a los 18 años y no comenzar la universidad hasta mediados de los 20 les permite a los israelíes vincularse a través de experiencias compartidas y madurar de forma más rápida.
Hoy ya puedo ver por qué mis expectativas de Israel estaban tan lejos de la realidad: describir las ricas capas y complejidades de este país es casi imposible.
Israel es único en su gente y entorno, lo que hace que aprender del país de primera mano sea muy estimulante. Y tener mis ideas preconcebidas sobre Israel refutadas una y otra vez me abrió los ojos a las verdades inesperadas de este país.

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