Theodor (Binyamin Ze'ev) Herzl
Theodor (Binyamin Ze'ev) Herzl, el padre del sionismo.
Archivos del sionismo, Organización Sionista Mundial
Celebraciones callejeras improvisadas en Jerusalem tras la declaración de independencia de Israel en 1948.

Un milagro comenzó en Basilea hace 125 años

Se realizó el Primer Congreso Sionista, impulsado por una combinación de preocupaciones por la violencia antisemita que se había apoderado de Europa. Su legado: el crecimiento de un Estado judío democrático y próspero que proporciona refugio seguro a millones de judíos de todo el mundo.

Kenneth Jacobson * |
Published: 30.08.22, 17:57
El 125º aniversario del histórico Primer Congreso Sionista de Basilea, Suiza, la primera reunión internacional del movimiento sionista, es un buen momento para reflexionar sobre la forma en que esa conferencia afectó desde entonces la vida del pueblo judío.
Para empezar, se puede decir que el compromiso del pueblo judío de regresar a su patria histórica —que se proclamó en Basilea y tuvo lugar 50 años después con el nacimiento del Estado de Israel— fue el acontecimiento positivo más importante para el pueblo judío en el siglo XX, especialmente después de los horrores de la Shoá. La profundidad de la desesperación tras el asesinato de seis millones de judíos, dos tercios de la judería europea, nunca podría remediarse, pero la independencia de Israel generó una nueva esperanza para el futuro.
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Celebraciones callejeras improvisadas en Jerusalem tras la declaración de independencia de Israel en 1948.
Celebraciones callejeras improvisadas en Jerusalem tras la declaración de independencia de Israel en 1948.
Celebraciones callejeras improvisadas en Jerusalem tras la declaración de independencia de Israel en 1948.
(Archivo)
Y, por supuesto, el crecimiento del Estado desde entonces, su absorción de millones de judíos de todo el mundo, su democracia, tecnología y cultura, y su capacidad para defenderse –a diferencia de los siglos de impotencia judía frente al antisemitismo– forman parte del milagro que comenzó en Basilea.
No es que Basilea haya logrado todo lo que hubiera sido deseable. Lo más significativo es que, debido a las realidades de la política internacional, el sueño de la autodeterminación judía no se hizo realidad a tiempo para salvar a los judíos de Europa. Uno no puede evitar pensar en cuán diferente habría sido la historia de los judíos europeos si hubiera existido un Estado judío en 1939.
En cambio, los británicos publicaron su Libro Blanco limitando a una cifra minúscula el número de judíos que podían emigrar a Palestina.
Theodor Herzl, el padre del movimiento sionista y organizador del Congreso de Basilea, creía firmemente que un hogar judío en Palestina resolvería el problema del antisemitismo. Consideraba que la anormalidad de la vida judía en la diáspora era la que jugaba a favor de los antisemitas: la anormalidad de pertenecer y no pertenecer los judíos en las diferentes sociedades y la anormalidad en las profesiones que se veían obligados a desempeñar los judíos generaban el ambiente que hacía aflorar el antisemitismo. Con su propio Estado, creía Herzl, todo eso cambiaría.
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Theodor (Binyamin Ze'ev) Herzl
Theodor (Binyamin Ze'ev) Herzl
Theodor (Binyamin Ze'ev) Herzl, el padre del sionismo.
(Archivos del sionismo, Organización Sionista Mundial)
Sin duda, la existencia de un Estado judío como refugio del odio a los judíos, con fuerzas de defensa capaces de proteger a sus ciudadanos de la violencia contra el Estado, ha aumentado drásticamente la seguridad de los judíos del mundo. Pero, conceptualmente, Herzl estaba equivocado. El antisemitismo no desapareció con la existencia del Estado judío. Por el contrario, dejó ver su tendencia a transformarse con las tendencias históricas actuales, y una de las manifestaciones más significativas de ello es el antisemitismo bajo la rúbrica del antisionismo: odiar a los judíos como colectividad bajo el disfraz de criticar al Estado de Israel.
El Congreso de Basilea fue impulsado por una combinación de preocupaciones por la violencia antisemita que se había apoderado de Europa, particularmente en el Imperio Ruso durante la última década y más, junto con el florecimiento del nacionalismo en Europa durante las décadas anteriores –que resultó en la unificación de Italia en 1866 y de Alemania en 1870.
Ahora parecía posible traducir el sueño de dos milenios del pueblo judío disperso, reflejado cada día en sus oraciones –el retorno a su hogar histórico en la tierra de Israel– en una realidad en el mundo moderno. Así comenzaron los movimientos en Basilea, que experimentaron tremendos desafíos desde el principio ya que el Imperio Otomano, que controlaba Tierra Santa, se negaba a aceptar la aspiración sionista. Tanto así que, varios años después de Basilea, algunos de los sionistas –preocupados por la continua violencia contra los judíos en Europa– comenzaron a buscar una patria alternativa que pudiera hacerse realidad antes.
Varios años después de Basilea, algunos de los sionistas –preocupados por la continua violencia contra los judíos en Europa– comenzaron a buscar una patria alternativa que pudiera hacerse realidad antes
Este enfoque, aunque comprensible, estaba condenado al fracaso porque carecía de la autenticidad del sionismo. Como vemos hoy, hay un resurgimiento de los esfuerzos para deslegitimar el Estado judío y desvincular al pueblo judío de la tierra. Conviene reconocer que sólo el retorno a la tierra de Israel, la esperanza que sostuvo al pueblo judío en los peores momentos, podía generar el apoyo de los judíos de todo el mundo durante tantos años, exactamente porque los judíos crecieron cultural y religiosamente pensando, y tal vez sólo en términos mesiánicos, en el retorno a Sion.
Así que celebremos el Congreso de Basilea 125 años después por haber transformado la vida judía, por proporcionar un refugio contra el antisemitismo que aún persiste, y por haber devuelto al pueblo judío a la familia de naciones como un socio igualitario en el escenario mundial. Sin duda, un milagro.
(*) Kenneth Jacobson es Vicedirector Nacional de la Liga Antidifamación (@ADL_es).



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