Gemelos
"Si una mujer tiene entre 37 y 40 años, y desea intensamente tener hijos, que no espere a tener pareja, que aprenda a renunciar a los sueños, y la pareja vendrá".
Álbum personal
Dalit junto a los gemelos

"Le informé a mi pareja que sería madre con o sin él"

Dalit Weintraub decidió someterse a un tratamiento de fertilidad a los 37 años, cuando se dio cuenta que su esposo no quería ser padre nuevamente, y al cabo de un tiempo dio a luz gemelos. Pese a los numerosos desafíos, Weintraub expresó: “Es una misma quien decide si se fija en lo que tiene, en lugar de lo que no tiene. He hecho concesiones y he renunciado a muchas cosas, pero la maternidad y la relación que tienen los gemelos lo vale todo”.

Gali Levita Leibovich - Adaptado por Beatriz Oberlander |
Published: 31.01.20 , 15:30
“Tres semanas después de separarme de mi esposo, que no quería tener más hijos además de los que tiene de una relación anterior, me di cuenta que el padre de mis hijos estaba en un recipiente (como se explicará más adelante). El dolor y el shock que me ocasionó ese episodio cambiaron mi vida para siempre. Tomé la decisión de ser madre, y de que mi felicidad no iba a depender de nadie. Comencé un nuevo “viaje”, que sabía cómo empezaba, pero no cómo iba a terminar”, relató Dalit Weintraub, de 40 años, acerca de su decisión de convertirse en madre soltera.
Después de divorciarse de su primer esposo, Weintraub conoció a otro hombre que tenía dos hijos. “Hacía con ellos las tareas escolares, les cocinaba y disfrutaba muchísimo”, contó. “Eso me dio ganas de tratar de traer hijos al mundo, pese a que sabía que tenía problemas de fertilidad y después de que los intentos de tener hijos con mi primer esposo no llegaron a buen puerto".
“Cuando me di cuenta que a pesar de sus promesas, esa segunda pareja no estaba interesada en emprender junto conmigo la paternidad, le hice saber que lo iba a hacer con o sin él. No olvidaré ese día, cuando fui al ginecólogo y éste me dijo ‘¿qué espera?, pronto tendrá 37 años y las trompas de Falopio en peor estado. Cada año que pase será más y más difícil’. En cuanto volví a casa, anuncié que iba a empezar de inmediato los tratamientos de fertilidad”.
¿Por qué decidió no esperar más?
“Cuando le dije que quería empezar el tratamiento, él me dijo que no estaba preparado y que necesitaba más tiempo, aun cuando sabía lo importante que era para mí. Dos días después, me fui de casa. Simplemente, tomé una maleta y me fui. Me encontré sin familia, sin casa, sin los objetos que habíamos juntado a lo largo de los años, y sin la vida que teníamos. Fue la mayor crisis de mi vida. A partir de ahí mi ánimo no hizo más que mejorar, y todo fue a mejor. Hay momentos únicos en la vida para los que por más que se haga todo lo necesario, una no está realmente preparada para lo que está a punto de pasar”.
¿No tuvo miedo de empezar el tratamiento de fertilidad sola?
“Sí, pero no tenía más remedio. Cuando le dije a mi médico que no tenía pareja, me planteó varias posibilidades: esperar a tener otra pareja, teniendo en cuenta que eso llevaba mucho tiempo, sin saber cuál sería el estado de mis óvulos o si necesitaría una donación de óvulos. Otra posibilidad era congelar óvulos, lo que no vale la pena si se tiene en cuenta la relación precio-beneficio. El Estado no financia la extracción de óvulos, que cuesta más de 20.000 shékels (la moneda israelí, que equivale a 3,50 por 1 dólar) y no hay ninguna garantía de que salga bien. La posibilidad más sensata era separarme de la pareja que tenía, e intentar ser madre. Lloré toda la noche, y tres semanas después comencé el tratamiento de fertilidad.
“Compré esperma en un banco privado. Elegí el esperma más caro, al que habían sometido a pruebas genéticas. Toda mi familia se movilizó para ayudarme. Realmente me apoyaron, y querían que lo hiciera. No olvidaré la primera vez que tomé en las manos el recipiente en el que estaba el esperma del donante. No me entraba en la cabeza que allí había algo que podía convertirse en un hijo mío. Aunque tengo miedo a las agujas, me inyecté hormonas para aumentar la cantidad de óvulos que tenía. Después me sometí a una succión de óvulos, y al cabo de algunos días me introdujeron los embriones en el cuerpo. Desde ese momento comenzó el período de espera, durante el cual esperaba quedar embarazada”.
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Dalit junto a los gemelos
(Álbum personal)
Ataque de risa en el examen de ultrasonido
Weintraub contó que el primer tratamiento no salió bien. “Pienso que en esa época yo funcionaba con piloto automático, y no estaba realmente preparada”. “La segunda vez, me introdujeron los embriones congelados que habían quedado del primer tratamiento. Firmé un documento en el que decía que estaba de acuerdo en que me introdujeran tres embriones, algo que los médicos no suelen hacer por temor a que desemboquen en embarazos de trillizos, que son embarazos con riesgo. Esperé dos semanas, y el médico me dijo que estaba embarazada. En el examen de ultrasonido, informó que iba a ser madre de mellizos, me dio un ataque de risa”.
Durante el embarazo, Weintraub se mudó de la casa de un amigo a la casa de otro, siempre en Tel Aviv. Dormía en un sofá, y seguía trabajando con todas sus fuerzas aun cuando el médico le ofreció la posibilidad de dejar de hacerlo alegando que tenía que hacer reposo absoluto por el embarazo. Diez días antes de dar a luz, se mudó a una pequeña vivienda que tenían sus padres en la ciudad de Rejovot, donde viven. “Una típica habitante de Tel Aviv se va de la gran ciudad después de 18 años, y vuelve a un lugar que ya no conoce”. “Después de mudarme, mis hermanos me compraron un cochecito para mellizos, y también mis amigas y mis compañeros de trabajo se movilizaron y me equiparon con todo lo necesario”.
Weintraub confesó que el parto fue muy traumático. “Aunque la abertura era pequeña, le dije al equipo médico que daba por terminado el embarazo un día antes de la semana treinta y ocho. Estaba harta de andar con una pelota entre las piernas, y de la acidez estomacal. Después de estimular el cuello del útero para agrandar la abertura y de siete horas con anestesia epidural, me llevaron al quirófano y a mi alrededor había diez profesionales. Din -a quien le di ese nombre porque la balanza de la justicia superior se había inclinado a mi favor (en hebreo, ‘din tsédek’)- nació pesando 1,905 kilos. El día de la circuncisión le agregué el nombre Shalom. Or -a quien después le di el nombre de Kadima- nació después pesando 3,035 kilos”.
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"La relación que tienen los gemelos, lo vale todo"
(Álbum personal)
Sola con gemelos
“Desde que Din y Or tuvieron dos semanas, empecé a viajar a Tel Aviv”, relató Weintraub. “Sabía que tenía que arreglármelas con los gemelos también en la carretera, porque íbamos a viajar y pasear allí todos los días. Aprendí a sincronizar... Y ése es mi gran consejo… Coordinar entre mis hijos lo más posible, y escribir todo lo que había que hacer en una tabla Excel colgada en la heladera. Quién comió qué, a quién le dieron vitaminas… Porque de lo contrario, una se puede perder".
“En muchas parejas, cuando una está cansada el otro la reemplaza y de ese modo se reparten las tareas. En mi caso era al revés. Yo era una, y ellos eran dos. Por eso decidí que ellos funcionarían de acuerdo con lo que yo decidiera. Y así es que desde que tuvieron dos meses, dormían toda la noche seguida. Los acostumbré a una rutina que me venía bien a mí, y ellos se adaptaron”.
Da la impresión de que controla totalmente la situación. ¿Tuvo también dificultades?
“Por supuesto. Ahora mis hijos tienen tres años, y hubo muchos momentos difíciles. Volví a trabajar cuando los niños tenían seis meses. No es nada fácil dejar solos a dos bebés pequeños, después de haber en una relación permanente con durante medio año. Cambié de trabajo cuando los niños tenían un año, una edad en que una tiene mucho más responsabilidad. Ahora soy directora de mercadeo en una gran empresa. Da mucho miedo cuando una es la única que mantiene a la familia.
“La gente piensa que si una es madre de gemelos, tiene que quedarse en el trabajo que tiene. Empecé otra vez de cero, y tuve que volver a demostrar lo que valía. En lugar de preocuparme si alguno de mis hijos estaba enfermo, lo que me preocupaba era tener una niñera que sacara a pasear a mis hijos los días en que yo tenía que trabajar hasta tarde. Para mí era importante estar otros días, cuando pudiera, con ellos”.
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Hoy tienen tres años
(Álbum personal)
¿Cómo se las arregla desde el punto de vista económico?
“No tengo mucho dinero, y la niñera cuesta muchísimo. Ahorré algo de dinero cuando viví con mis padres, y eso me ayuda ahora. El primer dinero que ahorré para comprarme una casa, lo gasto en la niñera, en una guardería y en ropa para los niños. Yo elijo en qué invertir y a qué renunciar. Ya no viajo al extranjero, me compro menos cosas y también he renunciado a hacer deporte”.
¿Cuáles son los mayores retos que tiene una madre soltera de gemelos?
“Una madre soltera de gemelos tiene sentimientos de culpa, en el sentido de que ninguno de los dos recibe toda la atención que merece. Yo trato de hacer todo para los dos juntos, ya sea el baño, la comida y ponerlos a dormir. Pero siempre uno de los dos tiene que esperar su turno. Yo también sé que llegará el día en el que ellos querrán saber quién es su padre. Para afrontarlo, les encontré medio hermanos y medio hermanas en un grupo de Facebook que se dedica a ello. Gracias al grupo, estoy en contacto con muchas madres que se encuentran en la misma situación que yo. Para mí es importante ser abierta con los niños. Cuanto más información les dé, menos preguntarán y buscarán".
“Con el tiempo, las cosas se vuelven más fáciles, madres solteras con un hijo tienden a ver sobre todo las dificultades, y les da miedo tener otro hijo. Yo pienso que tener gemelos es un regalo. Es una la que decide pensar en lo que tiene, en lugar de pensar en lo que no tiene. He renunciado a muchas cosas, pero el hecho de ser madre y la relación absolutamente maravillosa que tienen ellos, valen la pena todos los esfuerzos".
Weintraub quiere transmitir un mensaje que considera muy importante: “No animo a las mujeres a tener hijos estando solas, y tampoco planteo cosas para toda la sociedad. ¿Decir que es prudente hacerlo sola? No. Pienso que cada caso es diferente y único. Pero si una mujer tiene entre 37 y 40 años, y desea intensamente tener hijos, que no espere a tener pareja. Que aprenda a renunciar a los sueños. Y la pareja vendrá".
“Estos han sido años de desafíos, años de experiencias enriquecedoras, años de aprendizaje. He tenido muchas dificultades y retos, y al mismo tiempo me he dado cuenta la fuerza que da una familia solidaria. Y también quién no apoya. La fuerza que dan las amigas y amigos de verdad, y hasta dónde están dispuestos a llegar para y por ti. He aprendido lo que es la fortaleza mental, la paciencia y la tolerancia... Que la rutina no es algo malo, y que todo en la vida sencillamente sucede como tiene que suceder”.
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