Armas LARP
Lior Moskovich
Algunas de las armas creadas por Moskovich.

Entre espadas y dragones

Lior Moskovich, de 34 años y residente en la localidad israelí de Hod Hasharon, construye armas y accesorios para juegos de rol en vivo.

Ynet - Adaptado por Beatriz Oberlander |
Published: 10.01.20 , 16:37
–Lior, ¿qué respondes cuando la gente te pregunta a qué te dedicas?
–Lo primero que digo es que soy un desempleado con talento, y luego explico que soy un trabajador independiente que fabrica armas y equipos auxiliares para juegos de rol en vivo, que es el mejor pasatiempo del mundo. Y siempre la gente reacciona preguntando qué es el juego de roles en vivo.
–Entonces, ¿qué es el juego de roles en vivo?
–Son juegos que se parecen a una película sin guión, pero con la caracterización de personajes. Los jugadores improvisan la trama mientras juegan. En la mayor parte de los juegos hay un moderador que informa verbalmente cuál es el escenario del juego y cada participante lo interpreta a su modo, de manera que en realidad el juego tiene lugar en la imaginación. A mucha gente le gusta interpretar personajes de conocidas películas de fantasía, como "El señor de los anillos" o "Harry Potter". Eso los entusiasma porque les da la oportunidad de entrar en la piel del personaje y en la vivencia de la película. Hay asimismo todo un género denominado “el mundo de las tinieblas”, basado en personajes mágicos y misteriosos de hombres-lobo, vampiros y magos, y hay una infinidad de juegos que van desde distopías post-apocalípticas hasta fantasías alternativas del estilo de “¿qué habría sucedido si a Hitler lo hubieran aceptado en la escuela de bellas artes?”
–¿Cómo funciona concretamente? ¿Es un deporte? ¿Hay campeonatos con ganadores y perdedores?
–Cada juego es esencialmente diferente de otro, y a veces el criterio para ganar es quién controla durante más tiempo el castillo, quién gana más monedas o quién consigue determinado objeto. Por otro lado, hay juegos más bien deportivos, en los que los jugadores luchan unos contra otros con armas. Quien gana la batalla, gana el juego.
La organización de los juegos es muy ordenada, y hay incluso entrenamientos para prepararse. Hace algunos años también se creó en Israel una asociación para la promoción de los juegos de rol, que apoya a los organizadores en cuestiones logísticas, de financiación y de seguros.
–Un pasatiempo de geeks.
–Tienes que oírme a mí y a mis amigos cuando hablamos de nuestros personajes para darte cuenta hasta qué punto somos geeks. A mi modo de ver, lo geek es entusiasmarse y entregarse a un pasatiempo hasta el punto de que ya no puedes definirte a ti mismo sino a través de él. Es el fuego que te quema. Pero ser geek es “chic”, es elegante hoy en día.
–Y a ti, ¿qué papel te gusta interpretar en los juegos?
–El de un muchacho simple que se encuentra en una situación que le queda grande, pero de todos modos trata de ayudar. Cuando uno es niño, inventa personajes complejos. Por ejemplo, que alguien mató a nuestros padres y a todos los habitantes de la aldea en la que vivían, y uno se embarca en busca de venganza. Pero cuando uno madura se da cuenta de que lo que uno busca en el juego no es no tener ninguna relación con la realidad, sino precisamente ser fiel a ésta. Y para ello uno tiene que crear un personaje basado en cosas como nuestra religión o nuestros principios. Pero, en realidad, yo sólo quiero ser un simple idiota.
–¿Cómo has llegado a esta profesión?
–Yo fui un niño muy creativo, a quien le encantaba desmontar relojes para entender el sistema de ruedas dentadas, o construir campamentos completos para soldados de juguete con el barro del jardín. En los años ’90, mi hermano mayor jugaba mucho a “Dungeons & Dragons” con sus amigos. Yo los miraba durante horas, hasta que a los 15 años yo también entré en el juego. Mi hermano y sus amigos fabricaban equipos para el juego, pero el nivel era bastante bajo, y en un momento dado mi hermano se dio cuenta de que yo tenía un poco más de talento que él en ese terreno.
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Algunas de las armas creadas por Moskovich.
–¿Cómo has pasado del cuarto de tu hermano y crecido hasta llegar a la pequeña fábrica que tienes aquí, en tu casa?
–Al principio fabricaba equipos para mí, y ayudaba a mi hermano. Con el tiempo me perfeccioné e inventé objetos únicos, como un tipo determinado de mango para la espada, que gustó mucho a los jugadores.
Antes la gente solía hacer mangos para espadas con madera o con esponja que se presionaba firmemente y se le ponía cinta adhesiva, y encima ponían un paño para que no se resbalara de la mano. Yo fabriqué un mango con esponja comprimida, que es lo suficientemente dura para sostener cómodamente, y al mismo tiempo lo suficientemente áspera para que no resbale, y que se gasta menos con el uso.
En uno de los congresos de amantes de la fantasía, mi hermano abrió un puesto de libros sobre juegos y equipos relacionados, y me pidió que hiciera una gran cantidad de espadas para vender. Eso funcionó muy bien y tuvo mucho éxito, y me di cuenta hasta qué punto la gente quiere equipos para los juegos. Entonces sencillamente empecé a hacer grandes cantidades de objetos, y a estar en contacto con círculos de jugadores y con dueños de puestos en los diferentes congresos.
–¿Con qué material haces las espadas?
–Puesto que lo más importante es la seguridad, la base de las espadas y todos los demás instrumentos están hechos de fibra de vidrio o de fibra de carbono, materiales flexibles a los que se puede golpear sin que se rompan. Envolví la “punta” sólo con un trozo de tela para que, si por error o accidente llegara a atravesar el revestimiento de la espada hecha de esponja y el envoltorio exterior, no le haga daño a nadie. Para hacer el envoltorio utilizo diferentes tipos de esponja, según la clase de instrumento. Es cuestión de diferentes niveles de compresión, y también es importante que la esponja sea lo bastante dura para cumplir son su misión, pero al mismo tiempo que conserve la forma.
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Un equipo se prepara para combatir con armas de Moskovich.
(Maor Shalom Suisa)
–¿Cuánto cuesta la diversión?
–Naturalmente, eso depende del tamaño del instrumento y del tiempo que lleve hacerlo. Un cuchillo o puñal pequeño de 25 centímetros cuesta NIS 20, lleva sólo unos minutos hacerlo. En el otro extremo de la escala, vendo armas como una barra o palo de metal de 160 centímetros y hecho con distintos materiales a NIS 300.
–¿Fabricas sólo armas?
–No. Hago también “accesorios”, instrumentos de adorno como por ejemplo “el objeto de búsqueda”. Se trata de un objeto legendario que se busca en el juego. En ese caso, hago algo bonito que no tiene ninguna limitación relativa a la seguridad. Hago también máscaras –por ejemplo, de hombre lobo–, diseñadas para enfatizar la transformación del jugador en el personaje.
En la mayor parte de los juegos hay un moderador que informa verbalmente cuál es el escenario del juego y cada participante lo interpreta a su modo, de manera que en realidad el juego tiene lugar en la imaginación. A veces gana el criterio para ganar es quién controla durante más tiempo el castillo, o quién consiguió determinado objeto. Por otro lado, hay juegos más bien deportivos, en los que los jugadores luchan unos contra otros con armas.
–¿También te dedicas a organizar juegos?
–Sí. En los últimos años me he dedicado a organizar eventos de un juego llamado Libra, que tiene lugar a finales de la Edad Media. En este juego hay unos 350 participantes fijos de edades muy diferentes que se reúnen una vez al año durante tres días. Y hay juegos más reducidos, que tienen lugar varias veces al año con grupos de algunas docenas de participantes.
–¿Cómo te ganas la vida con esto?
–Hay épocas mejores y peores. Siempre, antes de los grandes congresos de fantasía o antes de las fiestas, encargan más cosas. El resto del tiempo se vive de lo que se ahorra. Además, yo recibo un subsidio por discapacidad, que ayuda.
–¿Y qué pasa con tus padres? ¿No esperan que madures de una vez por todas?
–Mi padre falleció hace varios años. Pero mi madre es la típica judía polaca, y no para de preguntarme lo mismo. Y yo le respondo: “Bueno, pues mañana. ¡Basta!”
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