Ultraortodoxos en Jerusalem.
Ortodoxos en Jerusalem.
Yair Levy
Shlomo espera poder quitarse la máscara algún día.

Una vida secular bajo la máscara de la ortodoxia

Creció en instituciones ortodoxas, está casado y tiene hijos. Por fuera, parece un miembro más de la comunidad jaredí en Israel. Sin embargo, solo su esposa sabe que detrás de las apariencias se oculta un hombre completamente secular. La esperanza de que algún día pueda quitarse la máscara sin pagar un alto precio lo llevó a revelar su historia.

Alexandra Lukash - Adaptado por Leandro Fleischer |
Published: 03.11.21, 07:53
"Vivo en la sociedad jaredí, y abandonar la ortodoxia tiene un precio demasiado alto para mí. Por lo tanto, me veo obligado a permanecer dentro del sector y ocultar mis opiniones y creencias"
Shlomo
Shlomo (seudónimo) está encerrado entre dos mundos. Si bien se ve y vive como un ortodoxo, no cree en Dios y lleva una vida secular a escondidas. Shlomo es una de las muchas personas que han abandonado la religión pero no pueden hacerlo abiertamente, debido al alto precio personal y familiar que la sociedad les cobrará. Esos "mártires" ya han aceptado el hecho de que hasta sus últimos días llevarán una doble vida. La “salida del armario” no es una opción.
"Vivo en la sociedad jaredí, y abandonar la ortodoxia tiene un precio demasiado alto para mí. Por lo tanto, me veo obligado a permanecer dentro del sector y ocultar mis opiniones y creencias", explica en una entrevista con Ynet sobre le motivo por el que decidió ser entrevistado con su rostro cubierto con una máscara y con su voz distorsionada.
Sin embargo, Shlomo espera poder quitarse la máscara algún día sin pagar un alto precio por ello. Este es el motivo por el que, señaló, decidió revelar su historia en la Semana Internacional de Concientización sobre Exortodoxos, la cual se celebra por primera vez este año por iniciativa de la asociación “Saliendo al Cambio”.
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Shlomo espera poder quitarse la máscara algún día.
Shlomo espera poder quitarse la máscara algún día.
Shlomo espera poder quitarse la máscara algún día.
"Llegué a la conclusión de que la revelación en el monte Sinaí probablemente no ocurrió, y desde entonces me he definido como una persona no creyente"
Shlomo
Shlomo pasó su infancia y adolescencia en el corazón de la ortodoxia, en una de las comunidades jaredíes más grandes del país. Como todos los niños del sector, estudió en instituciones ortodoxas. Hace una década, a la edad de 20 años, Shlomo decidió embarcarse en un "viaje" para fortalecer su fe, pero terminó de una manera diferente de lo que psaba o esperaba.
"Me senté durante horas en las bibliotecas y leí literatura de investigación sobre la Biblia, el Talmud y la ley rabínica", cuenta. "Al principio quería comprobar las razones de mis creencias, y no tenía idea de que llegaría adonde estaba al final del proceso. La esperanza era que terminaría mi 'viaje' más fuerte y más creyente. Sin embargo, al final llegué a una conclusión diferente a la que esperaba”, agrega.
"No le he contado a nadie lo que me sucedió"
El proceso duró varios años y, al final, dice: "Llegué a la conclusión de que la revelación en el monte Sinaí probablemente no ocurrió, y desde entonces me he definido como una persona no creyente. Como en ese entonces estaba casado y tenía hijos, temía compartir mis pensamientos con otras personas. No le he contado a nadie lo que me sucedió, mientras que al mismo tiempo sigo respetando los mandamientos de la religión".
Tampoco le comentó a su esposa acerca de su falta de fe, y pasaron dos años enteros hasta que el secreto finalmente salió a la luz. "Durante un tiempo no dije nada, porque la primera etapa fue muy difícil para mí. Cuando me armé de valor y le dije a mi mujer, temí que no quisiera vivir más conmigo, pero por suerte ella quería que continuáramos juntos con la condición de que respete la religión en casa y que nadie más supiera la verdad. Fue difícil y todavía lo es para ella también, pero decidimos permanecer juntos”, relata.
Shlomo ha llevado una doble vida durante años. Sus hijos no lo saben y sus padres tampoco. "Exteriormente soy un ortodoxo 'normal' que se ve y actúa como tal, pero todo es una simulación. No se trata de una decisión basada en valores, solo un cálculo frío de los precios. Los precios de 'salir del armario’ son demasiado grandes para mí, y este es el motivo por el que continúo viviendo de esta manera”, expresa.
"Tampoco me atrae la otra cultura"
Shlomo no está solo, y también le tomó un tiempo descubrirlo. En una sociedad en la que internet en general, y los teléfonos inteligentes en particular, no son un bien natural en todos los hogares, Shlomo tardó un año en descubrir Facebook, donde encontró, señala, "amigos en problemas”, lo que le hizo más fácil afrontar la situación. "Quizás hubo muchas personas así en el pasado que simplemente no podían conectarse a internet. Tal vez por eso este fenómeno está ganando impulso y es más conocido hoy en día", comenta.
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Ultraortodoxos en Jerusalem.
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Ortodoxos en Jerusalem.
(Yair Levy)
"Quizás hubo muchas personas así en el pasado que simplemente no podían conectarse a internet. Tal vez por eso este fenómeno está ganando impulso y es más conocido hoy en día"
Shlomo
- Una de las primeras cosas que hacen las personas que pierden la fe es también desprenderse de todos los símbolos ortodoxos. ¿No tienes intenciones de hacerlo?
- Me alegro de no tener esa ambición, porque de lo contrario me habría costado mucho más. Además, tampoco me atrae necesariamente otra cultura. La cultura ortodoxa tiene sus desventajas -que son grandes-, pero en general vivir en esta sociedad no es tan malo. El hecho de tener que ocultarme es lo que me hace mal. Cuando caminas alrededor de la gente, y sabes que si supieran lo que pasa por tu mente simplemente te boicotearían, te produce una sensación desagradable”.
La Semana de la Concientización sobre Exortodoxos, que también se celebra en Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Australia y Alemania, se inauguró el jueves pasado en el "Día de la Elección", impulsado por la asociación "Saliendo al Cambio". La organización enfatiza que no se trata de un día para las personas religiosas que se vuelven seculares, o para los ortodoxos que secretamente viven una vida secular (como es el caso de Shlomo), sino para los "jaredíes que abandonan la sociedad ortodoxa e ingresan a la sociedad israelí general".
En los últimos días, los organizadores han buscado concientizar sobre el tema a través de una serie de eventos, incluida una reunión de un grupo de personas que abandonaron la ortodoxia con ministros y diputados; una conferencia académica a la que asistieron altos funcionarios del gobierno sobre formas de promover a quienes ingresan a la sociedad israelí general; encuentros entre personas que abandonaron la ortodoxia con otros ciudadanos; proyecciones de películas sobre el tema en cinematecas y recorridos por la ciudad ortodoxa de Bnei Brak y el barrio jaredí Mea Shearim de Jerusalem guiados por exortodoxos y desde su punto de vista.
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