Escultor
Reuven Hasak
Tomer Shalom
Reuven Hasak, en su taller de Tel Aviv.

De funcionario del Shin Bet a escultor

Reuven Hasak pasó de ocupar el segundo cargo más importante en el servicio de seguridad a diseñar obras de arte que reflejan la situación del país.

Maya Margit (The Media Line) - Adaptado por Iñaki Landivar |
Published: 07.01.20 , 09:43
Con sus cabezas agujereadas, bocas abiertas y expresiones de pesadilla, los rostros esculpidos en latón son grotescos. Algunos están cubiertos de alambre de púas oxidado y tienen clavos saliendo de sus cráneos, mientras que otros presentan una mezcla de objetos metálicos que uno podría encontrar abandonados en una chatarrería.
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Reuven Hasak, en su taller de Tel Aviv.
(Tomer Shalom)
Las cabezas macabras que hay en el techo de un edificio miran hacia la calle que marca la línea divisoria entre Jerusalem Oeste y Este, y forman parte de una recientemente abierta exhibición en el Museo Sobre la Línea de Costura llamada “Hiel y Ajenjo”.
Lo que es aún más importante, el hombre detrás de las máscaras no es otro que Reuven Hasak, un escultor de 81 años que en una época se dedicó a la seguridad de Israel.
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El Museo Sobre la Línea de Costura, donde están las esculturas de Hasak.
(Maya Margit)
De hecho, Hasak sirvió en el Shin Bet durante 20 años, y alcanzó el cargo de subdirector hasta que su carrera se derrumbó en 1984, en lo que se conoce actualmente como el "Incidente del Autobús 300".
Cuatro palestinos tomaron a varios pasajeros israelíes como rehenes, al igual que a una soldado que murió por fuego amigo durante la operación de rescate. Otras ocho personas resultaron heridas.
El incidente cambió el curso de la historia israelí, dañó la reputación del Shin Bet y modificó para siempre la forma en que los israelíes perciben el complicado asunto de la censura militar.
Desde su taller en Tel Aviv, repleto de pinturas, pósteres, herramientas de trabajo y objetos recogidos en las calles de la ciudad, Reuven Hasak relata el evento y lo que ocurrió después.
“Un autobús en camino a Gaza fue secuestrado por cuatro terroristas. Soldados israelíes atacaron, y dos de los hombres murieron y los otros dos fueron capturados con vida. El jefe del Shin Bet en ese entonces, Avraham Shalom, dio la orden de que se matara a sangre fría a los dos que seguían con vida, y así se hizo”, relató.
Aunque los censores de las FDI inicialmente prohibieron que se cubriera la toma de rehenes, lo cual llevó a que la prensa reportara que los cuatro secuestradores habían sido abatidos durante la operación de rescate, los fotógrafos que estaban presentes lograron tomar fotos de los dos que seguían vivos luego de que fueran escoltados fuera del autobús.
El periódico Hadashot evadió las órdenes de censura y publicó las imágenes, lo que provocó un escándalo público masivo.
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Fuerzas de seguridad con uno de los palestinos capturados.
(Alex Levac)
Hasak y sus colegas Rafi Malka y Peleg Radai se rehusaron a formar parte del encubrimiento y presentaron su evidencia al fiscal general Yitzhak Zamir, quien lanzó una investigación penal y se vio forzado a renunciar tras negarse a enterrar la investigación. En cuanto a Shalom, dejó el cargo en 1986 y recibió un indulto presidencial.
“Dos amigos y yo, todos con altos cargos en el Shin Bet, nos rebelamos. Yo era el segundo al mando en la organización. No estábamos de acuerdo con la decisión (de matar a los dos secuestradores vivos) y hablamos con Shalom, el entonces primer ministro Shimon Peres, y nuestros esfuerzos no sirvieron. Nos despidieron y dijeron que dejáramos nuestros cargos”, explicó.
“Fue algo muy traumatizante y difícil de hacer, pero no me arrepiento por un minuto de haber hecho lo que hicimos. La autoridad conlleva responsabilidad, no se puede separar una de la otra. Un líder debe tomar decisiones como un líder y no como un político. Shimon Peres tomó la decisión como un político, no como un líder”, agregó.
De la seguridad a la escultura
Hoy, Hasak dejó atrás la seguridad del Estado para expresarse artísticamente a través de la escultura de rostros distorsionados hechos con latón.
Sus primeras esculturas las realizó a mediados de la década del 90, tras reunirse con Reuven Scharf, un artista israelí que vivía en el kibutz de Hulda. Scharf educó a Hasak y le mostró una cantidad de técnicas.
Por primera vez, sus piezas provocadoras están en exhibición en el Museo Sobre la Línea de Costura, como parte de una muestra que toma lugar allí bajo el título "Democracia Ahora".
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Las esculturas de Hasak viajarán en abril a Estados Unidos.
(Maya Margit)
Para Hasak, la apariencia cruel e inquietante de las máscaras refleja su impresión de la impasse política de Israel, especialmente ante la tercera ronda electoral que se avecina luego de que los dos partidos principales fracasaran en formar gobierno.
“Cuando esculpo, pienso en la situación de Israel y en el hecho de que no soy feliz con lo que le está pasando a mi país. También pienso en nuestros líderes, quienes no creo que merezcan ser líderes”, explicó.
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"No soy feliz con lo que le está pasando a mi país".
(Tomer Shalom)
“Pasé 20 años trabajando para los servicios de seguridad y mirando a los palestinos a través de la mira de un rifle, y llegué a la conclusión de que no podemos solucionar este problema con rifles. Debemos hablar con los palestinos, escucharlos, ponernos en sus zapatos e intentar encontrar un camino en común”, sostiene.
Tras la muestra en Jerusalem, las esculturas de Hasak recorrerán Estados Unidos en la primavera, comenzando en abril en Expo Nueva York, y luego en exhibiciones en San Diego y Miami.
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