Fried Saprov, inmigrante ruso y participante del ensayo clínico.
Fried Saprov, inmigrante ruso y participante del ensayo clínico.
Tomi Harpaz
Zeev Yitzhakzon-Hayosh, neurólogo del hospital Sheba y participante del experimento.

Los rostros de la esperanza: primeros voluntarios para la vacuna israelí contra el COVID-19

El Instituto de Investigación Biológica de Israel afirmó que los ensayos clínicos comenzarán en noviembre y para cuando terminen, cientos de voluntarios habrán participado de ellos. En la primera fase participarán tres personas que en un acto de valentía arriesgan su buena salud por el bien común.

Adir Yanko - Adaptado por Adrián Olstein |
Published: 21.10.20 , 09:36
Mientras el mundo se apresura por encontrar una vacuna contra el coronavirus, en Israel algunas personas hacen su decidido aporte en el camino de la investigación científica. Esto incluye ser voluntario para probar la nueva vacuna que está desarrollando el Instituto Israelí de Investigación Biológica en Ness Ziona.
El centro de investigación expresó que comenzará la fase de ensayos clínicos de su vacuna contra el COVID-19 en noviembre y se espera que cerca de cien israelíes de entre 18 y 55 años participen de las diferentes etapas. La primera fase incluirá a tres valientes voluntarios y tendrá lugar en el Centro Médico Sheba en Tel HaShomer y en el Centro Médico Hadassah en Jerusalem.
Zeev Yitzhakzon-Hayosh, neurólogo del hospital Sheba y participante del experimento. Zeev Yitzhakzon-Hayosh, neurólogo del hospital Sheba y participante del experimento.
Zeev Yitzhakzon-Hayosh, neurólogo del hospital Sheba y participante del experimento.
(Tal Shahar)
Al igual que con cualquier otro ensayo clínico, los participantes se dividirán en dos grupos: aquellos que reciben la vacuna real y los que reciben un placebo.
"Creo que esto es lo mejor que puedo hacer para ayudar", evalúa Boaz Kolodner del Moshav Ganot Hadar, un ingeniero de 47 años y padre de tres hijos, que se registró para participar de las pruebas.
"Todos sabemos la situación en la que estamos. Nuestras esperanzas están puestas en esta vacuna. Soy un hombre de acción y creo que mi pequeño aporte en esta causa puede ayudar a muchos de nosotros", afirma Kolodner, y agrega que se le indicó que podría continuar con su rutina diaria después de participar en el experimento. “Me pareció razonable, así que decidí donar mi cuerpo a la ciencia”, bromea.
Boaz Kolodner, voluntario para la primera fase de la vacuna israelí contra el COVID-19. Boaz Kolodner, voluntario para la primera fase de la vacuna israelí contra el COVID-19.
Boaz Kolodner, voluntario para la primera fase de la vacuna israelí contra el COVID-19.
(Shmulik Davidpur)
Otro participante es Fried Saprov, de 39 años, padre de dos hijos, que emigró a Israel desde Rusia hace dos años. “Quiero participar en la prueba para intentar hacer un cambio y encontrar algo contra este virus”, sostiene. “Mi hija de 13 años me pidió que no lo haga. La entiendo, pero aún así decidí seguir adelante con mi participación en el ensayo”.
El doctor Zeev Yitzhakzon-Hayosh, de 41 años, neurólogo del Centro Médico Sheba y padre de dos hijos, también se inscribió para esta primera fase. “Crecí escuchando historias de científicos que probaban sus propias vacunas y medicamentos, así que sentí que era lo correcto”, explica.
“No creo que sea necesario restringir la libertad de las personas para vencer al virus, esta no es la manera correcta. El cambio solo vendrá desde la ciencia y el triunfo del sistema de salud. Mi esposa también es médica y está feliz de que yo participe en el ensayo, no tuvimos dudas”, cuenta Yitzhakzon-Hayosh.
El director de la Unidad de Investigación Clínica e investigador principal del ensayo en el Centro Médico Sheba, Aharon Ben-Ami, contó que el ensayo clínico se llevará a cabo de la manera más segura y eficiente: "El ensayo consiste en suministrar una dosis de la vacuna y luego un año de controles y seguimiento. Para pasar de la primera fase a la segunda, todo tiene que funcionar correctamente”.
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